lunes, abril 30, 2007

No se me ocurre ningún título para este post


Hoy he descubierto en el silencio de la iglesia ya vacía, que una edil de la oposición se ha dejado su paraguas y las llaves de su coche en un banco de la iglesia. A las cuatro y media, un pequeño percance con el coche. Futura visita al chapista. Hoy un breve paseo con dos cubanos. Un campo fresco, prados recién regados, un cielo con nubes muy grises. Un cena parca posteriormente enriquecida con espaciados viajes a la despensa. Ver una vez más al cardenal Wolsey (Orson Welles) agonizando, pero tomando fuerzas para dar el último mensaje al duque de Norfolk para Enrique VIII.

Ah, os pongo aquí de nuevo el link a este otro maravilloso blog. Cuanto me gusta.

Lamentablemente no se actualiza todo lo que a mí me gustaría.

domingo, abril 29, 2007

Soy uno de los pocos párrocos que tiene a un inquisidor como patrón


Fiesta del santo en mi parroquia: qué pena me dan todos los que tienen que escuchar todo el sermón y toda la misa de pie en la parte de atrás.


Después de la misa por la mañana y de la procesión de la tarde, ha habido bollos y sangría en la plaza del pueblo. En cuanto a comenzado a tocar la banda, ha resultado imposible hablar.


Al mediodía al padre predicador y a mí, el ayuntamiento nos ha pagado una comida en el mesón. (¡¡Fastídiate Izquierda Unida!!) Tras el cordero, nos hemos dado un paseo de hora y media por los campos de alrededor.
Ah, ésta es una escena de Becket. El patrón es San Pedro de Verona. Yo soy José Antonio Fortea. Y hoy es domingo.

noche pseudodramática, tarde habitual


Hoy he soñado que centenares de leones recorrían las calles y plazas de una gran ciudad, matando ferozmente a la gente. El sueño era muy real, carecía de elementos surrealistas. Las personas iban andando por una plaza y, de pronto, surgía por una bocacalle un león y se lanzaba hacia uno de los muchos viandantes que transitaban por ahí. El hombre caía al suelo, mientras la fiera lo inmovilizaba como si de una gacela o un ñu se tratara. Los que estaban alrededor se alejaban corriendo presas del pánico. Docenas de leones penetraban por todas las calles, y la horrible escena individual se repetía en distintos lugares.

Al despertar por la mañana, el sueño me parecía ya muy lejano, como una historia de hace tiempo. A la mente lo que me ha venido era las vísperas de la fiesta parroquial, que se celebran hoy. Misa solemne, refrigerio en la plaza del pueblo, miserere casi a la medianoche.

Razón por la cual no he vuelto a casa tras la misa. Me he quedado leyendo en casa de la hospitalaria sacristana. Las horas que me quedaban hasta la cena, las he ocupado en leer la Biblioteca de Noche de Manguel. Al principio su lectura me ha resultado tan agradable que no sentía el tiempo. Después la sacristana tardaba tanto en llegar, que el tiempo ha empezado a hacer sentir su presencia. Además he comenzado a sentir un poco de acidez de estómago. No sufro del estómago, pero cierta comida ha tenido la culpa: ahora sé que una ensalada con mucha rúcula, me produce acidez. Ayer ya lo sospeché, hoy tengo la confirmación. A veces la repetición de errores nos lleva a alcanzar ciertas seguridades. Así que he ido a la cocina a ver si encontraba una Coca-Cola. Sólo he hallado una botella grande light, abierta desgraciadamente, con lo cual su gas se había perdido. He seguido con la lectura de mi libro sobre bibliotecas.


Después, cansado, he hojeado dos libros de cocina que estaban en ese salón. Al cabo de un rato, he decidido que debía buscar con más ahínco alguna lata de Coca-Cola. En la repleta nevera, detrás de no sé qué, la he hallado. La acidez ha desaparecido.


Ah, veo enfrente ese Sagrado Corazón restaurado al que hay que buscarle o un lugar en la iglesia o una función. Tendremos que pensar en algo.


He visto un capítulo nuevo de los Simpson. Ha llegado la sacristana con la madre peruana de otro cura de un pueblo cercano. María Luisa me ha dicho que varias mujeres se han percatado de que en las oraciones de la novena me salto varias líneas. Están en todo. No se les pasa una. Yo que lo hacía por abreviar. Llego por fin a casa, hogar dulce hogar.

viernes, abril 27, 2007

Esta noche he predicado a los obispos



He soñado que estaba cerca del cardenal de Madrid y que le llevaba algunas cosas para que pudiera celebrar misa. Y en mitad de la celebración, cuando estaba detrás de él, trayendo una jarrita de agua, me dice que predique yo. Miro y la catedral estaba llena, entre el público muchos obispos. Me pongo a predicar. Pero lo hago gritando, tengo la sensación de que no se me escucha bien y trato de captar la atención de un público distraído por las muchas personas que se mueven en el templo. En medio de mi predicación, un poco exaltada, les explico que el valor del trabajo de un obispo depende de su tiempo de oración. En ese momento en que trato de luchar contra las distracciones que hay en la iglesia, el mismo cardenal se despista con un asunto de impermeabilización del techo. Se acerca al altar, pues encima de él se ve parte del techo; los sueños son muy libres. Y veo que se enfada, como diciéndose que cómo es posible que hicieran tan mal el trabajo. Allí acaba lo que recuerdo del sueño.


La foto de al lado la he puesto para abrir mi apetito a la hora de la merienda. Por más que busco en mi despensa no encuentro nada ni lejanamente parecido a lo de la foto.

El bien y el mal


Sí, lo sé, son una monada.

flurghxeando un poco


Otro día, otra repetición de errores y aciertos. Otras dieciséis horas de equilibrio entre lo acertado y lo desacertado. Esa sabia mezcla de costumbres y hábitos con una moderada irrupción de novedades. ¿He hecho algo realmente distinto? ¿He visto algo nuevo? ¿He comido algo distinto? Al menos, al irme ahora a la cama abro la posibilidad de soñar lo que no imagino. Mañana puedo levantarme con la asombro de haber sido sorprendido durante la noche. Mañana todo es posible. Hoy ya queda poco presente.
Sigo buscando predicador para la fiesta patronal, sigo recordando a la señora que ha exigido que saque los candelabros buenos para la fiesta del santo.

jueves, abril 26, 2007

Sigo flurxgheando, pero con paciencia


Dos horas y media de paseo lleno de emociones por la feria anual de anticuarios de España. Dos horas y media deteniéndome, valorando, preguntando, tomando en mis manos, sopesando. Columnas, estatuas, cofres, sables, armaduras, telégrafos, cascos, candelabros valorados en 8000 euros, muebles de decenas de miles de euros, obras que ni me he atrevido a preguntar y me he limitado a pasar de cerca, admirándome. Todo tipo de facsímiles, todo tipo de cruces, al final tenía que ir a paso rápido para llegar al final de esos kilómetros de pasillos. Fuera, no ha parado de diluviar en todo el día.
Después, la misa de la novena en mi pueblo. Hoy con predicador invitado; joven, del arciprestazgo. Un vasco eficaz, simpático, trabajador, alegre, ortodoxo, que me aprecia y me toma un poco por un loco excéntrico a partes iguales. No me importa. A estas alturas, ya sólo me importaría que me atacara alguien físicamente. Distribuyo sonrisas, amabilidades, apretones de manos a amigos y enemigos. Y lo hago con total sinceridad. Ya todo me importa un poco lo mismo. Hago mi trabajo, atiendo a la gente… y lo que pase después, o alrededor, realmente ya no importa.
Hoy el Señor me ha regalado este paseo no por el campo, sino por las veredas de un bosque de antigüedades. Y ahora, encima, un post.


Ah, se me olvidaba:


Flurxgheo
Flurxghis
Flurxghult
Flurxghimus
Flurxghitis
Flurxghunt

Nota: Obsérvese la curiosa irregularidad de la tercera persona del singular. ¿Influencia de un dialecto etrusco?


Ahora en hebreo, hallado en la tablilla H-q348, museo de Bagdad:


Fl-rxgh-r
Flo-rxgh-r
Flo-rxgheret
Florrxgherim
florxghot

martes, abril 24, 2007

Tempus flurxghit


No me puedo perdonar el que en un día de abril como hoy, con un sol magnífico, que los prados están cubiertos de amapolas y hierba, y que tengo un bosque primaveral a quince minutos de distancia en coche, me haya quedado en casa todo el día trabajando. Otras faltas son más comprensibles, resulta más razonable haber caído, pero en ésta no. Antes los días fueron fríos y lluviosos. Después serán tórridos y esos prados ya no existirán. Las cosas tienen su momento. El momento huye.

De mi vida recuerdo muchos momentos que han huido.
Nota: El verbo "flurxghere" es de mi cosecha y significa "fluir pacientemente en el siglo XXI". Aunque, sin duda, varios comentaristas hoy añadirán otros significados y acepciones todas ellas aceptables y justificadas. Salvo las que aporten los comentaristas franceses, las cuales han de ser consideradas acepciones heterodoxas, puesto que "flurxghere" en Francia significa otra cosa. Mas no es propósito de este blog entrar en esa polémica.

Quizá el secreto esté en la masa.


Menuda noche. Primero una llamada de Miami, después de Japón, otra de Colombia y finalmente una de Canadá.

Antes he repartido el pan bendito a los niños al acabar la novena al santo patrón.

Hoy, por la tarde, he mantenido una conversación con uno de mis mejores amigos, se llama Víctor. Me ha contado una cosa que me ha demostrado una vez más lo afortunado que es. Al colgar el teléfono, me he preguntado por qué a ciertas personas todo en la vida les sale mal, y a otras todo les sale bien. Hoy justamente me ha llamado una enferma mental a la que bastantes cosas le salen mal desde hace años. A esta mujer las cosas le salen mal y parece estar bastante empeñada en que le sigan saliendo mal. Pues a pesar de su enfermedad no está por la labor de tomar ninguna medida para remediar su situación.
Por el contrario, mi amigo si algún día tropieza y se cae, será para encontrar alguna joya en la acera. La mujer, las hijas, los negocios, la salud: todo le ha salido bien. ¿Por qué la vida que vivimos los seres humanos es tan distinta? Vivimos, a veces en la misma ciudad, bajo el mismo cielo, pero nuestras vidas son tan diferentes.

Ante vidas tan radicalmente distintas, siento la seguridad de que en el universo tiene que existir un centro que de sentido a todo. Un punto en el que todas las figuras geométricas, por complicadas que san, confluyen de un modo arquitectónico, perfecto, elegante.
A veces siento envidia a esos compañeros míos a los que todo les sale bien con respecto a sus superiores. ¿Qué se debe sentir cuando todo te sale bien? No te cambies por nadie, me susurra mi ángel de la guarda. Y la calma y la conformidad vuelven.

A veces me tengo que vigilarme. ¿Cuál es el primer sentimiento que surge espontáneamente en mi corazón al enterarme de que a algún determinado clérigo le han concedido un nuevo honor, un nuevo puesto de confianza, una nueva palmada en la espalda? La tristeza, sin duda. Debo analizar ese hecho y echar agua, al momento, sobre las primeras llamitas de la envidia. Pero ¿por qué? No entiendo como nace ese primer sentimiento en cuanto me entero de lo que debería ser una buena noticia. ¿Acaso me falta algo? ¿Acaso Dios no me provee de más de lo que necesito? Aun así el gusanito de la duda me horada: ¿qué se debe sentir cuando todo te sale bien?

domingo, abril 22, 2007

Comparación de dos funerales de dos cardenales


Hoy casualmente ha aperecido ante mis ojos la noticia de la muerte el año pasado del cardenal Suquía.


Inmediatamente se me ha ocurrido mirar datos sobre el funeral de este cardenal y el de Nueva York. ¿Por qué? Los datos dejarán claro donde quiero ir a parar. Antes de nada, hay que decir que la archidiócesis de Madrid casi cuenta con el doble de católicos que Nueva York.


Cuando se celebró el funeral del cardenal Suquía, fueron 300 sacerdotes y ninguna figura política relevante. Ni siquiera el presidente de la Comunidad se dignó ir.


Cuando se celebró el funeral por el cardenal O´Connor, solamente obispos fueron 300. El "sea of priest" fue tal que la procesión tardó 45 minutos en entrar en la catedral de San Patricio. Al funeral asistieron el secretario genreal de la ONU, Kofi Annan, el presidente de los Estados Unidos y su mujer, el vicepresidente Al Gore, el expresidente Bush y su hijo, gobernadores. exgobernadores, la lista es interminable.


Eso sin contar con que el Congreso y el Senado de los Estados Unidos unos meses antes de morir le concedieron por unanimidad (sólo un voto en contra de un libertario) la medalla de oro del Congreso que, sea dicho de paso, es la máxima condecoración que pueden conceder los Estados Unidos. En toda la historia del Congreso sólo se ha concedido unas ochenta veces.


En un caso esta lista de honores recibidos antes y después de su muerte es sólo un resumen, en el otro caso no se dignó a ir al funeral ni el actual alcalde, que por otro lado aparece en cuanto un actor famoso de cine viene a Madrid para hacerse la foto. Las conclusiones las dejo al lector.
Nota: Después de lo dicho espero fenecer en yanquilandia. Sino Zerolo, Gallardón y el resto de sus compinches son capaz de tirar mi cadáver insepulto al río o a algún lugar para que se lo coman los gatos.

sábado, abril 21, 2007

El futuro es el presente, aunque lo llamamos de otra manera


Leí esto en una valla publicitaria. Se me quedó grabado.
Sí, no me doy cuenta, salvo pocas veces, a veces sí, de que vivo una vida que está a la altura de la vida que se esperaba en esas urbes impresionantes que veía en las películas cuando era un niño y no sabía que me depararía la existencia. Es más, mi futuro es más bello que el futuro estéticamente frío y monocolor que aparecía en las películas y que entonces me fascinaba. No sólo es más bello, sino que también incluye el pasado por todas partes.
Pero aunque mi iglesia es del siglo XVII, conduzco mi coche hablando por el manos libres del móvil, infinidad de cámaras vigilan mi velocidad, Si tengo un accidente, en menos de tres minutos la policía llegará a mi coche.
Recibo correos de todas partes del mundo, hablo por teléfono habitualmente con una persona de lo que entonces era el frío corazón del telón de acero. Estados Unidos en mi infancia parecía tan lejos, este año ya he estado una semana y me esperan veinte días más de estancia. Los nuevo cuatro rascacielos de Madrid son mucho tan impresionantes que los que veía en esas ciudades del futuro hace años. En mi apartamento, tengo aparatos que, con mucho, superan lo que imaginaron hace veinte años.
Ya sólo escribo sobre papel como un acto poético. Hace años que no compro CDs porque desde mi casa puedo escoger en cada momento cualquier tipo de música.
Hoy he comprado en el supermercado, me acuerdo de las pequeñas tiendas de mi Barbastro, en este supermercado sólo la sección de pescados tiene casi 200 metros de largo.
Hoy iré a cenar a casa de un amigo, la casa a más de veinte kilómetros de distancia, pero hacer esa distancia para comer o cenar con alguien es normal. Puedo usar la misma moneda de mi bolsillo aquí y en Polonia, y en todos los países que hay en medio.
Puedo esquiar en Madrid en pleno agosto, puedo patinar sobre hielo con sólo desplazarme un cuarto de hora.
Le doy muchas gracias a Dios, lo digo con toda sinceridad, porque me ha concedido ver con mis ojos esa civilización del futuro que cuando vi Blade Runner o Spacio 1999 pensé que nunca vería. En cierto modo, tengo la sensación de haber visto en una sola vida varios mundos.
Es curioso, el mundo que conocí hasta 1975 apenas conocía la depresión, apenas había suicidios, los hijos sin excepción cuidaban de sus padres, la vida era sencilla, los pueblos vivían en paz y el hombre no era el peor lobo del hombre. Huy, vaya, ya he estropeado el post.

viernes, abril 20, 2007

Un rabino


Me encanta esta foto, esa mirada, esa limpieza en sus ojos.

Otro fotograma


Perdonad, como ya hablé en otro post anterior de esta película no mencioné su título dando por supuesto que era conocida de todos. La película era "Un hombre para la eternidad" (A man for all seasons). En Wikipedia tiene una página.



Hoy había ido por la mañana al obispado a comprar incienso y carbones para la novena de San Pedro Mártir. De paso me he acercado al despacho del vicario general. Quería consultarle cuatro puntos. Acabada la conversación, breve, no eran temas largos, me ha dicho que me tenía que cortar el pelo.
De nada me ha valido explicarle el sentido espiritual que para mí tenía (los rabinos, los eremitas, etc, etc), al final le he dicho que si me lo mandaba le obedecería. Me ha sonreído, me ha mirado a los ojos, y me ha dicho con lentitud y solemnidad: mira, te lo mando como amigo, es una orden.
La verdad es que no se me ocurre un modo más dulce y amable de dar una orden, además sé que la me la ha dado porque me quería. Así que nada más salir del obispado he ido a la peluquería de un antiguo feligrés mío. Entre bromas, pero inmisericorde, ha cortado con la máquina dos años de simbolismo religioso.
Qué raro, no me acordaba de que tuviera un rizo rubio, he comentado al ver el suelo. No, ése es de otro cliente. Ah.
Hoy comenzaba la novena a San Pedro Mártir en mi pueblo. Se le representa con una alfanje atravesándole la cabeza, modo en el que murió. He comenzado el sermón con las palabras: no miento si digo que hoy a los dos el cuchillo nos ha tocado la cabeza.
En cuanto tenga una foto la compartiré con vosotros.

jueves, abril 19, 2007


Otro fotograma de la película.

Cuando la elegancia y el arte con mayúsculas se unen para producir una película


El comienzo es rotundo. Tras una fanfarria, trinos de pájaros, imágenes mudas de estatuas.


La música suave que se insinúa mientras el cardenal Wolsey sella el lacre de la carta. Y de pronto, justo en el momento en que el sirviente entrega la carta al mensajero, la música aparece en todo su esplendor. Justo en el instante en que el mensajero mira a la cara al criado. Es como si en ese momento la historia se pusiera en marcha.


Inmediatamente después, durante los créditos, la imagen de la barca con el mensajero recorriendo el Támesis hacia su destino. Hasta el más despistado de los espectadores captaría la tensión impresionante que se desprende de la música, si bien sólo aparecen la barca, aves y naturaleza.


Éste y no otro es el grandioso comienzo de una de las mejores películas de toda la historia del cine.

Reconozco que técnicamente hay películas mejores, pero difícilmente uno puede encontrar una que conmueva más profundamente al que la ve. No importa que uno sea creyente o no, los diálogos, la música, la fotografía, los actores, la historia en definitiva, hacen que uno se pueda separar de la pantalla durante las dos horas que dura. No sobra ninguna escena, ningún diálogo, no hay relleno. Hoy he vuelto a ver sólo el final. No lo he podido evitar, he llorado.


¿Cómo es posible tanta genialidad en el director, en los actores, en los guionistas en medio de unas ambientaciones tan perfectas?


Yo sólo puedo entender esta película como un regalo de Dios a su canciller. Lo digo totalmente en serio. Considero que hubo una decisión divina que determinó enviar ángeles a que inspiraran a los que llevaron a cabo esta tarea. De otro modo, la película sería más imperfecta, más humana. Soy consciente de que lo que digo parecerá a casi todos excesivo. Pero a estas alturas del blog ya no me puedo detener ante lo excesivo.


Una curiosidad, en mi opinión es mejor el doblaje en castellano que la versión original inglesa. En algunos momentos, los dobladores le dan un tono de maravillosa ironía que no está en la versión inglesa.


“Ya no soy un gran hombre”, les dice a sus criados reunidos cuando pierde el cargo de canciller y los reúne para comunicarles que ya no podrá mantener a tanta servidumbre. “Ya no soy un gran hombre”, dice sin ninguna pena.

Los extraños caminos de Google


Buena parte de los nuevos que arriban a este blog, llegan a través de Google. El programa de Sitemeter me permite rastrear con qué palabras llegó cada uno. El asunto tiene mucha gracia. Os ofrezco aquí una lista con algunas de las palabras que pusieron para acabar formando parte de la familia que formamos este blog:


1. El padre de Franco
2. Fotos de personas cortando trigo
3. Temporada de orquídeas
4. Señor en chino
5. Cual era la actitud de William Baskerville y la de Jorge el venerable frente al conocimiento en la película En nombre de la rosa,
6. Hollhoper
7. quien fue bechamel
8. actitud no licita del club internacional del libro
9. niños prodigio padres suplicio
10. padre forteo

Alguno de los que entraron aquí, al cabo de dos años, puede acabar de monje trapense. Y todo comenzó con un rato de ocio que le hizo poner en Google “quien fue bechamel”.

miércoles, abril 18, 2007

Así era yo de pequeñito. No entiendo que pasó después. Todo está borroso.


1. Tenía miedo de no llegar a tiempo al… servicio.


2. El paseo se había alargado y tenía una necesidad.


3. Hay necesidades muy urgentes.


4. El asunto entero no estaba exento de una cierta comicidad.


5. Durante la cena, escuché las muy atinadas consideraciones de Hollhoper sobre mi último escrito.


6. Mantener una sugestiva conversación telefónica mientras ceno, arte que domino.


7. La crítica de Hollhoper no fue muy favorable, la cena tampoco.


8. Ha llovido torrencialmente durante la misa, antes de la misa, y entre la noche y la cena.


9. La mesa delante de la pantalla del ordenador está cubierta de cartas, dos papeles notariales y otros papeles de importancia secundaria y terciaria.


10. He hallado un papel de importancia cuaternaria.


11. Hoy me gustaría soñar con sirenas. Pero no imaginen nada de gusto dudoso.


12. Algunos de mis lectores tienen un gusto muy dudoso.


13. Recuerdo a todos que A. No leo los comentarios de este blog. B. Nunca firmo un comentario con mi nombre. C. “A” y “B” admiten excepciones según la regla “D”. D. La parte contratante de la segunda…

I visitatori più attenti del mio blog avranno forse notato il estilo telegraphico deste post.

lunes, abril 16, 2007

Rosie,la remachadora: un homenaje a la mujer trabajadora


Por la tarde he leído un libro sobre Norman Rockwell, regalado por el sacerdote de Ohio invitado mío en Semana Santa. Qué bonitas ilustraciones. Nunca me imaginé que un genio como Norman pudiera haber tenido tantos problemas para sacar su obra adelante. Pero él mismo se daba cuenta que su trabajo en la revista pendía del hilo de las preferencias cambiantes de los lectores y de los caprichos de cada director. Siempre vemos la obra de los “grandes” y pensamos que no tuvieron problema alguno porque eran grandes. También me ha sorprendido la autoexigencia de este pintor que siempre estuvo a la búsqueda de su obra maestra.
Lo gracioso es que el pintor más querido de toda la historia de Estados Unidos, es valorado ahora. Entonces, aturdidos por el ansia de renovación pop, se le consideraba un mero ilustrador por parte de los entendidos. Más que un artista, se le consideraba un trabajador a sueldo que hacía un trabajo sin genio. Ahora, una vez más, por centésima vez en la historia, por milésima vez, los afamados de entonces han ido quedando más y más postergados, y este humilde ilustrador ha seguido siendo reimprimido y reimprimido. Los grandes de entonces han ido quedando hundidos más en el olvido. Norman es cada vez más admirado. Su obra es ya universal. Es curioso, Rockwell cuando quiso ser grandilocuente, nos hizo sus peores cuadros. Pero cuando hizo sus obras menos serias fue más gigantesco. Su producción es tan arrebatadora que resulta extremadamente difícil decidirse por cuál es su obra maestra.
En este post comparto con vosotros la maravillosa “Rosie the riveter” (Rosie, remachadora). Sí, los entendidos se habrán dado cuenta de que esta trabajadora de tiempos de guerra es el Isaías de la Sixtina. He necesitado del libro para enterarme de que el libro que pisa es el Mein Kampf. La fuerza, independencia, carácter de una mujer de hierro difícilmente se puede reflejar mejor en una sola imagen.

el genio en el detalle



¿Quién
se acuerda
de pintores
como Man Ray o Morton Schamberg. Un día fueron aclamados, hoy olvidados. Norman no sólo es recordado, sino también querido, porque su obra refleja su espíritu.

Un día poco notable

Domingo, como siempre la iglesia llena.

Un día normal. Clases sobre como ser monaguillo. Profesor, yo mismo. Alumnado, dos niñas, un chico de catequesis y un niño rumano ortodoxo con cara de pillo. Después, por la tarde una cita anulada. He escrito parte de esa tarde. He visto unos capítulos de una serie de mi infancia (Érase una vez el Espacio), gracias emule. Ha sido para mí toda una experiencia ver algo tan accidental que jamás pensé que podría volver a ver. Como recuperar un capítulo de mi historia.
Ayer saqué a un niño de unos ocho años de la iglesia. Ya había acabado la misa, había entrado el para enredar. Me aseguró que iba a rezar, yo ya no lo veía muy claro, me aguanté, me callé y me senté en mi banco. Pero finalmente hizo tantas cosas inaceptables, que desde el último banco de la iglesia, a grandes zancadas, agotada ya toda mi paciencia, le dije: ¡aquí no se viene a hacer el tonto! Y agarrándole le saqué de la iglesia. Sé que puede parecer excesiva mi reacción, pero cualquiera que hubiera contemplado la escena y sus siete minutos anteriores, entendería que todo tiene un límite incluso en un niño.

domingo, abril 15, 2007

Hoy estoy perezoso

He encontrado un blog que es todo un prodigio de elegancia y equilibrio, su diseño roza lo perfecto. Os doy el link por si queréis echarle una hojeada

http://elasesinoeraelcriado.blogspot.com/

Me pregunto quién será ese “Anciano de la montaña”.

sábado, abril 14, 2007

Enrique VIII, rey


Enrique... Enrique... ay, estas cosas son las que dan mala fama a la isla.

Enrique VIII, gobernador


Es cerca de la medianoche, suena el teléfono. Al otro lado del teléfono una persona en plena crisis psicótica. Me acusa de haberle puesto cámaras en su casa, en su habitación, en el baño. No hay forma de razonar con ella. Se va enfadando cada vez más.
Un buen final para un día de trabajo.
Le perdono todo. Sé que su mente fabrica fantasmas.
Además, es una buena persona. No tiene la culpa de que algo funcione mal en un órgano suyo.

jueves, abril 12, 2007

Barcelona


Barcelonaaaa…!! (Caballé)
Barcelonaaaaaa…!! (Freddie)
Barcelooonaaaaaaaa…!! (a duo)
Barcelonaaaaaaaaaaaaa…!!! (Caballé, Freddie y padre Fortea)

Ayer La Caixa me invitó a participar en la mesa redonda sobre Jacint Verdaguer. De la conferencia, lo más notable es –sí, ya sé que resulta increíble- que me encontré con ¡¡Sergio!!, comentarista oficial de este blog. ¡Y resulta que existe! Ha sido la primera vez que me encuentro en persona con alguien al que conozco por el blog y sólo por el blog. Y tenía una cara bondadosa, razonable y mesurada. Es decir, se veía que hacía juego completamente con este sitio. Una de las organizadoras me preguntó si creía yo que los catalanes eran tan malos como decían en el resto de España. La miré seriamente. Señora, le aseguro que frente a los demonios, ustedes son unos aficionados.
Después de la mesa redonda, me fui con dos amigos a cenar un exquisito lenguado, porque Verdaguer no está reñido con el pescado.
A la mañana siguiente, como tenía el billete abierto, me he dado un paseo por el casco histórico de Barcelona. Os diré que desde hace años he tenido claro que si cayera una bomba atómica que no dejara ni un habitante vivo en Madrid, es decir, si tuviera que trasladarme forzosamente fuera de mi casa, mi entorno, mis amistades y mi todo, me iría a vivir a Barcelona.
La catedral siempre me ha parecido excesivamente, no oscura, sino negra. La polución la ha teñido de permanente luto. Y siempre está tan llena, que me da la sensación de añadirme a una manifestación. Pero claro, tampoco podemos decir a la gente: márchense, que entro yo. A pesar de que se trate de un problema irresoluble –qué hacer con la gente- es una catedral formidable. Mientras paseaba por una callejuela del centro, llena de tiendas de estética punk y rock, me ha llamado mi sacristana para decirme que había fallecido un habitante del pueblo y que por la tarde habría entierro.

El casco histórico es el típico lugar por el que me gustaría perderme durante un par de horas, sin prisa, seguiré esperando ese día. Día que no era hoy. Un día negro como la catedral, no ha parado de llover en toda la mañana. Al tiempo imposible, se añadía el que me dolía el dedo pequeño del pié izquierdo. Me puse un par de zapatos bastante nuevos para la mesa redonda –también los gemelos y la sotana buena- y eso se paga. Con la lluvia, y el dolor, seguía hacia delante contra viento y marea, hasta que no he podido más. De forma, que con pena, al ver que la batalla contra los elementos la tenía perdida, y que cada paso era un suplicio, he optado por coger el aerobús hacia su único destino posible. Frente a las impresionantes murallas de la ciudad, las más impresionantes que he visto nunca (aunque quede poco trozo de ellas), me he decidido por una retirada honrosa.
Pero de camino hacia la Plaza de Cataluña, he visto un escaparate ante el que no he podido pasar de largo sin entrar. Aquella tiendecita estaba atestada de ajedreces. Ante mí se desplegaban los ajedreces más serios y caros, junto a un tablero en el que estaban dispuestas al ataque las mariquitas contra las ranas. En otro estante, se veían en una caja unas piezas abstractas metálicas, grandes y pesadas. Más allá, otro tablero, mostraba las fuerzas napoleónicas frente a las inglesas. Había un ajedrez de golfistas, otro precioso de Lladró, de porcelana, en tonos desvaídos. Aquello parecía una escena surrealista de una de mis novelas. Lo miré todo y, por supuesto, no compré nada. Al salir, pasé cerca de la Taberna del Obispo, no sé qué pensará el obispo de ese local.
En el avión de ida y de vuelta he coincidido con un famoso torero, con la actriz Nuria Espert y con una habitual de Crónicas Marcianas. Yo a esas horas, sentado en mi asiento, sólo pensaba en el entierro de las seis de la tarde. Si alguien hubiera secuestrado el avión, le hubiera dicho: perdone, pero es que tengo un entierro.

martes, abril 10, 2007

Un día cualquiera


Hoy he aprendido una palabra nueva en inglés, Gobbledygook. Dada la complicación de este término, estimo en diez días el tiempo necesario para olvidarlo casi completamente. En un mes más, la tarea habrá sido completada.
También he leído el poema Jabberwocky de Lewis Carroll por la noche. Por la mañana había hablado con una chica de diecisiete años que quiere entrar de clarisa, la conozco desde que era una monaguilla menuda de mofletes colorados. Me ha contado que ha dejado a su novio mientras yo llevaba en la mano dos bolsas: una con medio kilo de mejillones y otra con dos kilos de naranjas.
Ayer, en el transcurso de una visita de dos seminaristas, descubrí que no tenía en mi petit bliblioteque mi ejemplar de “Groucho y yo”. Pero rebuscando por todas partes encontré el guión de “La Misión”, dado por perdido, que se había escurrido hacía atrás en un anaquel.
Justo antes de cocinar los mejillones vocacionales, le he propuesto a una buena amistad redactar un libro juntos. Después he sabido que mi madre me trataba de llamar. Tampoco había nada urgente que ella me quisiera decir, sólo tenía el deseo de hablarme.
Ahora mi invitado americano, después de pasarse todo el día viendo El Prado, se toma un kebab mientras yo escribo.
Reconozco que la sucesión temporal y lógica de este escrito es ligeramente antirazonablilógico, pero la suculencia de mi cenita ha provocado este pequeña sucesión de “minuscules faits”.

El trono y el altar, versión rural


El post de hoy ha sido debidamente censurado por su autor, tras escribirlo y darle dos prudentes lecturas.


Reunión de las hermanas de la hermandad de la Virgen de la Oliva para tratar acerca de los presupuestos de la ermita. Amablemente le puse una silla al alcalde al lado de la mía delante de los bancos de la iglesia, donde estaban sentadas ellas. Había sido amable con él, muy amable y obsequioso, ahora pienso que (...). Porque en cuanto ha oído que estaba dispuesto a dar parte del dinero de la subasta de los palos de las andas del santo el día de la fiesta, y no la cantidad íntegra, su (...). Para acabar de ennegrecer el ambiente, yo le (...). Al final, ha sacado de mí mi gesto más feroz al (...), le he dicho con bastante enfado.Pero él insistía en que el que la Iglesia se llevara ese dinero de las andas del santo, había sido una concesión del ayuntamiento. Le he contestado casi sacándome una moneda del bolsillo y preguntándole de quién era esa imagen. Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Si las andas del santo que se saca de la iglesia es algo religioso, allí el ayuntamiento no tiene nada que decir y ese dinero es de la iglesia.Pero él ha alegado que si en los pueblos de al lado el dinero que se saca en ese tipo de subastas es para el ayuntamiento, que si el obispado paga el sueldo de otros curas y cosas así.Al final, tras dejar las cosas claras, he optado por (...). Pero pienso que no vale la pena ser excesivamente condescendiente con nadie, ni con políticos, ni parroquianos, ni jerarquías, ni nadie, al final es mejor hacer lo que se debe hacer, sabiendo que no debemos esperar nada de nadie.

domingo, abril 08, 2007

Pascua de Resurrección

Un sándwich de salmón y queso fundido.

Una procesión antes de la misa.

Una vela cuya cera se derramó y hubo que apagar.

Veinte minutos de partido de futbol con tres monaguillos.
Comida con un matrimonio de catequistas y dos de sus cuatro hijos.

Largo paseo por el campo, trepando por una montaña.

Magnífica visión de Alcalá frente a nosotros, y de Madrid a lo lejos.

Escritura de unas líneas en el blog.

Vaga idea de cocinar un arroz de verduras.

Desconocimiento de lo que puedo hacer tras la cena.

Seguridad de que comprobaré, una vez más, cómo caigo en conocidas rutinas.

sábado, abril 07, 2007

Sábado Santo


Hoy por la mañana he tenido reunión en mi casa con los colaboradores de la parroquia: cuatro catequistas, la señora que me lleva las cuentas y la sacristana, es decir, el senado de la iglesia. Nos acompañaba Paul, el sacerdote de Ohio que pasa esta semana en mi casa.
La conversación agradable alrededor de una mesa con varios tipos de galletas, ha girado sobre todos los temas posibles alrededor de un único centro objetivo: la iglesia de Santa María Magdalena. Mientras yo traía una tetera calentita o se servían un poco de leche sobre el té al limón o les enseñaba un libro grande con cubiertas de piel, repasábamos los últimos meses parroquiales.
Después hemos ido a comer con el cura americano una ensalada sofisticada y un rissoto. Paseando por la ciudad, nos ha cogido la lluvia y hemos tenido que volver corriendo a casa.
Ahora, él lee como un bendito y yo escribo en mi diario. ¿Qué más emociones me deparará lo que queda de este día?
Lo único que espero de las horas que faltan para que mis ojos se cierren, es poder escuchar una amable música y proseguir mi feliz lectura-itinerario por el grueso libro de Schmidt.

viernes, abril 06, 2007

Viernes Santo o la búsqueda de la perfección en un mundo imperfecto


Un año más celebro el oficio de Viernes Santo. Un año más intento por todos los medios meterme al máximo en la liturgia. Un año más hay mil cosas que me distraen.

Sólo me distraigo en el momento del sermón, en que miro a la gente. El resto del tiempo estoy atento sólo a los textos y las complicadas rúbricas que sólo tienen lugar una vez al año.

Pero a pesar de todos mis propósitos, de todo mi esfuerzo, en el sermón la realidad se impone, mi vista no me engaña: un grupito de niños juega a sus anchas en las alturas del sobrecoro, refugiándose en rincones situados sobre una de las naves laterales fuera de mi vista. Un hermano de la cofradía charla durante los más enardecidos momentos de mi sermón. La sacristana se olvida de apagar la calefacción y la temperatura ya no es agradable. Noto que para una parte no desdeñable de los que escuchan mi sermón, mis palabras hace un rato que elevaron el vuelo por encima de sus cabezas.

Muchas veces he pretendido lograr un sermón ideal para un lugar ideal. Después he observado que un sermón mediano, sin nada especial, podía adaptarse más a las expectativas de aquellos que eran sus receptores. Finalmente, después de tantos esforzados experimentos, es necesario admitir que en una buena parte de los oyentes sentados en esos bancos, se produce una cierta desconexión. Admitir como un hecho inevitable esa realidad me llevará, mañana, a predicar de otro modo. Como ese arroyuelo de aguas plácidas que fluye sabiéndose el oyente por antonomasia del tintineo y sonreír de sus propias aguas. Quizá el arroyo es tan perfecto en la música de su fluir, porque ha llegado a la sencilla sabiduría de saber que la hierba, desde hace siglos, va a su bola.

jueves, abril 05, 2007

Jueves Santo

Dado que tengo un inquilino en mi piso, he tenido que llevar las cosas (trastos) de su habitación al recibidor. Y mañana del salón al trastero de abajo. Hoy he hecho limpieza del trastero. ¡Pero cuántas cosas estaban olvidadas allí! Desde las puertas de un armario que fueron cambiadas, hasta un colchón que fue jubilado, pasando por cuadros de la casa de Barbastro, grandes ollas que son inútiles para alguien solo como yo. He encontrado un antiguo estuche de arquitecto, aterciopelado por dentro, con compases relucientes, tiralíneas y otros muchos aparatos de función desconocida para mí. Allí me he reencontrado con mi saco de dormir de cuando tenía diez años, con los inútiles prismáticos que mi tía me regaló un cumpleaños, con un montón de plastilina de varios kilos de peso. También había tierra abonada de cuando quise cultivar fresas en los balcones de mi piso. El experimento agrícola obtuvo contundentes resultados. Contundentemente negativos. Ahora había que hacer sitio. Lo que en otro tiempo atesoramos con cuidado y cariño, a la espera de encontrarles un lugar, ahora era tirado al contenedor de basura sin vacilación, con prisa, sin pena.
Ah, si quereís sermones iros a www.sermonario.com

Digamos que ésta podría ser mi iglesia. Digamos que ésta no es mi iglesia. Digamos que ésta podría no ser mi iglesia.


Hoy he soñado que salía de la ducha, me vestía, me sentaba en una butaquita y le pedía a cierto colega mío que me pusiera los calcetines. Él, que es una persona con mucho carácter, no sólo se prestaba a ello, sino que además lo hacía con mucho gusto, sin oponer la menor resistencia. Se arrodillaba y sin hacer ni bromas, ni quejas, procedía con la mayor seriedad, como si fuera la cosa más natural del mundo.
Justamente hoy me he encontrado con él. Por supuesto que le he saludado con un “hoy he soñado contigo”. Y poco después, “pues que me ponías los calcetines”. Lo único que me ha pedido, tras varias exclamaciones, es que no contara el sueño absolutamente a nadie.
Interpretaciones: para mí una es muy clara, pero me la guardo en mi augusto pecho.
Por casualidad, otro colega había soñado ayer conmigo. Quizá esto es una plaga. Soñaba que yo estaba en el confesonario y que me venía a hacer una consulta. Yo creía que se venía a confesar y le animaba, mientras él insistía que sólo venía a hacer una consulta.
Quizá ahora nos de por soñar todos con todos, por inmiscuirnos en el descanso nocturno de los otros, por intervenir en el pacífico desarrollo de algo tan íntimo como nuestros sueños.

miércoles, abril 04, 2007

Mi abogado habla con el juez iraní, tratándole de explicar que bañándome no me di cuenta de que entraba en aguas iraníes


Probablemente mañana volveré a hablar del testamento, que es el tema más poético que se me ha ocurrido en muchos meses. Pero hoy es otro el tema.


Tengo de huésped durante una semana a un cura norteamericano de mi edad. Menudo trabajo ha supuesto vaciar su dormitorio de todos los cachivaches y libros que había ido acumulando en esa habitación bajo la excusa de más adelante haré limpieza. ¿Pero cómo es posible que se hubiese acumulado tanto objeto, tanto papel, tantos objetos tan variados en tan poco espacio. Si mis padres se fueron en Navidad. Digno de un rey, he exclamado cuando todo ha quedado ordenado, barrido y perfecto.
Estaba tan cansado que me ha dado pereza ir a un restaurante, he preferido pedir dos pizzas. Y se ve que le han gustado, sí, vaya que si le han gustado.
Después hemos estado hablando de teología, del modo de hacer teología. Con lo cansado que estaba y me he exaltado y todo. A medianoche, ha dicho que se retiraba. Se va a levantar a las 7.00. ¿Me despertará su ducha? ¿Me volveré a dormir? ¿Cómo será la convivencia durante tantas horas, tantos días, en tan poco espacio? Una cosa es cierta, que él no lee este blog.

martes, abril 03, 2007

Ese descanso hacia el cual tendemos invisiblemente

No oculto que la estética del papel que contiene mis últimas voluntades se inspiró, ante todo, en el testamento soberbio de Van Garret que aparece al comienzo de Sleepy Hollow. He desenterrado muchos documentos del mismo tenor de ese siglo, y el de Van Garret es sin duda mi predilecto.
Contemplo a ratos perdidos el mío. La enrevesadísima rúbrica tras las primeras palabras del encabezamiento me complace. Enrevesada, formando una equilibrada arquitectura caligráfica, aparece debajo de las palabras “Last Will and Testament”, sí en inglés, por qué no. La idea original era que la redacción de este documento fuera en español, inglés, latín y francés. Después de meditarlo, decidía no dar más trabajo a mi albacea. Dar trabajo después de mi muerto, va con mi estilo. Pero debo empezara a cambiar, al menos tras mi deceso.
Releo algunas partes al azar: declaro… con total libertad sin que… le pido que se encargue… que venda los… existe en mi casa… asimismo cuidará de que no se… a aquella fundación… especial cuidado hay que tener de que pase… es mi más firme deseo que todo lo que hay… albunes familiares, escudo de piedra… aun así por caridad… mi cadáver… asimismo declaro que no…
Hoy he hablado por teléfono con el albacea de mi testamento. Veinte minutos de recomendaciones, disposiciones y asuntos legales. ¿Tengo plena confianza en mi albacea? Sí, completa. En sus manos, mi legado estará tan seguro como en las mías. Quizá más, la voluntad de un difunto tiene algo de sagrado. Desde luego mis últimas voluntades están despojadas de todo elemento humano, siendo enteramente sacras, como se espera de un ministro de Dios.
Probablemente en las próximas semanas añadiré una acotación bajo las firmas, para agradecer a mis pocos amigos el haber sido amigos. La lista será tan exigua que me ahorrareis la vergüenza de confesar su número. Mi patrimonio en este campo me convierte en pobre. Cuando pienso en las muchas razones para reducir su número al mínimo, me doy cuenta de los pocos de los que me apetece acordarme en un momento final. Justo ahora suena la Ola de niebla de la mañana, del japonés Watanabe. Ni entre mil músicas hubiera podido escoger una más adecuada al tono de lo que estoy escribiendo.
Ellos, los pocos en cuya amistad me honro, no son admiradores míos, ni devotos de mi persona, ni amistades que pudieron ser pero que no fueron, son aquellos que el azar puso en mi camino y se creó un lazo auténtico, invisible y duradero. Su número me sigue avergonzando. Tampoco elegí ser amigo de ellos, simplemente ésta surgió como un manantial de consuelo en un terreno imprevisto. Como si de una guerra se tratara, todos los amigos de mi infancia han caído. Como si de una ironía se tratara, no se haya el nombre de ningún clérigo entre ellos. La sangre tampoco –a pesar del trato y la proximidad- excavó ese manantial. Cada amigo auténtico siempre lo he considerado un don escogido por una mano divina.
A ellos les debo esas exiguas líneas finales en ese pliego, esas líneas de mención, que serán breves, la conclusión de las disposiciones. Varios nombres han sido excluidos por un solo detalle que me hace abrir los ojos a la verdadera naturaleza de la relación que unió a esa persona. Otros nombres han permanecido a pesar de muchos detalles, pero a los amigos se les perdona todo. El amigo da muchos detalles que prueban su amistad. Otros a veces tuvieron un solo detalle que prueba que no hubo amistad. No les culpo. La amistad no se exige. Al final, en esas líneas finales están sólo los que tienen que estar, el número de nombres aparece claro. No tendré que excusarme ante la posibilidad de dejarme algún nombre. Será una omisión sin excusas, sin recurso, sin remordimiento por parte de ellos, sin remordimiento por parte mía.

Si dijera en esas líneas finales que entre el nombre de un amigo hay dos nombres de dos féminas, ¿creería cada una de ellas que no hubo algo más con la otra en algún momento de mi vida? Cuanto me gusta jugar. Pero, bueno, puedo alegar que no hubo nada, aun sabiendo que no serviría de nada. En un testamento no se disimula la realidad. Aunque, por otro lado, esto no es un testamento. Si encima, en esas líneas, añadiera de una de ellas que fue muy bella, acabaría de liarlo todo. La guerra, la duda y la suspicacia estarían servidas en un mismo plato. El padre Brown levantaría su taza de té y antes de beber un sorbo, me comentaría que el asunto era, sin duda, unforgivable.

lunes, abril 02, 2007

...requiescat, por fin sus risas...


Hoy he vuelto a bucear virtualmente en cartularios en busca de esas rúbricas del siglo XVII y XVIII que adornaban las escrituras y documentos de esa época. (La de al lado es un bello ejemplo de esos escritos hallados) La pluma de los escribas sólo lograba hacer esos lazos, esas ondulaciones, tras muchos años de trabajo y aprendizaje. He repetido esas trazas en un escrito que uno no hace todos los días: su propio testamento.
Ya me acerco a la mitad de mi vida. A lo tonto a lo tonto, voy a sobrepasar el meridiano de mi existencia. Varios de mis compañeros del primer curso de teología, ya han fallecido. Va siendo hora de ir disponiendo el destino de esos queridos objetos y pertenencias que me han acompañado hasta ahora en este viaje. Se me hace raro dar indicaciones para aquél que se quedará con mis escritos y dibujos, o decir quién se quedará mis cruces y reliquias. Me resulta trabajoso imaginar que entre estas paredes una familia o unos jóvenes o alguna pareja de ancianos vivirán su vida y cambiarán absolutamente todo. ¿Sabrán algo del que vivió su vida allí? He acabado de una sola sentada de escribir todas las voluntades que serán las últimas, todas ellas razonables, ni un capricho. Ahora el papel, con similar caligrafía y estilo al de los testamentos del siglo XIX, lo he colocado durante unos días en el tablero mi escritorio del salón. Ese papel es un recuerdo, también un trofeo en cierto modo, un consuelo, una medicina para tantos males. No oculto que mi última voluntad no me he acordado para nada de aquellos que de mí no se han acordado mientras vivo. Es más, expresamente pido que no se tenga en cuenta ninguna petición, sea cual sea, salvo las voluntades consignadas en los márgenes de ese pliego, pues está plegado como los documentos notariales antiguos. Dejaría en ese escrito, eso sí, constancia de mis últimos agradecimientos, de la emoción de un último recuerdo a aquellos de los que sí que me acuerdo con frecuencia. Pero he preferido, por el momento, dejarlo en la desnudez de las cuestiones legales y patrimoniales. La vida es larga, no deseo hacer correcciones, los años atenúan las amistades. No quiero que a este papel se añada el peso ligero de algún desengaño traído con el tiempo. En cuanto al patrimonio, las disposiciones valen para ahora como para dentro de muchos decenios. El patrimonio de las amistades puede sufrir notables cambios en su catastro. Tiene gracia, la última palabra escrita en la última línea es “reliquias”. Tiene gracia por varios motivos: la alusión a la muerte por quien ya estará muerto, la alusión a la santidad.