sábado, junio 30, 2007

Repartidor de pizzas


Nunca pensé que iba a hacer de repartidor de pizzas para un convento, pero hoy así han sido las cosas. Al volver de la parroquia, por la noche, había dejado a las cuatro encantadoras monjas brasileñas en casa de una brasileña que vive –casualidad- en la misma calle del convento donde se alojan. Y hete aquí que en esa casa no cenaron. Cuando llegaron a sus habitaciones y se vieron sin comida, pensaron qué vamos a hacer. Y allí es donde entro yo: por favor, dos pizzas familiares.
En la vida he hecho muchas tareas, pero ésta ha sido muy divertida. ¿Qué otras labores inexperadas me deparará el día de mañana?
Si me hubiera encontrado a esas horas por la calle con el obispo, y me hubiera preguntado: ¿adónde vas con esas pizzas? Seguro que no me hubiera creído. Pues voy a un convento. Ja, ja, qué gracioso eres, tú siempre con tus bromas.
Conclusión: a veces la respuesta más increíble es la verdadera.

viernes, junio 29, 2007

Y las monjas todavía no han llegado.


Hoy durante la cena he seguido viendo otro ratito de esa gran obra que es La Amistad, para mí la mejor película de Spielberg. También he conseguido de una biblioteca el diario de Ciano. Este señor fue el Ministro de Asuntos Exteriores con Mussolini. Como había leído la autobiografía de Paul Schmidt, quería ahora conocer los mismos acontecimientos vistos desde otro lado. El mismo Schmidt conocía y cita este diario.
En otro orden de cosas, son ya las 0.35 de la noche y las cuatro monjas brasileñas no han llegado todavía del aeropuerto. Lo malo es que cuando suene el timbre del portal, las tengo que llevar a otro convento. Pero allí dependemos de que un señor nos abra una puerta. Ay, confío en que todo salga bien, y ese señor (lleguen a la hora que lleguen) nos abra. Si no, no sé que voy a hacer con cuatro monjas a esas horas de la madrugada. En mi casa no hay más que dos camas en la habitación de mis padres, ni un solo sofá. Ni un solo sofá pero cuatro monjas y una calle desierta y oscura. Ojalá que la puerta dichosa se abra.

jueves, junio 28, 2007

Hoy dos posts


El post de ayer fue breve y soso. Eso no lo pudo arreglar ni mi referencia al estanque.
Pero es que tenía sueño, a Zapatero ya lo conocíamos y eso, que lo único que me venía a la mente era que la cama tenía ya sus brazos abiertos para acogerme.
¿Quién iba adivinar que lo más interesante del día iba a venir a las 4 de la mañana?
Cómo llegué tarde a casa después de un largo paseo con una persona muy interesante y agradable, decidí cenar sólo unas cerezas. Pero una cereza llamó a otra, y al final tomé el equivalente a cuatro puñados de cerezas.
A eso de las cuatro fue cuando sentí una especie de terremoto localizado en el barrio de mis intestinos. Pensé, bueno, un simple movimiento sísmico sin importancia. Cinco minutos después, me doblé de dolor. Era un dolor poco intenso, pero hacía que me doblara: algo estaba circulando a gran velocidad por las autopistas de mi cuerpo. Todo este "suceso nocturno" duró casi quince minutos.
El final lo dejo a la imaginación de los lectores.

La tranquila vida de un estanque masónico


Ayer por primera vez cambié de opinión en algo que llevo diciendo tres años. Siempre que me decían si Zapatero era masón, respondía yo: no hay pruebas.
Pero ayer Ricardo de la Cierva ofreció públicamente suficientes argumentos para considerar razonablemente que nuestro presidente es masón. Los testimonios que adujo de otros masones de ámbito nacional e internacional, son suficiente apoyo para afirmarlo.
La vida en el estanque no se ha alterado especialmente con esta nueva.

miércoles, junio 27, 2007

Gracias, Santidad



Según leo hoy en El Mundo, Benedicto XVI ha firmado un motu proprio por el cual se suprime la elección del Papa por mayoría simple. A partir de ahora, se regresa al sistema de mayoría por dos tercios de los votos de los cardenales electores.

Esta decisión tomada en algún despacho renacentista del Vaticano tiene repercusiones para mí. Y es que en una novela mía titulada Ecclesia Futura y situada en el 2050, una parte sustancial de la trama se basa en esa normativa (ahora derogada) de la mayoría simple tras un número determinado de votaciones.

Ahora la sencilla firma de un documento en ese despacho de Roma, me obligará a cambiar esa novela tan querida para mí. Gracias Santidad.

Aunque sea dicho de paso, siempre manifesté que la normativa de la bula de Pablo VI que exigía los dos tercios de los votos era mejor. De hecho parte de la trama de la novela se basa en las malas consecuencias que tiene esa ley ahora derogada. Aun así yo le pedí, le supliqué, al Papa que por el bien de mi novela no cambiara esa ley. Pero él se excusaba que si el bien de la Iglesia, que si tal, que si cual…

Ahora se abren ante mí varias posibilidades:

1. Hacer una protesta formal ante el Vaticano y pedir algún tipo de compensación pecuniaria, en especie o en cargos.

2. Inventarme en la novela otro Papa que cambia la ley de Benedicto XVI (que a su vez cambió la ley de Juan Pablo II (que a su vez cambió la ley de Pablo VI)).

3. Iniciar una campaña de presión para conseguir que cada vez que cambien la legislación sobre un tema tan delicado, consulten previamente a los novelistas que han escrito dando por supuesto que los años pasan pero que la Ley es la Ley.
Incluso que se nos concediera un cierto derecho de veto, sería todo un giño de la jerarquía para con el mundo de la cultura. Además entraríamos así en un muy fascinante escenario en el que la literatura no sólo reflejaría la realidad, sino intervendría en la gestación de la realidad. La ficción como parte actora de la realidad, y la realidad como consecuencia de la ficción. Habría que crear, claro está, una comisión de cardenales y canonistas que determinara los interesantes y a veces sorprendentes límites de la ficción y la realidad.

martes, junio 26, 2007

La asignatura obligatoria de religión-estatal para la ciudadanía

Va a haber que estudiar esa asignatura ni que quieras ni que no. ¿Por qué? Porque no hay alternativa.

Primera lección de ciudadanía y tolerancia: Esta asignatura se impone.


Segunda lección: Amenaza al que oponga objección de conciencia.


Tercera lección a la ciudadanía: La cabeza del ciudadano Luís XVII fue cortada en un acto de tolerancia y amplitud de miras.


Cuarta lección: Cuba es un paraíso socialista, por eso todo el mundo quiere irse allí de vacaciones.


Quinta lección: Los ciudadanos no tienen que preocuparse de la libertad, de eso ya se ocupa el Partido.


Sexta lección: El Gobierno no tiene nada que negociar con la Conferencia Episcopal, si fueran terroristas aun.

Yo, la vicepresidenta: Ya les advertimos que daríamos lecciones de talante.
Yo, el presidente: La Historia se divide en dos partes, antes de Franco y después de Franco.
Yo... Claudio.

domingo, junio 24, 2007

Educación para la Ciudadanía o dicho de otro modo "les daremos a los obispos donde más les duela".


Parece que la ranita Gustavo ha suscitado más interés que cualquier cosa que pudiera decir yo. Así que voy a proceder.


No sólo el cardenal de Toledo se ha manifestado contra la Ley de Educación para la Ciudadanía, sino también la ranita.


En privado, junto al estanque, me dijo que si cuando era una ranita pequeña le hubiera atrapado la vicepresidenta del gobierno, quizás ahora en vez de ser la rana Gustavo ahora sería el rano Gustava.


Mira, me ha dicho, soy el padre de dos mil renacuajos, no se puede jugar con la vida de dos mil renacuajos.


Evidentemente, le he contestado dejando mi taza de té.


Ya verás cuando mañana se enteren de que el cardenal de Toledo y la rana Gustavo se oponen a esa ley, ha continuado con un cierto atisbo de felicidad en su larga boca verde.


No, te equivocas, he repuesto, esa mujer es capaz de ir contra todos. Su capacidad de hacer el mal no tiene límites, el mal lo hace muy bien. Yo supe cómo era en cuanto vi su cara.
Se dice que come ranas crudas.


Se dice que el calentamiento global en realidad es un fenómeno que sucede dentro de su cabeza.


Se dice que Zapatero contrae ciertos músculos cada vez que la ve entrar en su despacho.


Se dice que fue concebida en medio de una noche loca de Walpurgis en medio de un bosque de Transilvania.


Las ranas comentan temerosas a la luz de la Luna cosas a media voz, volviendo silenciosas su mirada hacia los costados, con miedo de que aparezca en cualquier momento.


Nota: A pesar de todo lo dicho, a cualquiera que me pregunte si conviene votarle en las próximas elecciones, yo no le diría ni que sí, ni que no. No creo que este post sea indicativo de mis tendencias personales sobre tan delicada cuestión.
¿Tiene algo contra la vicepresidenta? Todo.

Fortea librorum destructor


He hecho limpieza en algo que en el fondo es bastante inmaterial: la agenda de teléfonos. Hace años que ya uso casi siempre el ordenador para buscar cualquier teléfono. Por eso hoy me he decidido a ir página por página de mi vieja agenda buscando los teléfonos que me interesa guardar, y así poder tirar ese mamotreto de páginas sueltas. Porque mi agenda en papel estaba compuesta del alfabeto en hojas sueltas, así era más fácil añadir hojas y poner largos comentarios. Dada mi mala memoria para los nombres eso es necesario. El nuevo párroco de mi primera parroquia encontró en la agenda parroquial que le pasé, glosas tales como “Fulana de tal, la señora sorda de la plaza”. Lindezas de todo tipo salpicaban el aburrimiento de los guarismos telefónicos.
El caso es que la que ha sido mi agenda durante diez años ya debía ser jubilada. Los bordes de las hojas ya estaban doblados, el papel obsoleto y el espacio de mis armarios es un tan tesoro preciado que no puede permitirse inquilinos sin uso.
El repaso de esa agenda estaba plagado de recuerdos, de personas que han pasado por mi vida un momento para no volvernos a encontrar jamás. Quizá una segunda llamada hubiera dado lugar a una larga amistad.
Pero había que deshacerse de los números que no he usado en años, porque la acumulación equivale al olvido. Las capas de números que se acumulan, sepultan el recuerdo de aquellos números del pasado tras los cuales hay una persona.
Me llamó la atención ver que en la primera página de la agenda tenía anotada la duración de los cuatro relojes de arena que llegué a tener. Uno de ellos, el más grande, se rompió. No me importó, su tamaño era tal que era un poco como un tenor sobre mi mesa.
Después hallé teléfonos de un cura muerto muy amigo mío, de una funcionaria que me enseñó el interior del Banco de España, de un primo que nunca me ha llamado, de un cura andaluz que se casó, de un informático que se hizo cura y que tras veinte años de servicio al Señor, retornó al estado civil. También había teléfonos de santos y de dos traidores que me traicionaron. Dos teléfonos directos de obispos que seguro que hace mucho ya los cambiaron, teléfonos de editoriales, teléfonos cuya explicación requeriría de varios capítulos de un libro de memorias. Aquella agenda era parte de mi historia, diez años resumidos en teléfonos. Pero ya no tengo lugar en mi armario para la historia. Como un auténtico iconoclasta sigo la labor eliminadora de mis estantes. Ya no puedo tener compasión.
Ah, después está la rana... pero ya es tarde.

sábado, junio 23, 2007

Esta foto es de mi último viaje a Paraguay

Ciertamente lamentable que lo más notable de ayer fuera que se me cayó ese vaso de agua. Días aún más prosaicos vienen a mi memoria. Por la mañana, sea dicho de paso, también he roto un vaso.
Por la noche he ido, afortunadamente, a ver Schreck 3. Y he ido con dos monaguillos que cuando los conocí apenas me llegaban al pecho. Ahora son más altos que mi metro ochenta. También fui con otro chico que me sorprende por su madurez y bondad, aunque se parece extraordinariamente a Bart Simpson, y con otra monaguilla de tez sonrosada y sonrisa espiritual que ahora ya cuenta con diecisiete años. También vino el que ha sido el informático de la web durante largo tiempo que sigue empeñado en comer hamburguesas.
Sea dicho de paso, Schreck dio lo mejor de su guión en la primera parte. Pero ya entrar en el vestíbulo de estos inmensos lugares de ocio me llena de alegría: el olor a palomitas, todos los niños con su helado, las mismas montañas de helado de menta, de tiramisú, de pistacho, en la heladería, las filas tan alegres de jóvenes que esperan con su entrada. La feliz visión de tantos dieciochoañeros con sus novias rebosantes de emoción con su príncipe al lado. Yo creo que el celibato me ha hecho valorar más el amor humano, soy más sensible a la belleza de esa realidad. La señorita Hollhoper dice que es la crisis de los cuarenta. Pero no, el espectáculo de esas sonrisitas femeninas, de esos muchachos imberbes felices a más no poder de tener a alguien tan tierno tan cerca, es el mejor paisaje que puedo imaginar. Yo mismo me enternezco.

viernes, junio 22, 2007

Lo más notable del día ha ocurrido justo al final.


Y eso ha sido cuando he ido a por un gran envase de agua a la nevera, para beber mientras estaba delante del ordenador, he bebido y cuando he ido a dejarlo sobre la CPU se me ha resbalado de la mano izquierda. El agua física, no literaria, ha regado mis dos ordenadores.


En realidad el agua ha caído abundante sólo sobre uno de los ordenadores, ya que el primero (que está horizontal sobre el antiguo) ha hecho de techo para el segundo. La peor parte se la ha llevado el teclado. El agua se ha metido entre las letras. Cuántas novelas han pasado por ese teclado, cuantas tramas, cuantas historias.


No he hecho cursos de reanimación de teclados, pero el sentido común me ha indicado que lo pusiera boca abajo: el agua ha salido generosa en pequeños chorritos alfabéticos. Es entonces cuando me he dado cuenta de lo viejo que está, quizá más que estropearse se ha suicidado. Quizá ya no podía aguantar tanta historia.


Y al secar la CPU-techo, cuánto polvo había. ¿Pero de dónde sale tanto polvo?


Varios papeles se han mojado, unas fotos, dos libros.


HASTA AQUÍ LLEGARON LAS AGUAS, diré en el futuro a los que me visiten.

Hasta aquí ha llegado mi día, me abandono ya al mundo de los sueños. ¿Qué soñaré hoy? Durante ocho horas yaceré casi inmóvil... voy a prepararme.

jueves, junio 21, 2007

Apologia pro Hugo Chávez

Creo que Hugo Chávez es muy poco comprendido y desgraciadamente menos valorado.

Ha trabajado mucho por los pobres, logrando que ahora los pobres sean más pobres.
Se esfuerza por que el continente americano sea más libre, y ha empezado a repartir libertades en su propio país. De momento ya ha cerrado una cadena de televisión. Y ha hecho muy bien, porque era una cadena que trabajaba secretamente al servicio de los norteamericanos. Según mis estimaciones la mitad de los venezolanos trabajan al servicio de los norteamericanos. Unos sabiéndolo y otros, lo que es peor, sin saberlo. Incluso entre las filas chavistas estimo que puede haber entre un 10% y un 20% de agentes infiltrados. A su tiempo serán purgados. Sólo la magnanimidad del gran líder les ofrece tiempo para el arrepentimiento.

Esa cadena de televisión, que ha hecho muy bien en cerrar, era golpista. De eso sabe mucho el actual dictador del país que sí que fue condenado por golpista. Por eso él huele el golpe allí donde otros no ven nada.

Por último, como sacerdote, tengo que criticar duramente las malas opiniones que los obispos han vertido contra ese gordo dictador. Hugo ha hecho una gran tarea santificando a su país. Santificándolo a través de la paciencia y la resignación.

Hugo es un bruto en diamante. Este tipo de joyas con el tiempo acaban brillando con todo su fulgor.

Durante mucho tiempo no quise escribir post alguno sobre ésta joya porque tenía miedo de que me invitaran a dar alguna conferencia en Venezuela, y no me dejaran entrar. Ahora ya eso no importa, si esto sigue así, no creo que ni los obispos venezolanos puedan entrar.

En solidaridad con la cadena RCTV. En apoyo de todos los venezolanos libres.
Algunos curas callaron ante los desmanes de ciertas dictaduras del pasado, ahora la Iglesia no calla ante la Joya Bolivariana. Muy bien.

Hacía tiempo que quería poner en el blog la cara de los pertenecientes a un selecto club. Sus víctimas no pueden decir lo que piensan en sus países. Pero yo aquí, un hombre libre, sí que me puedo reir de ellos. Porque la codicia y la ambición del Poder nos causa risa a los ciudadanos de una república de hombres iguales.
Ah, se me ha olvidado poner en la lista a Evo Morales. Evo es el menos malo del club, también es el más tonto.

Siempre que veo al presidente de Irán me pregunto lo mismo: qué hace fuera de la cárcel.

El centímetro cuadrado de guerrera más caro del mundo donde edificar otra medalla.
Su cara proclama a los cuatro vientos un mensaje: soy un petulante.
La cara de dictador es evidente, observen el labio inferior cubriendo el superior con inclinación del mentón hacia arriba: típico del tirano, absolutamente típico.

El hombre que debió fusilar
hace tiempo a su peluquero.

La única virtud de este enanito es que nunca cayó en los excesos de la alta costura.

Siempre he sospechado que su peluquero y su modisto trabajan para el enemigo.

martes, junio 19, 2007



Lo de los gatos de más abajo es simplemente increíble. Ah, el padre Fortea en agosto se marchará a Pensilvania y Chicago a dar conferencias. Si alguien es de Boston, hará escala allí un día. Y si alguien es de Nueva York también estará allí unos días.



Ésta es mi casa, nunca os la había enseñado.

Palabras de mi vecinito japonés: simplemente no me puedo creer lo de los gatos.

No me lo podía creer. Mi gato y la gata del vicario anglicano haciendo manitas. Acabábamos de tomar el té... y, en fin, no encontramos palabras. ¿Estará más cerca la unión católico-anglicana?

Viaje a Salamanca


El_post de hoy lo he sacado de mis anotaciones personales del 16 de junio.

Hoy me he desplazado en tren hasta Salamanca, donde he tenido una conferencia conjunto con un psiquiatra para el congreso nacional de la Asociación Española de Medicina General. Lo primero que me ha llamado la atención de Salamanca, ha sido el rostro del taxista. El rostro de algunos taxistas de Madrid tiene un aire astuto, el engaño brilla en sus ojos, y me aseguro de que se de cuenta de que sé muy bien a donde voy y que más le vale que tome el camino más corto. Mientras que este taxista salmantino tenía la nobleza de espíritu y la honestidad escrita en su rostro. Nada más verle, supe que ése hombre, ya mayor, no me engañaría jamás. Era un rostro castellano. Perfecto para un conquistador, un almirante de la Armada o para un abad. Era taxista como en otra época hubiera sido pastor de cabras, pero ningún marqués juerguista hubiera podido comprar una cara así por todo el dinero del mundo.
La conferencia ha salido muy bien, porque como he dicho ante tan ilustre auditorio: es más interesante el demonio que la insulina. Todo ha salido bien a pesar de que al entrar yo en el auditorio un médico, un poco tonto, ha gritado ¡padre Karras! de un modo tan despectivo que a nadie más a desacreditado que a él mismo.
Después he salido a dar un paseo por el centro histórico de la ciudad. Me ha llamado mucho la atención en la fachada de una iglesia el pétreocelestial beatífico catálogo de santos que exhibían orgullosamente sus altos muros. Un obispo sostenía una iglesia sobre un libro, un religioso en su derecha llevaba fuego, una monja un niño Jesús, un monje un barco, otro un ángel. Que magníficamente se había detenido el escultor en el detallismo de esos atributos. Casi tanto como esa obra grandiosa, me ha impresionado una esposa de cuarenta años cuando ha apoyado su cara en el brazo de su marido que leía distraído un periódico, un folleto o cualquier otro aburrimiento impreso. El marido ni ha reparado en la cara de amor rendido que ella tenía al apoyar su rostro en su antebrazo. La esposa, muy guapa por cierto -él no-, sí que se ha dado cuenta de que yo había contemplado la escena y había comprendido el sentimiento interior de ella: amor rendido. Ella se ha sorprendido al ser descubierta y ha levantado la cabeza. Ha sido un gesto de pudor de los sentimientos. Así que yo, un poco avergonzado, he levantado la vista, he mirado al frente y he seguido mi camino. En ningún momento de esta escena me he detenido, todo ha durado dos segundos, yo iba paseando, ellos estaban sentados en una mesa tomando un refresco. Dada la calle que yo tenía que tomar, he pasado cerca de los dos mirando artificialmente hacia delante, sin apartar mi vista hacia ellos. Ha sido un momento, un segundo, un simple segundo en el que le ha dado tiempo a levantar la cabeza con pudor, y yo a mirar hacia delante. Pero ha bastado para que percibiera yo su pudor y posterior sonrisa al ver como yo me embarazaba. En el último segundo, antes de enderezar mi vista, he sentido la sonrisa de una madre y esposa ante un niño pequeño que era yo mirando hacia delante.
Poco después, subiendo por unas callejuelas, me he encontrado con la catedral. Magnífica esquina izquierda que es una mezcla de castillo y templo. Soberbia hibridación que sugiere mil simbolismos, mil sermones, qué solidez, qué espiritualidad. ¡Y que tenga yo que soportar tanta iglesia moderna de pacotilla!
Poco después, en otra callejuela, el amor ha vuelto a salir a mi paso. Una novia hablando con su novio por el móvil. Se nota cuando una chica joven habla con su corazoncito. La cara se ilumina, las sonrisas son distintas.
Mientras atravesaba ese dédalo de callejuelas de muros de piedra, pensaba en las cabezas que faltaban a algunos santos, en las partes arrancadas a conciencia. Pensaba que la barbarie forma parte del tiempo. Debo consolarme aceptando que la sinrazón también forma parte de la erosión de los siglos.
El amor me ofreció una tercera visión. Una chica muy joven, caminaba abrazada por la espalda a su joven novio. Los dos iban andando, ella no se despegaba de él. Los amigos iban a ambos lados del chico. La chica iba ensimismada de tenerlo tan cerca. Así caminaron un buen trecho, hasta que ella, como una lapa que se despega, se puso finalmente a su lado ante la insistencia de los amigos.
Media hora después me quedé interrogando con la mirada un escudo en lo alto de un arco. Había un elemento en uno de los campos, que no me cuadraba en absoluto. Miraba los cinco calderos que lo rodeaban, y los otros tres calderos que lo coronaban, ya aquel elemento extraño, como unos peldaños verticales era algo que nunca había visto. Finalmente me decidí a entrar en la discoteca donde estaba colocado. Eran las ocho de la tarde, así que la discoteca estaba vacía. El camarero me dijo que no me extrañara, que el escudo como toda la fachada era una obra de reconstrucción moderna. Probablemente ésta haya sido la última vez en mi vida que entro en una discoteca. También quizá la primera.

domingo, junio 17, 2007


La vida está hecha de grandes cenas.


Espero no pasar a la Historia por esa cita. En cualquier caso he puesto la foto porque alrededor de la mesa están los que de verdad mandan en Paraguay. Decidimos reunirnos de una vez todos para decidir hacia donde dirigíamos el país.

Aquí cenando con el arzobispo


Esta cena tuvo lugar en Paraguay. Obsérvense la dos sonrisas, la suya más franca, la mía más recatada. Y el gesto de la mano, como queriendo decir algo que ahora no tengo ni idea, dado que no me acuerdo del contexto en que lo hice.
Hoy, sin embargo, he optado por cenar solo en casa sin la presencia de arzobispos ni cardenales.
He llamado a mi prima Amaia y me enterado de que no ha leído el libro que le regalé. Hacedme caso, regalad bombones.
Encima no ha querido darme la dirección del blog de su amiga. Me ha estado hablando un buen rato de ese blog (animándome a que no lo visitara) y ahora no me lo da (crueldad). ¿Pero es público?, le he preguntado. No pasa nada. Por eso yo no prohibo nada, no quiero incitar a nadie a nada. Incluso añadiré: en ningún lugar, nunca.
Por eso me despido con un simple: sed buenos.
Con eso tampoco pretendo incitaros a nada. Por lo menos a nada concreto.

El padre Fortea en las verdaderas y auténticas ruinas de las misiones que aparecen en La Misión (=a momento glorioso-inolvidable-histórico-soyfeliz).

Todos los apuntes del viaje del padre Fortea que hizo en su diario


Paseo por Buenos Aires el 6 de junio


Nuevo paseo por el centro de Buenos Aires con el mismo acompañante y comida con varios profesores del Departamento de Lingüística: intercambio de amabilidades y de libros. En la catedral, vi el monumento de uno de sus héroes de la independencia. Pero lo que más me llamó la atención de todo el templo, fueron los uniformes de los dos granaderos que permanentemente hacen guardia a la entrada de la capilla donde se guardan sus restos. Siempre me ha dado mucha pena este tipo de guardias de honor, porque pienso en lo duro que tiene que ser estar, por lo menos, una hora de pie, inmóviles. Estas guardias hacen muy bonito, pero no puedo dejar de pensar en la circulación de las piernas, pobrecillos. Ahora mismo que escribo estas líneas, seguro que en el mundo hay muchos soldados de pie durante horas, en posición de firmes, delante de palacios, mausoleos y similares. Elogié mucho el uniforme de época de los granaderos, como ya antes había elogiado el diseño del uniforme de la policía, hice una nota mental: dejar de alabar esto por el día de hoy, no sea que piense que soy un fetichista de los uniformes.

Cojo un taxi al aeropuerto para tomar un vuelo Paraguay. Sentado en la salita de espera de la puerta 6 de la terminal, observé aburrido que en el mismo avión que me iba a llevar a La Asunción iba a montarse un grupito de jovencísimos mormones, un poco más lejos vi a un monje budista que también esperaba. Al cabo de casi una hora, me levanté para estirar un poco las piernas, quedándome cerca de los mormones, mientras el monje se aproximaba a la puerta. En un momento dado, en un instante justo, las bolas se movieron formando una conjunción: estábamos uno al lado del otro los mormones, el monje y yo, en perfecta alineación. Es evidente que habían sido necesarios siglos de evolución religiosa para que esa alineación se pudiera producir.
El monje mostraba una cara inexpresiva, esa cabeza rapada estaba acostumbrada a la contención de todas sus emociones, ni un sentimiento afloraba a su rostro. Por el contrario, la trentena de jovencísimos mormones, rondando todos los dieciocho años, mostraban la emoción del viaje, sus sonrisas nerviosas, su agitación, dejaban patente la aventura que para ellos era trasladarse a misionar un país que no conocían. Aquel alegre rebañito de mormones latinoamericanos, con su impecable americana y corbata, de rostros morenos, más bien bajitos, estaban acompañados de cinco jefes: hombres de unos cincuenta años, vestidos con impecables trajes y sentados aparte. No pude evitar pensar el contraste que ofrecían aquellos mormoncitos alegres e ilusionados, bromeando algo excitados, con aquellos cinco hombres cuyas caras sólo reflejaban la soberbia del cargo tan importante que estaban convencidos de ejercer. Sus gestos, sus movimientos, sus caras parecían predicar un solo mensaje: qué importante soy.
Una vez en el avión, el azar del ordenador que repartió los asientos dispuso que me sentara junto a dos de estos pequeños mormones. Digo pequeños porque ambos al ser indígenas (peruano uno y guatemalteco el otro) eran bajitos, parecía yo un padre con sus hijos; un padre católico con sus dos mormoncitos. Los dos eran una delicia de personas, tan cándidos, tan sencillos, tan llenos de los mejores sentimientos. Les pregunté cuáles eran sus cardenales (los llaman Apóstoles), cómo llamaban a su Papa (lo llaman Profeta), si pueden beber vino (negativo) o si no pueden comer cerdo (sí, pero no mucho).

Ya estoy en Paraguay. Tres fotógrafos con sus flashes hicieron más cálida mi llegada al aeropuerto. Allí estaban sonrientes dos personas pertenecientes al Instituto de Ciencias Políticas y Diplomáticas Tomás Moro. Yo, con mi clériman negro, estrechando manos a gente que me sonríe, no tardo en darme cuenta de que las vestiduras clericales, negras y de cuello cerrado, están más pensadas para Europa que para climas subtropicales.


9 de junio


Hoy, durante la mañana, en un mismo lugar, he dado tres charlas: sobre la Biblia, sobre el poder de atar y desatar, la tercera no recuerdo muy bien sobre qué era, pues al final ha resultado una mezcla de temas, preguntas y todo tipo de intervenciones espontáneas. Después he impuesto las manos sobre unas personas, al final las he impuesto sobre todas. Al principio se han formado dos hileras en el pasillo de las sillas. Pusieron dos reclinatorios y yo les bendecía de dos en dos, poniendo una mano sobre cada cabeza. Como se perdía tiempo en la operación de arrodillarse y levantarse, y esperar que los siguientes hicieran lo mismo, ante la masa humana que aguardaba su turno, he indicado que se sentaran en la primera fila del auditorio y he sido yo el que me movía. Aun así he estado más de media hora bendiciendo madres con niños, ancianos y gente de todo tipo. Gente que me siguió hasta la puerta del mismo coche que me tenía llevar a almorzar. Y aun allí mismo un notario me suplicó que le bendijera, contándonos brevemente su historia que enterneció a las treinta personas que me habían seguido hasta el automóvil. Este tipo de cosas sólo pueden suceder en América. Aquí la fe y la inocencia de estas almas se palpan.

11 de junio


Ayer cené con el arzobispo de La Asunción y con los miembros del Instituto Tomás Moro. Pedí un surubí, que es un pescado que se da en el río Paraguay. De postre tomé un exquisito mouse de maracuyá, que es un fruto tropical de carne verde, gruesas pepitas comestibles y de efectos relajantes; ya me lo habían advertido. Tras el mousse se me caía la cabeza escuchando al arzobispo. Le escuchaba pero los párpados se me caían.
Ayer también visité la editorial que ha publicado los dos libros que en este viaje presento. Yo creía que sólo iba a intercambiar unas palabras con el director. Pero el dueño había reunido a todos los trabajadores en una sala, donde había puesto sobre una mesa un crucifijo y dos velas encendidas. Se suponía que yo iba a decir unas palabras, cosa que hice. Después, bendije todas las oficinas echando agua bendita en todas ellas.
Impresionante el cementerio paraguayo de panteones al que me he asomado hoy.Aquel cementerio era algo realmente kitsch, sólo faltaban letreros de neón en aquellas estrechas “calles”. A estos cementerios latinoamericanos les falta ese carácter tétrico de los europeos o norteamericanos: demasiados colores, demasiados elementos no pétreos. Una película gótica en un cementerio subtropical resulta poco creíble, falta ambiente.

12 de junio


Ayer hicimos 370 kilómetros desde Asunción hasta Encarnación para ver las misiones jesuíticas al día siguiente. El obispo de la diócesis, al saber que iba a visitar las reducciones, me había invitado a predicar en la catedral. Después de dejar las cosas en el hotel, me puse la sotana y me dirigí al templo, donde poco después llegó el prelado acompañado del vicario general, que era un navarro vecino de mi Barbastro natal. La amabilidad, la alegría del encuentro fue sincera, yo había cenado con monseñor un año antes en la capital, en la presentación de un libro mío que tuvo la gentileza de prologarme. Allí, una vez más, prediqué sobre los peligros del payé, la macumba, el candomblé y el vudú ante una catedral llena y ansiosa por conocer más sobre estos temas. Lo más entrañable de todo fue que al acabar unas personas me pidieron la bendición, y enseguida cientos de personas me rodearon pidiéndome que les impusiera las manos y les bendijera. Me dejé rodear y con ilusión impuse las manos sobre las cabezas de ancianos, niños, monjas, adolescentes de cabezas rizadas y bebés. Impuse las manos durante más de veinte minutos, porque la fe de aquel pueblo sencillo era de lo que no se encuentra en una Europa fría y de una religión cada vez más intelectual. Allí estaba rodeado de fe en estado puro. Esa multitud sólo quería tocar al predicador, al hombre de Dios. No me importó estar en el centro de ese epicentro de religiosidad humana. Fui testigo, en el siglo XXI, de la escena de Jesús rodeado por una multitud que pedía que se la bendijera. Alrededor de mí había algo de agitación, algo de ansiedad por ser tocados, pero yo vivía la escena con la mayor de las tranquilidades. No me importaba ser testigo de la escena desde el centro.



13 de junio


Hoy me espera día y medio de viaje. Un primer vuelo hasta Buenos Aires y una espera de siete horas hasta tomar el vuelo hacia Madrid. Después de todo un día de viaje, llegaré al día siguiente a las dos y media de la tarde.
Definitivamente éste ha sido el viaje de los vuelos religiosos. A los mormones y el monje budista, hay que añadir el sacerdote cismático (de la Fraternidad de San Pio X) que venía en mi mismo vuelo. Hablamos más de una hora paseando en la terminal, y le invité a sentarse a mi lado en el vuelo. Todo el rato estuve dándole argumentos a favor de volver al seno de la Iglesia Católica de donde no creía haber salido.
Se notaba que ese cura joven era una joya como persona, trabajando hasta lo inimaginable, llevando aquella sotana en un clima tan caluroso.
Pero al final, siempre había un argumento (desde luego nada concluyente) para objetar que a la fraternidad no le afectaba ni la excomunión, ni el deber de obedecer, ni nada.
Me invitó a ir con él a Buenos Aires y regresar al aeropuerto por mi cuenta en autobús, pero me dio miedo no llegar a tiempo y perder el vuelo.
Ahora estoy sentado en el lugar donde me he tomado un bocadillo y un zumo de naranja. Desde aquí veo como caen las naranjas por un tobogán metálico hacia la máquina que las exprime. También estoy situado estratégicamente para ver una parte de las salas de espera de la terminal, la fila de cajas de una especie de supermercado Duty Free, y buena parte de varios corredores por los que anda gente con maletas. Ante mi vista pasa el joven nórdico, cuyo tamaño es más adecuado para cazar ciervos que para sentarse en un asiento de la clase económica. Este chico de cara rapada, detiene su carrito con maletas y pausadamente se pone crema en las manos, dedo a dedo. Una chica, sin detener su paso, olfatea un perfume en su muñeca y se lo da a probar a la otra. Un anciano de pelo blanco con dos vasos de plástico con café se acerca a la mesa de su señora. Todos los tipos de piel pasan ante mí. Gente vestida del modo más informal y del modo más informal. Una niña rubita de camisita azul se acerca a una vitrina con objetos de decoración mármol, la vitrina colorida y muy iluminada en tonos ámbar le parece el tesoro de Alí Babá. Desde aquí veo la sala acristalada acondicionada para fumadores. Es como una pecera llena de peces que echan humo. A mi izquierda hay un puesto de venta de seguros de asistencia en viaje. En más de una hora que llevo aquí, no se ha acercado ni una persona a hacer una consulta. La chica de pelo rubio no deja de hablar por teléfono con una amiga o con un novio o con su madre. Un gigante alemán me ha pedido la silla sobrante que hay en mi pequeña mesa cuadrada. Las maderas de la silla crujen en cuanto se mueve sobre ella. Frente a mí ha pasado otra alemana (o hija de ellos) modelo walkiria de Rubens. Pronto me voy a levantar a comprar una chocolatina. Un chico con cara de poeta pasa con su guitarra en su funda, un anciano pasa con su ordenador de última generación, un chico de jersey blanco pasa con su barriga. Cuando estaba fijándome en un hombre que va vestido con una gabardina y un sombrero que le hacen parecer recién salido de una película de los años 60, pasa un chico con una corbata rosa con trocitos de fruta que es el no va más del mal gusto. La chica del puesto de venta de seguros sigue esperando algún cliente. Dos enamorados –se nota cuando una pareja está enamorada- andan junto a un oriental que trata de abrir mucho los ojos tratando de leer o descifrar los carteles. Un chico rubio muy joven, con coleta y barba de chivo, espera con su hija mientras su joven esposa, muy morena, compra algo en esta franquicia de CaféCafé que tengo delante. Todos hablan casi tanto personalmente como a través de los móviles. Ahora por primera vez se ha parado ante el puesto de la chica de seguros un chico mestizo, grueso, con pinta de dictador sudamericano. Por fin se decide a hablar a la chica. Falsa alarma, sólo deseaba información sobre algo relativo a teléfonos. Dos chicos de siete años van corriendo como galgos sobre la moqueta al aseo de caballeros. Llegan los dos a la vez. Un piloto con su gorra y uniforme azul oscuro cuenta billetes mientras compra algo en la cafetería. La chica que en la cafetería sirve, tiene la cara de una Virgen flamenca de piel blanca , nariz respingona y ojos saltones y claros, pero su mirada tiene malicia. Un señor que está junto a unas botellas de vodka en una tienda tiene la misma cara que mi vicario general. Aunque sé que es imposible que se halle en esta latitud, también sé que si me acerco el espejismo del parecido se desvanecerá. Fuera ya comienza a anochecer, lo veo a través de las grandes cristaleras. Veo la noche caer sobre los aviones aparcados afuera. Tengo que perder peso, sólo he tomado un bocadillo, pero veo que otros se atracan como ogros, combatiendo el aburrimiento de la espera a base de gastronomía.

Sexta hora en la terminal.

Dos niños de cuatro años han montado una lucha de tortugas ninja contra Superman. Sentados en la moqueta, han colocado sus numerosos muñecos sobre un asiento de tela azul y se divierten ajenos al aburrimiento de los que esperamos.
En la pelea también interviene Batman. Las figuras pueden ser de plástico y ni ninguna se sostiene en pie sobre la superficie de la butaca, pero los niños se toman esta batalla completamente en serio. ¿Qué extraños mecanismos del subconsciente de estos niños se pondrán en marcha para dar la victoria a uno u otro bando?

Octava hora de vuelo.


Leía justamente esta noche en un libro de Alicia Steimberg que a toda mujer le gustaría pasar una noche con un marino. No sé si toda mujer ha pasado tal noche, lo gracioso es que a mí sí que me ha pasado tal cosa precisamente la misma noche en que he leído el dichoso párrafo. El acompañante que ahora mismo ronca feliz a mi lado, es un marino de Vigo. No es el acompañante ideal este cincuentenario de nula conversación y que integra la tripulación de un pesquero de altura compuesto de una treintena de españoles, peruanos y un cocinero. Lo peor no es tener al lado un mueble mudo, sino que este señor invade mi escaso terreno. Es muy duro estar tan apretado en este asiento toda la noche, pero peor si el de al lado pone su codo generosamente en mi costado. Y la cosa le debe parecer poco, porque su pierna también invade un 30% de mi espacio por abajo. Pero bueno, al menos como ya he dicho ronca. El olor corporal, del que también está dotado, es lo que menos me importa ya que este es un sentido del que poco generosamente me ha dotado el Creador, y dada la situación no me quejo.
En la terminal he visto mucha gente esta tarde mientras tomaba mi zumo de naranja. Y después, en mi asiento del avión, no podía evitar el meditar con los ojos cerrados acerca de la gran diferencia de belleza que hay entre los hijos de Adán y las hijas de Eva que se mueven delante de mis ojos. He visto jóvenes con toda la vida por delante, dotados de una belleza envidiable. He visto a otros que a pesar de la juventud de su edad carecían de esa cualidad. Pero desde mi asiento, llego a la cristiana conclusión de que lo que falta por un lado es compensado por otro. Es decir, creo que más o menos todos los seres humanos tienen una similar distribución de regalos divinos, compensándose por un lado lo que por otro se recibe en poca medida. Todos estos pensamientos acerca de la justicia de la vida y la Justicia Divina me han venido porque en la sala de espera de la puerta 9, donde aguardaba a entrar, había una chica de más de dos metros de altura y melenita rubia que me ha parecido la chica más bella que he visto en mi vida. No he tenido ni el más pequeño torcido pensamiento, pero al mismo tiempo afirmo que si hubiera visto las pirámides de Egipto no me hubieran parecido más bellas, por supuesto no me hubieran impresionado tanto. ¿Por qué unos gozan de tanta salud, belleza, juventud y dinero y otros tan poco?, eso es lo que iba rumiando todo el rato después durante el comienzo del viaje. Es curioso, aunque me esfuerce por no manifestarlo externamente, la belleza es algo que a veces llega a producir en mí una gran conmoción de todos mis pensamientos. En algunos casos, ha causado la vacilación de mis palabras y el azoramiento de mis gestos.

jueves, junio 14, 2007

Por fin en casa.

Este soy yo.
Sin comentarios.

Otra conferencia. Frente a mí todos los comentaristas de este blog reunidos de una sola vez, escuchando explicaciones

sobre cómo poner comentarios.

El arzobispo de la capital me pidió que fuera a este programa de televisión. El que está al lado es el portavoz de la Conferencia Episcopal

que fue el que me entrevistó.

A la llegada al aeropuerto.

Tres fotógrafos hicieron más cálida mi entrada en el país.

Aquí dando otra conferencia. Aquí no hablaba de marcianitos, evidentemente.
Además de decir tonterías en el blog, también a veces me pongo serio. Y hasta hablo de cosas serias.

Aquí estoy en el Aula Magna de la Universidad Católica de Asunción

miércoles, junio 13, 2007

Hola, desde un aeropuerto de un lugar del mundo, concretamente Buenos Aires

A pesar de que no me he hecho muy rico escribiendo posts, he decidido pagar, si, pagar, por escribir este post. Pero os voy a cobrar mas, eh.
Mañana ya habra un post como tiene que ser. Es mas, habra fotos. E incluso fotos del padre Fortea sin pelo.
Hoy me espera una noche sin dormir, una mala noche. Ah, he escrito muchas cosas estos dias.
Pero he esperado siete horas en esta terminal al siguiente vuelo. Esto de dar conferencias a veces es un poco duro.
Huy, no me quedan mas minutos, os quiero, os quiero a todos.

viernes, junio 08, 2007

Escribiendo un post desde un despacho de un alto cargo de los ministerios de Paraguay

Queridos hijos del blog, queridos amigos, queridos visitantes, queridos… todos.
Os escribo este post desde un lugar que ni siquiera en una de mis alocadas novelas hubiera nunca podido imaginar: un cura con sotana escribiendo un post desde uno de los altos despachos, de un alto cargo, de uno de los ministerios de Paraguay. (No puedo dar más datos.)
Feliz estoy en este país que también tiene las tildes del teclado en otra parte que en España.
El clima es subtropical, la policía viste uniformes claros, la gente nos ofrece fruta a los coches parados ante los semáforos, y en general los paraguayos descansan felices en las calles con unas caras tranquilas que muestras que no andan agobiados por el futuro.
Las calles del mercado, vistas desde la ventanilla de mi coche, son las que muestran una vida más explosivamente tropical, con sus puestos de hierbas, prendas de vestir y una apretada multitud de personas yendo y viniendo a lo largo de los pequeños puestos. Las charlas van muy bien, ayer presenté mis dos nuevos libros. Ah, varios fotógrafos me esperaban en el aeropuerto de la capital a mi llegada, ¿me sentí importante? No, no, caminé cabizbajo repitiéndome una y otra vez: no soy nada, no soy nada. Poco después le sugerí a un periodista: por favor, sacadme el lado bueno. ¿Quedo mejor así o me muevo un poco más a la derecha?

martes, junio 05, 2007

Escribiendo un post desde un hotel de Buenos Aires


Escribo este post desde un hotel de Buenos Aires. Cuánto me alegro de haber hecho esta escala en mi viaje. Me he encontrado con un conocido del blog y otro comentarista me ha escrito hoy para que nos veamos, aunque será imposible. Con otros visitantes del blog comeré hoy. Creo que la especialidad gastronómica de este país es la comida tailandesa, ya os diré.
Ah, aterricé en la cabina del avión gracias a la amistad que me une con el comandante, había cenado con él el día de Nochevieja y cambió con un compañero su vuelo para que coincidiéramos.
Ayer, a pesar de llevar todo el día de viaje, de haber dormido dos horas y de sentir un ligero cansancio, me di un paseo de dos horas por la capital.¿Qué os diré de Buenos Aires? Os diré que paseé nocturnamente, con el fresco de su invierno, a través de estas calles dotadas con su espíritu propio, y me daba perfectamente cuenta de que no es una ciudad más, que caminaba en un entorno que tiene su carácter, muy fuerte, muy propio, no todas las ciudades lo tienen. Aquí no dejo de ver la ciudad a través Borges, miro la ciudad a través de sus ojos. Y, os hará gracia, pero no puedo evitar tener la impresión de que ésta es una ciudad de intelectuales. También me llamó la atención sólo con mirar a la gente, el darme cuenta de que tienen un carácter más bondadoso, no tan agresivo como el de los europeos. En las calles del centro de París, Londres o Madrid, sólo hay que ver el gesto para darse cuenta del mundo interior que brilla en sus ojos: el paso firme, militar, la ambición, la dureza de la mirada. Aquí percibo en esos rostros, en su hablar, más bondad, más dulzura, una visión más amable de la existencia. También veo, de vez en cuando, un deje de tristeza en los rostros de algunos con los que me topo por la acera.

lunes, junio 04, 2007

¿Es él?




Os dije que os pondría fotos mías, aquí está la primera entrega.


Sin pelo, pero os aseguro que soy yo.


Como en las mejores películas de suspense, tendreís que esperar a que me hagan más fotos. No tengo cámara.

Continuo con la digresión

Los juegos con mis primas, otro episodio de mi infancia. Yo llegaba a casa, un hogar a cielo abierto, delante de nuestra casa de campo (ésta sí de verdad) con un fajo de billetes. Los billetes eran las hojas de un seto que yo recogía una a una formando un fajo. Ése era mi trabajo, recoger los billetes que en este caso sí que crecían “de los árboles”. Al llegar a casa mi prima se ponía muy contenta, o lo simulaba, al recibir el dinero. La simulación era muy buena porque se tomaba muy en serio su papel. En seguida era invitado a degustar la comida preparada en aquella cocinita con todos sus accesorios. La comida era invariablemente agua con barro, a veces aderezada con algunas hierbas. Se suponía que era la sopa. La prima más pequeña se suponía que era nuestra hija.
El problema es que ellas querían seguir y seguir con el juego, mientras que yo al poco ya quería saltar y brincar. Pero ellas estaban por la labor de continuar con su labor hogareña y no estaban dispuestas a correr como conejos. Ni mucho menos a empuñar una de las muchas maderas a modo de espadas. Así que ese matrimonio estaba siempre destinado a un pronto fracaso. Quizá ya el juego nos preparaba de un modo secreto pero didáctico a ir comprendiendo la facilidad con que fracasan los proyectos de la edad adulta.

Hubiera seguido en más post rememorando mi infancia, pero mañana parto para Buenos Aires y al día siguiente a Paraguay. Así que os escribiré desde allí. Sed buenos mientras tanto.

domingo, junio 03, 2007

Para los que quereís saber rápidamente la hora que es en otra parte del mundo os ofrezco esta herramienta.

http://yocreiaqueelmundoeraredondo.blogspot.com/

Antes del e-mail, esto es lo que había: el us-mail


El recuerdo de las cosas que han pasado… Permitidme alguna digresión. Me gustaría pintar un cuadro un poco más amplio de mi temprana vida. Por eso ahora quiero recordar la vieja encina que había junto a nuestra casa de campo. Qué tiempos en los que mi cuerpecillo ágil y ligero podía trepar por su inclinado tronco rugoso y áspero hasta las ramas. Subía por ellas hasta cierta altura, hoy día impensable, o recorría una de las grandes ramas inferiores. Un día cogí un serrucho y decidía hacer unos escalones en el tronco. Muy orgulloso le enseñé mi trabajo a mi padre. ¡¡La encina era del vecino!!

sábado, junio 02, 2007

DEVS MINIMORVM CREATOR


Hoy he subido acompañando a un equipo de grabación canadiense a lo alto del campanario de mi parroquia. Hasta la parte superior, cuyo suelo es de madera, sólo había subido dos veces, hoy la tercera. Pero ésta ha sido la primera vez en que he comprendido el modo en que se sujetan los tablones de ese piso a la estructura de metal que los sostiene. Y por primera vez he tenido miedo de caminar por ese piso. Por primera vez los crujidos, los movimientos de sus tablones me han inquietado. Por primera vez he sido consciente del abismo que se podía abrir bajo mis pies en un momento. Diez metros de caída libre hasta el primer piso bajo la suela de mis zapatos. Nunca como hoy me he dado cuenta hasta qué punto debajo de esos tablones mal unidos no había nada.


Ayer iba hablando por el móvil al entrar en el garaje de mi casa. Concentrado en la conversación en inglés no me di cuenta de que tomé muy rápido el giro de la calle a la puerta. Es cierto que miré y no había nadie delante de la puerta del garaje, pero sí que había un vecino con su hijo cerca por la acera. Al momento me percaté de que no les había visto. Si un niño corriendo por la acera se me hubiera cruzado en el último momento, hubiera podido suceder un desastre. Puestos en lo peor, podría haberle atropellado, podría haber muerto, podría haber acabado esa noche en la cárcel, mi vida entera podía haber cambiado para siempre.


Un tercer abismo se me ha abierto desde que friso los cuarenta. Nunca antes por la noche había puesto mi mano sobre mi corazón y me había dicho a mí mismo: sigue funcionando. Me quedo fascinado ante un músculo que sigue contrayéndose y que sé que algún día se quedará rígido. Mi corazón funciona perfectamente -me hice un electro-, pero eso no me tranquiliza respecto al hecho de que ahora, después de más de treinta y cinco años de vida, soy consciente a la perfección de que todo depende de un simple músculo que, no puedo evitarlo, me parece tan frágil, tan delicado. Cada latido en mitad de la oscuridad de la noche se me asemeja a una prórroga, a la extensión de un poco más de tiempo sobre ese vacío, sobre esa noche oscura.
Creo en la otra vida, es una cuestión hasta razonable, pero estéticamente la muerte se me sigue pintando en la imaginación bajo ese tinte de noche y vacío.

Tres abismos junto a otros muchos de los que ni siquiera fui consciente, pero cuyas bolas en el bombo se acercaron peligrosamente a la bola que soy yo. Un postrer movimiento las alejó de mí. El bombo, las bolas moviéndose unas a otras, los giros y subgiros que se generan en el interior de la esfera, alejó esas bolas. Pero todo un cosmos de giros siguen siendo contenidos en su interior. Pronto me iré a dormir.
Lo que menos me preocupa de la vida es el recuerdo que quede de mí. En realidad eso no me preocupa. La fama es un plato que, como las ostras, se saborea vivo. Lo que más me preocupa de la muerte, es la vida. Lo malo de la muerte, lo único malo, es no haber vivido. O gozar de honestamente de los placeres del mundo, o gozar ascéticamente de los placeres celestiales. La mediocridad quizá sea la más injustificada de las posturas.

viernes, junio 01, 2007

El primer post en que remito a un vídeo. Pero es que este vídeo es de los que nadie puede ver y no echarse a llorar


Día 13.987 de mi vida.
Por la mañana acudo a escuchar la conferencia de un colega en Torrejón de Ardoz, una interesante conferencia sobre la jí cósmica de San Justino. Hubo momentos en que parecía que me dormía, pero en realidad meditaba de un modo más profundo.


Por la tarde después de la misa, tres niños entraron en la iglesia a que les bendijera, esta costumbre ya está derivando casi en un vicio. Menos mal que después jugué un rato con ellos en la calle. Otra vez querían que les enseñara el campanario. Si no hubiera tantas telarañas lo haría gustoso, pero es que acabo perdido.


Por la noche, justo antes de la cena vi un vídeo sobre la Guerra Civil Española. El vídeo no contenía ninguna narración, sólo consistía la música del Requiem de Mozart mientras aparecían sobre todo fotografías de republicanos quemando iglesias, vestidos con casullas o matando curas”. No hay nadie que pueda ver ese vídeo y quedar impasible. Y justo en un momento dado –momento impresionante- descubro en un documento el sello ¡¡¡de mi pequeñísima ciudad!!! Paro el vídeo, doy hacia atrás, busco el fotograma. Y allí estaba, una cuartilla, donde se autorizaba por parte del ayuntamiento revolucionario a ir a por un cierto número de personas y familias. Nombres para los demás desconocidos, pero para mí familiares. El momento ha sido impactante para mí. Para todos los que vean ese vídeo, esa lista es una lista breve, sin importancia, pero para mí ha sido recordar de un modo especial, cercano, los seres humanos que había detrás de esos renglones.

El vídeo lo podéis encontrar aquí
http://www.youtube.com/watch?v=wf0pIweZSLM

Por favor, ved el vídeo primero y después seguid leyendo este post.

(…)

Si habéis visto el vídeo, sólo puedo añadir estas palabras a mi presidente el ciudadano Zapatero:

Señor presidente:
Cuando los hombres logran el poder, es cuando se ve su grandeza y su valía. Las heridas de la Guerra estaban en este país perfectamente cicatrizadas. A usted le cabrá el triste recuerdo de la Historia de haber reabierto esas heridas. Los grandes hombres unen a los ciudadanos de sus naciones, a usted le cabrá la tremenda responsabilidad de haber dividido en dos a una nación. Usted ha sembrado una peligrosísima semilla en mi país que sólo el tiempo nos hará ver qué frutos produce. Pero no le quepa la menor duda de que el deshonor, la vergüenza y la ignominia acompañarán a su nombre muchas generaciones después de que usted sea un mero recuerdo en los libros. Otros hombres llegarán que se entregarán a la labor de unir, conciliar y restañar las heridas. La Historia será muy dura con usted y sólo espero que la infamia recaiga sobre usted en vida para que recapacite y se de cuenta de que pocas cosas peores puede hacer un gobernante que inculcar el enfrentamiento entre aquellos a los que gobierna. Pero la vida hace justicia y la infamia le perseguirá… no le quepa la menor duda.

La vida no está exenta de sus peligros, sólo la inconsciencia hace que sigamos mirando adelante, a la cámara, sin mayor preocupación.