viernes, agosto 03, 2007

Sea dicho de paso. Cuando salia del hotel de Boston hacia mi taxi, el portero de la puerta me dijo abriendome la puerta del taxi: estoy orgulloso de servirle porque estoy sirviendo a un hombre de Dios.
En el restaurante del pueblo donde comi ayer, vi como las cuatro personas de la otra mesa juntaban las manos y oraban con la cabeza inclinada durante diez segundos antes de comenzar el almuerzo.
Las casitas de madera en medio de estos prados de Pensilvania me parecen las casas mas bonitas del mundo. Lastima de este calor que no invita nada a pasear.

4 comentarios:

  1. Anónimo11:48 p. m.

    espero se recupere pronto padre,una lastima que no pueda comer helados con tanto calor :( un saludo

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  2. Le deseo muy buenos días, que se recupere y que no se le vaya la voz que una conferencia muda es complicada.

    Creía que por allá arriba hacía frio. Voy a viajar cibernéticamente un rato.
    Gracias por el paseo.

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  3. Espero que con sus conferencias logre poner de rodillas a los científicos ateos, y que se convenzan de que el Demonio existe.

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  4. Anónimo9:36 a. m.

    Sólo quiero desearle que disfrute mucho de su viaje, que le enriquezca y que las semillas que va dejando en los soberbios germinen según el tiempo de Dios.
    Que la Santísima Vírgen María y todos sus ángeles le protejan a cada paso que dé. Que Dios le bendiga y le guarde. Un fuerte abrazo. Manuel.

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