miércoles, noviembre 08, 2006

Hoy miro hacia la ventana: el día de los dos sueños.

Hoy he soñado que comía con el príncipe de Asturias, en el pueblo en el que soy párroco, en medio de una gran comida popular bajo una gran carpa. El príncipe estaba en su papel de sonreír a todos y ser amable con cualquiera que se le acercara lo suficiente como para obligarle a ello. Yo estaba en mi papel de verlo todo con cierta distancia, sin entusiasmarme, pero sin dejar de ser benévolo ante la situación.

Ese ha sido el primer sueño de la jornada. El segundo ha sido mucho más delicioso, durante la oración de la tarde. Me encontraba sentado en la sede de mi templo parroquial haciendo mi hora de meditación vespertina, la custodia con el Santísimo Sacramento estaba sobre el altar. Me hallaba revestido con los ornamentos de la misa que había tenido lugar. Y así, rodeado de todo aquel oro, de todas aquellas telas suntuosas de innumerables prendas, sentía un agradable calor en medio de ese templo en el que el fresco de un lluvioso noviembre se empezaba a hacerse notar. Con mi estola sobre los hombros, mi amito alrededor de mi cuello, con mis brazos apoyados sobre los reposabrazos de aquella bella sede de madera oscura, he sentido un sopor irresistible. Las sombras de la iglesia inmersas en un silencio secular secundaban ese beatífico sucumbir. Dado que suelo hacer mi oración con los ojos cerrados, desde la lejana primera fila, nadie se hubiera dado cuenta de lo que pasaba en mi interior. Tal vez alguien hubiera notado que mi mandíbula se inclinaba, pero me seguía manteniendo sentado en un inconsciente deseo de mantener la dignidad de mi posición en el centro del presbiterio.

Pero lo cierto es que me dormí arropado por todas aquellas vestiduras que llenaban y cubrían la sede. Mi cara seguía siendo hierática, quizá entonces más impenetrable, mis rizos canosos caían sobre la casulla.

Con las columnas doradas del anciano retablo a mis espaldas, con los santos de madera condescendientes ante el párroco, me sumí en un sopor del que emergió un sueño corto, como un relato breve. Noté que apretaba los dientes, noté que lentísimamente mi espalda se inclinaba más hacia delante, y me hice consciente de nuevo. Entreabrí los ojos con lentitud y me hice consciente de un modo natural de dónde estaba, de mi lugar, de mi posición, de mis funciones, de lo que tenía que hacer, de lo que había hecho, de lo que debería hacer.

El sueño es frágil y no me esforcé en introducirlo en el tarro de cristal de la memoria. Se evaporó en instantes. Era un sueño pequeñito. Tengo la consciencia plena de haberlo recordado en los primeros minutos.

Pero se evaporó para siempre.
¿Sería un sueño de Papas, de batallas, de asuntos cotidianos, habré soñado con tratados escolásticos? ¿Ese sueño estará consignado en algún pesado libro en algún interminable pasillo de una biblioteca romana bajo bóvedas renacentistas decoradas con motivos falsamente clásicos?

9 comentarios:

  1. Anónimo3:53 a. m.

    P. Fortea, día con día espero con ansias el momento en que leeré algo nuevo en su blog. Hay que agradecerle el tiempo que le dedica. Mientras tanto, yo seguiré pendiente...

    "Noticia de última hora, el P. Fortea y su blog causan sensación a nivel mundial"...

    ¡Saludos y buenas noches!

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  2. Mis felicitaciones por sus comentarios, saludos desde Guadalajara, Mexico.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  4. ¡Deje de plagiar a Borges!

    Siga con el blog, Padre, que está bueno.



    Saludos en Jesús y María,

    Leandro

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  5. ¿Qué tal P. Fortea?

    Es difícil comentar sus sueños, no soy psiquiatra. Pero si publica artículos de pastoral, exorcismo, etc, seguro que habrá más comentarios.

    Saludos.

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  6. ¿ Que siente una madre cuando su bebé se duerme en sus brazos?

    ¿ Que no sentirá el Padre Celestial si nos dormimos en los suyos?

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  7. Anónimo10:37 p. m.

    ORACIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO


    Señor Jesús, en tu nombre y con
    el Poder de tu Sangre Preciosa
    sellamos toda persona, hechos o
    acontecimientos a través de los cuales
    el enemigo nos quiera hacer daño.
    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    sellamos toda potestad destructora en
    el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego,
    debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas
    de la naturaleza, en los abismos del infierno,
    y en el mundo en el cual nos movemos hoy.

    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    rompemos toda interferencia y acción del maligno.
    Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares
    y lugares de trabajo a la Santísima Virgen
    acompañada de San Miguel, San Gabriel,
    San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.
    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    sellamos nuestra casa, todos los que la habitan
    (nombrar a cada una de ellas),
    las personas que el Señor enviará a ella,
    así como los alimentos y los bienes que
    Él generosamente nos envía
    para nuestro sustento.

    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    sellamos tierra, puertas, ventanas,
    objetos, paredes, pisos y el aire que respiramos,
    y en fe colocamos un círculo de Su Sangre
    alrededor de toda nuestra familia.

    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    sellamos los lugares en donde vamos
    a estar este día, y las personas, empresas
    o instituciones con quienes vamos a tratar
    (nombrar a cada una de ellas).

    Con el Poder de la Sangre de Jesús
    sellamos nuestro trabajo material y espiritual,
    los negocios de toda nuestra familia,
    y los vehículos, las carreteras, los aires,
    las vías y cualquier medio de transporte
    que habremos de utilizar.

    Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos,
    las mentes y los corazones de todos los habitantes
    y dirigentes de nuestra Patria a fin de que
    Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.
    Te agradecemos Señor por Tu Sangre y
    por Tu Vida, ya que gracias a Ellas
    hemos sido salvados y somos preservados
    de todo lo malo.

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  8. Anónimo4:13 a. m.

    Cada una es estas páginas sólo me traen dolor.

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  9. Anónimo9:46 a. m.

    Ahora, también conozcos tus defectos, eres cobarde y ambicioso, ambiciosos como casi todos los hombres y sobre todo los de la Iglesia. Con un poco de suerte puede que llegues a ser Papa, mejor que el que tenemos...
    Te deseo suerte querido.

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