martes, octubre 30, 2007

Chansons Bolivariens


Carta de Petronio a Nerón antes de suicidarse en la novela Quo Vadis.

Bien sé, divino César, que me esperas con impaciencia, y que tu leal corazón de amigo fiel padece con mi ausencia. No ignoro que está dispuesto a colmarme de honores, a nombrarme prefecto de la guardia pretoriana y a mandar a Tigelino que torne ser lo que a los dioses les plugo que fuera: mulero, en las fincas que heredaste después de envenenar a Dominicio; pero, divino, tengo que excusarme…

Por el Averno, y más particularmente por las sombras de tu madre, de tu esposa, de tu hermano y de Séneca, te juro que no puedo ir a verte. La vida es un tesoro y me vanaglorio de haber sacado de él los materiales con que he hecho, para disfrutarlas, las más preciadas joyas; pero también hay en la vida cosas que no tengo resignación para soportarlas más. No creas, te lo ruego, que me ha herido profundamente el que asesinaras a tu madre, a tu mujer y a tu hermano; que me he indignado porque incendiaras a Roma y enviarás al Erebo a todos los ciudadanos honrados de tu imperio; no, amadísimo nieto de Cronos: la muerte es el fin natural de todos los seres y no era dable esperar de ti otras proezas.

Pero tener que soportar por largos años tu canto que me destroza los oídos, ver tu barriga digna de Domicio, y tus flacas piernas dando grotescas volteretas en la pírrica danza; escuchar tu música, oírte declamar versos que no son tuyos, desdichado poetastro de suburbio, son cosas verdaderamente superiores a mis fuerzas y a mi paciencia, y han acabado por inspirarme el irresistible deseo de morir. Roma se tapa los oídos por no oírte, y el mundo se ríe de ti y te desprecia. En cuanto a mí, no puedo continuar avergonzándome de tu insignificancia, ni aunque pudiera lo querría. ¡No puedo más!

Los ladridos de Cerbero serán para mí menos molestos que tu canto, aunque a él se parezcan; porque, al fin y al cabo, nunca fui amigo de Cerbero, no tengo motivos para avergonzarme de su ladridos.

Salud, augusto, y no cantes; asesina, pero no hagas versos; envenena, pero no bailes; incendia, pero no toques la cítara! “Estos son los deseos y el último consejo del Arbiter Elegantiorum.

un vídeo


Pocos vídeos pongo en este blog, pero el de hoy que pongo más abajo es de una fuerza, de una convicción tal, que nos muestra el poder tan arrebatador que a veces tiene la Verdad.

lunes, octubre 29, 2007

En Venezuela no hay ninguna dictadura, sólo es que falta leche.


Lo malo de los dictadores es que nos lo tomamos muy a pecho esto de ser dictadores. Nuestros pechos cargados de medallas no pueden permitirse ciertas libertades.
Deberíamos vivir nuestra posición de un modo más desahogado, disfrutar más del cargo.

Aun así no somos tan duros como parece. No conozco a ningún dictador que tenga la gallardía de ponerse con los brazos en jarra y gritar ante la multitud: ¡Esto es una dictadura! ¿Qué pasa? ¿Alguien quiere decir algo?

Espectáculo grandioso de la naturaleza, ver a diez mil personas musitando: No, no… no pasa nada… es una dictadura y ya está.


Una dictadura logra su perfecta consumación cuando el periodista extranjero le pregunta al inspector del Partido que si cree que es posible que el Líder Supremo pueda equivocarse, y el traductor realmente no entiende la pregunta. Y cuando la entiende no encuentra los términos para verter el concepto en términos patrios.


Lo peor de ser dictador es que ya no puedes ascender. Aunque sí que puedes acabar fusilado. El dictador por instinto sabe que del pedestal a caer muerto en la cuneta, a veces no hay más que un cierto desagradecimiento de la masa, una cierta propaganda foránea mal asimilada, un cierto olvido de los bienes recibidos.


La crueldad es sólo un medio de contener ese desagradecimiento; no hay nada personal en ello.
Soy un buen hombre, sólo que me veo obligado a ejercer una cierta dosis de crueldad, pero sólo como defensa.
Es tan bonito mandar y que te obedezcan.

Hablar y que te escuchen.

Salir a la calle y que todos te sonrían.

¿Tan difícil os resulta entender nuestras pequeñas necesidades personales?

En el fondo, no bromeo, lo hacemos todo para ser amados. Hoy día resulta tan difícil ser amado. Por eso nos vemos obligados a ser un poco contundentes en nuestra demanda de cariño.

domingo, octubre 28, 2007

Il grande benefactore tropicale dil Popolo


He leído hoy, otra vez, más datos concretos acerca de hasta dónde llega la escasez de leche en los supermercados de Venezuela. El periódico decía que Chávez también culpó a "especuladores, medios de comunicación y empresarios cuadrados con la oposición que buscan desestabilizar" al Gobierno.


Es cierto, Chávez, hasta que no metas en la cárcel a tres o cuatro periodistas no van a percatarse de que, en realidad, no se han dado cuenta de que hay toda la leche que quieran.


Es que no aprenden, esos traidores es que no aprenden.

United Dogs of America


Cosas que he visto hoy:


En Youtube, videos de gatos gordos. Nunca pensé que fuera un mundo tan interesante éste de los gatos gordos.


En la televisión, un reportaje sobre vampiros. Nunca pensé que fuera tan aburrido el mundo de los vampiros. Quizá se debiera ello a que el reportaje tenía que durar una hora, y como no tenían mucho material, si algo se podía decir en diez palabras, el guión usaba cuarenta.


Durante los anuncios, frecuentes y breves, fui siguiendo el reportaje de National Geographic sobre los zombialligators, unos caimanes de Florida que aparecían como muertos antes de morir realmente. Quizá lo que estaba muerto de verdad era el reportaje. Era un reportaje tan vacío que sustancialmente seguí toda la historia saltando desde el reportaje de los vampiros.


Lo que verdaderamente me reconcilió con la televisión, fue un homenaje a los cien años de cine que un canal hizo, no sé cuál. En ese homenaje de unos quince minutos, aparecían fragmentos de toda la historia del cine. Quince minutos grandiosos.

sábado, octubre 27, 2007

También ellos atentos a mis palabras


Me concedí un cierto tiempo más en la cama. Bello y relajado espectáculo de ver amanecer en la cama. Para el desayuno, nos esperaba a los inquilinos una gran caja de donuts y similares, rellenos de crema la mayoría.


Esa mañana recé por una señora que realmente lo que necesita es un médico y no un cura. La señora venga a insistir que por qué no rezaba en voz alta. Y cuando lo hacía que por qué lo hacía en español de forma que ella no lo entendía. En realidad lo que estaba haciendo era rezar mi breviario en latín y observarla. Esa señora no tenía medios para pagarse un psiquiatra y aquí no hay Seguridad Social. En ese momento me di cuenta de que de España me gustaba algo más que la paella.


Acabado de discernir ese caso, me llevaron a una casa. La casa era… bueno, impresionante. No es que fuera muy grande, no sé unos 700 metros cuadrados, sino que por dentro era de un gusto, de una belleza, sencillamente soberbia. No había ni un solo detalle de nuevo rico, ni un solo elemento chillón. La rubia y joven esposa hacía juego con la casa. La abuelita sonrosada de pelo blanco era perfecta como inquilina de un cuento de Hansel y Gretel. Los niñitos rubios, gorditos, sonrientes, gateando por allí eran los niños que toda madre desea. ¿Qué era lo que no encajaba en ese lugar perfecto? ¿Qué pieza estaba fuera de lugar? Pues bien, desde que se instalaron en la casa, toda la familia escuchaba ruidos en el sótano, alguien movía los trastos de un modo claro y evidente. La mujer veía una sombra que entraba en su habitación. Los seis inquilinos se despertaban a la misma hora, en mitad de la noche, saliendo todos de las habitaciones a la vez, asustados. Las chicas del servicio no aguantaban allí, se despedían asustadas, llevaban ya una larga lista. La archidiócesis había realizado varios exorcismos en la casa. El resultado había sido un día o dos de calma, para regresar el espíritu todavía peor. Todos en la casa eran testigos.


Le pregunté dónde era la habitación donde más fenómenos sucedían. Me llevó al sótano, a la habitación de las calderas que hacía las veces de desván también. Allí me llevé una silla, le dije que se fuera a la dueña, cerré la puerta y apagué la luz. Si había algo deseaba que se manifestara. Estuve haciendo oración un pero que muy largo rato. Pero no noté nada, ni pasó nada, ni se movió nada, ni oí nada. Estoy seguro de que allí pasaban cosas, demasiados testigos. Pero una vez más me quedé con las ganas de ver algún poltergeist, aunque fuera uno pequeñito. El caso es que recé muy concentrado, con mucha devoción. Les dije que me dijeran cómo evolucionaba el asunto.

viernes, octubre 26, 2007

El pasillo de los obispos

Durante el día de ayer di una serie de charlas a los seminaristas de esta diócesis del centro de Estados Unidos. Bello edificio y bella naturaleza en sus alrededores, al estilo de El club de los poetas muertos o Emperor´s Club. Praderas de césped, árboles de hojas amarillentas, lluvia otoñal, todos los seminaristas con sotana, gusto por el protocolo y las formalidades. En los anglosajones debe existir un gen de la solemnidad que no existe en otros pueblos. A eso de las cuatro y media, durante una hora, di un largo paseo circular por los pasillos interiores del edificio charlando con un seminarista. Las fotografías de más de cuarenta obispos nos observaban por los pasillos. Obispos serios, obispos benignos, obispos sonrienes, obispos en plan duro, obispos en blanco y negro, obispos en color, con capa, con birrete, sentados en palacio, de pie en la catedral. Todos miraban al frente, nos miraban.

Hoy sigue lloviendo, una lluvia fina y constante que hace juego con los árboles cada vez más amarillos o rojizos que veo desde la ventana de mi habitación.

Ayer soñé que estaba en algo parecido a un videojuego. Me movía con agilidad de superhéroe en un entorno como esos de las maquinarias donde el protagonista debe esquivar en el último momento diversos elementos que si no le aplastarían. Además, de mi muñeca salían unas bombas que hacían saltar por los aires a los malos.

Esa misma noche, un hombre comenzó a gritar desde la calle: ¡father! ¡fatheeer! Gritaba como un alma en pena, durante un buen rato. Me despertó, nos despertó a todos los inquilinos, debían ser las dos de la mañana. El obispo decidió llamar a la policía.

Fotos de Panamá










miércoles, octubre 24, 2007

Ay, no aprenderé nunca


Ayer en la cena, le estaba explicando al sacerdote que tenía enfrente, las excelencias de la Seguridad Social frente al sistema de hospitales privados que hay aquí. Y bastó un “no me gustaría ese sistema aquí” de él, para que insistiera yo en el tema, lanzándome poco a poco, paso a paso, a más temas, a una defensa orgullosa de la Unión Europea frente a los Estados Unidos. Mi contrincante fue amable, aunque una cierta sonrisilla maliciosa se asomaba en su boca, pero yo ya tenía la espada en la mano y no estaba dispuesto a soltarla. Ay, siempre me ocurre lo mismo. El orgullo, el dichoso orgullo patrio. Y eso que en España no hago más que defender a los Estados Unidos, pero parece que aquí me da justo por lo contrario, sobre todo en las cenas. Más bien tirando hacia el postre.

martes, octubre 23, 2007

Mi sonrisa era la expresión de la alegría de mi corazón


Este obispo de Panamá fue compañero mío de clase. Os aseguro que merecía ser obispo. La persona más buena del mundo, y encima humilde. Los fieles y sacerdotes que se hayan bajo su paternal autoridad son unos afortunados.

Ayer dejé Panamá, la foto es de hace unos días. Estoy en el centro en Estados Unidos.

Ayer padecí el aburrimiento y las tensiones de uno de esos viajes inacabables con escalas y que se prolongó durante doce horas, en el fondo todo el día. Mientras estaba en las alturas, sentado sobre un asiento a varios kilómetros de altura, situado sobre el vacío, leía en una novela de un árabe la toma de Granada. Mi cuerpo viajaba en una dirección, mi mente en otra. Mi mente corporal viajaba del presente hacia el futuro (de acuerdo al lento ritmo del movimiento) del reloj, y mi mente inmaterial viajaba del presente al pasado (aunque ese pasado en la novela también avanzaba del pasado hacia el presente).



Cuando llegué al último aeropuerto tenía que haberme montado en un coche y haber sufrido cuatro horas más de viaje a Springfield (Missouri). Pero a las nueve de la noche, tuve que decirles a mis amables acompañantes que ya no podía más, ni con toda mi alma me podía hacer a la idea de cuatro horas más. Nuestro encuentro se había producido ya, habíamos cenado juntos, habíamos charlado, pero de verdad que yo ya no podía con mi alma. No era una cuestión de sueño, sino de cansancio. Les dije que, por favor, suspendiéramos el plan para el día siguiente. Al final me comprendieron, mi cara era toda una expresión de ese cansancio, y me quedé en Saint Louis.



He tenido un despertar muy cristiano: cuando Dios ha querido. Tras diez horas de sueño, me siento nuevo, veo el mundo de otra forma. He vuelto a vestir de negro, en Panamá iba de blanco. He vuelto a usar el jersey. Un fuerte saludo a mi familia lectora de Saint Louis, os quiero. Al resto de lectores también os quiero, pero con los que me he encontrado es distinto, ya pongo caras. Por ejemplo, Carlos de Valladolid, pues las veces que leo los comentarios ya es distinto, no es un comentario, es un ser humano. Me tengo que marchar, aquí se come a las doce y hoy se estrena la nueva cocinera de la rectoría, great opening.

Hasta pronto, familia bloguera.

Post Data: Ya he comido. El pastel de fresa que había de postre visualmente era un obra de arte, parecía que iba a ser una explosión de sabor en mi boca. Pero cuando lo probé, fue otra cosa. Me arrepentí de haberme puesto una porción entera. Era pura mermelada, hasta sabía un poco a medicamento. Escribo esto muy tranquilo, la cocinera nunca leerá mi blog. Je, je, je. Sí, espero que no me pase, lo que ya me sucedió con aquellas monjas de Brasil.

lunes, octubre 22, 2007

Gran pontifical tropical

Respecto a lo que escribí ayer, he leído varios comentarios. Uno venía a decir, con razón, que no hubiera tenido sentido que Jesús, en el Domingo de Ramos, se hubiera sentido ofendido y hubiera hecho una escena. Esas cosas son muy teatrales, pero ningún prójimo resulta beneficiado.

Aunque el comentario que más me ha hecho sonreír, es el de aquella que decía: “pero si se dan a usted té inglés con pastitas, pues guay, ...la Providencia le cuida”.

Es verdad, quizá esa sencillez sea la mejor. La voz de los niños es siempre la mejor. Me ha gustado tanto que creo que ése es un buen lema para un escudo episcopal: “¡pues guay!”. No os oculto que percibo ciertas dificultades para traducirlo al latín.

Hoy he celebrado una modesta misa ante 4.000 personas. O mejor dicho, un gran pontifical con concelebrantes, ministros, diácono, etc, etc.

Después he paseado la custodia por la larga iglesia y por fuera de ella, toda la gente no cabía dentro, había varios cientos fuera. La custodia pesaba unos diez kilos. Al principio no notaba su peso, pero al cabo de diez minutos, sí. La gente tocaba la custodia, los de organización cuidaban que la gente no se agolpara. Después de la bendición con el Santísimo, un chico de unos catorce años ha avanzado por el pasillo llorando, abrazado a una virgen de Lourdes. Ha subido de rodillas las escaleras al presbiterio, en cuyo centro estaba yo con la capa pluvial viendo como bajo palio el Santísimo era llevado a su capilla. El chico entre lloros me ha dicho que su madre tenía cáncer y se estaba muriendo en un hospital. Os aseguro que ha sido impresionante. Le he impuesto las manos y he orado un poco. Después, más gente ha querido que le impusiera las manos, y no he hecho otra cosa en los siguientes veinte minutos. Un joven con sotana y roquete no dejaba de repetir: no se empujen, van a tirar al padre y cosas por el estilo. Entre la multitud, una mujer y, después, una chica joven me han dicho que tenían cáncer, he rezado con mucha devoción.

Ah, se me olvidaba, hoy he visto el canal y el casco viejo de esta capital. Ya vereís las fotos cuando me las envíen.

domingo, octubre 21, 2007

En este bello país tropical

Charla de tres horas en la Universidad Latina de Panamá, ante cuatrocientas personas. Después comida en la impresionante casa de la ex embajadora de Panamá ante la Santa Sede. Sentada a mi lado le he pedido que me explicara todo tipo de anécdotas sobre su trabajo. Por la tarde he concelebrado una misa en una gran parroquia. Tras eso hemos ido a cenar a casa de la hija de un ex presidente de la República. Un día con dos buffets realmente agradables. Evidentemente, esto son semanas excepcionales. Pronto volveré a comer mi sándwich de queso y jamón York sentado en mi casa mientras veo el telediario. De todas maneras, estos días me he imaginado infinidad de veces qué consejos me daría Jesús, pobre por antonomasia, si le pidiera un poco de luz. No tengo una respuesta definitiva. Me gustaría tenerla, pero no es así. Es fácil la orgullosa segregación airada de estos círculos, argumentando una pureza que no se logra por el mero hecho de la separación. Es fácil dejarse seducir por el mundo, argumentando la necesidad del apostolado. De todas formas, son tantos los campos en los que tengo que mejorar antes, que este punto de perfección queda para después.

sábado, octubre 20, 2007

Entre dos océanos.

Catorce horas de viaje, una escala en Guatemala. Un ratito en cabina charlando con los pilotos que me fueron explicando los distintos aparatitos y mapas de rutas.

Aterrizaje en Panamá. Me espera una persona del Servicio Diplomático, que me saluda amablemente y me hace pasar a una impresionante sala para embajadores. Me pide el pasaporte, me pregunta si deseo tomar algo y se marcha a hacer el papeleo por mí. Cuando regresa, salgo no por donde todo el mundo, sino por unos pasillos internos. Salir de cualquier lado, no por donde todo el mundo, sino por pasillos internos, produce un cierto cosquilleo. Nunca había hecho una entrada tan impresionante en un país como en éste. Si después me confieso de soberbia con mi confesor y le cuento esto, me dirá: y quién no, hijo mío, y quién no.
Visión nocturna de la capital: ciudad vertical, luces, el Pacífico, los barcos anclados esperando entrar en el Canal. Me acercan a una iglesia donde hay unas ochenta personas esperándome para darme la bienvenida. Digo unas palabras.

A la mañana siguiente, me dirijo al arzobispado de la archidiócesis. Saludo a un antiguo compañero de estudios, él ahora es obispo auxiliar en la capital. En el salón del arzobispado doy una mañana de charlas a sacerdotes y religiosas, predomina el color blanco.El arzobispo asiste a todas las charlas. Por la tarde digo misa privada en una capillita estrecha y llena de pequeñas imágenes.

miércoles, octubre 17, 2007

Siempre nos queda Panamá.



Mañana, llevaré una docena de estas monedas por si la tarjeta de crédito no me funciona.

(Esta moneda me falta. Pero puedo llegar a ser muy generoso a la hora de aceptar regalos.)


Parece mentira, hoy estoy aquí y mañana a estas horas estaré en la otra esquina del mundo. Lo peor de todo es que todavía no he hecho la maleta, y eso es duro. Mañana, madrugón. Para compensar me acostaré en el equivalente de mi amanecer.



He ido a la biblioteca municipal, pero ahí han pasado las fichas a limpio y la señorita me ha dicho que tengo que seguir cumpliendo el plazo en el que no puedo sacar libros, por haberme retrasado en la devolución de mis dos últimos libros. En la Iglesia Católica existe misericordia hasta en el purgatorio, en mi biblioteca municipal no. Así que he tenido que echar mano de libros de mi propiedad, esos que tengo como último recurso: El Perfume y León el Africano. Ya os diré.



Lo que sí que os puedo decir es que odio el pecado y los madrugones. Y si os soy franco, no sé que odio más. Lo bueno de ser Papa es que el avión no sale antes de que llegues. Y si eres Papa, olvídate de los atascos. Pero lo malo es que todos no podemos ser Papa. Así que los aviones seguirán saliendo a su hora y los atascos se seguirán rigiendo por la ley del embudo.



Pero no hay ley del embudo que pueda conmigo, soy carne de cañón, pero no pasarán. Sí, suena a enigmático. Pero se me ha ocurrido y he dicho, sí, ¿por qué no? Además, para qué poner rejas al viento que te acaricia la cara. Sí, lector de este blog, eres la mirada descalza que camina hacia el sur. Bajo el mar de este post late tu mirada que me lee con una sonrisa

Cuestiones numismáticas domésticas III



Así que después de mucho frotar la moneda comprada en la Ciudad Eterna y tener que admitir que las picaduras del metal penetraban de tal modo que aquello no se iba con agua y jabón, he probado por fin aquello de lo que tanto he oído hablar: sumergir lo oxidado en Coca-Cola. Ahora mismo, la moneda vaticana descansa sumergida en la oscuridad protestante de ese líquido. Mañana os diré el resultado de este experimento químico-vaticano; porque uno de los fines de este blog es instruir. Instruir y robustecer los valores cívico-nacionales.


Post Data:
Si esta noche no me duermo, a causa de beberme el líquido limpia monedas restante en la lata, será éste uno de los últimos malos frutos del mal gobierno eclesiástico del final del pontificado de ese santo llamado Pablo VI.

Post Data II:
Como el texto lo escribí todo seguido hace dos días ya os puedo ofrecer la respuesta. Pero no os acostumbréis a estos saltos temporales en que el futuro ya es pasado, y el presente no se sabe dónde está. Pero volvamos al Coke & Coin:


1.Funcionó poco lo de la Coca-Cola para quitar las picaduras de la moneda. Pero había escuchado que la gente hacía la prueba con un tornillo oxidado, no con una medalla vaticana.


2. Dormí bien, hubo dos horas hasta irme a la cama. No obstante, es la última vez que ceno potaje de judías a estas horas de la noche.


3. Las fotos de las monedas que he puesto hasta hoy inclusive, son de monedas que tengo en esa caja.


4. El jueves me voy a Panamá a dar conferencias.

martes, octubre 16, 2007

Cuestiones numismáticas domésticas II


Junto a los dos duros de plata, en la caja, había otras monedas sin valor ni belleza. Unas anteriores al advenimiento de la República, otras con los signos y emblemas de cada uno de los bandos enfrentados en la Guerra Civil, billetes de ambos bandos que proclamaban lo inconmovible de cada Estado. II año de la Victoria, reza una moneda de 25 céntimos agujereada en el centro y con un orgulloso yugo cruzado por un haz de flechas. Yo de niño todavía me acuerdo de haber usado los reales en la panadería, aunque ya era una moneda rara. En mi cajita de billetes, había pesetas de papel perfectamente nuevas, sin usar. Duros de papel y un billete de 10 marcos alemanes de los años 50, de cuando mi padre tuvo que hacer un viaje a ese país a comprar maquinaria para prensar cera, para su fábrica de productos apícolas.

También he encontrado junto a las monedas, el viejo destornillador para tornillos diminutos, en paradero desconocido desde hacía tres lustros, fotos de mi padre (que en paz descanse) y un sonajero de plata que regalaron a mi familia cuando mi bautizo. Un graciosísimo sonajero en forma de pez. Esta noche volví a sostener, a mis casi cuarenta años, el mismo sonajero con el que mis manitas jugaron. Cuantos recuerdos se pueden guardar en una caja olvidada en el fondo de un armario. Una caja grande donde están mi caja de las monedas y la caja de los billetes.
También había una moneda del Vaticano. La compraron mis padres cuando fuimos a Italia siendo yo un niño de unos once años. En mi caso, resulta odioso tener que reconocer que la moneda vaticana ha sido la única que se ha picado con el tiempo. Que en aquellos años finales del pontificado de Pablo VI el gobierno eclesiástico fue lo más parecido al desgobierno, resulta evidente. ¿Pero hasta las monedas? Pues sí. Hasta su mismo diseño carente de gracia, no admite comparación con los duros de plata.
¿Esto es todo lo lejos que estoy dispuesto a llegar a la hora de sacar los trapos sucios eclesiásticos? ¿Cuestiones numismáticas y con treinta años de retraso y con sus protagonistas muertos? Pues sí.

lunes, octubre 15, 2007

Cuestiones numismáticas domésticas I


Hoy hemos comido en casa de la sacristana, el párroco de Mejorada del Campo, el padre de la sacristana, el hijo de ésta y su pareja sentimental. Como no, la conversación ha vuelto a girar acerca de los tiempos pasados del pueblo; se trata de una mesa muy dada a rememorar.


Y se ha hablado de las monedas de antes, de las de finales del siglo XIX. Entonces he intervenido con la patente que me concede el conservar un puñadito de monedas antiguas que me legaron mis antiguos. Entre ellas, hay dos duros de plata de 1870 y 1875. El padre de la sacristana, agricultor de pelo blanco y rostro noble, se acordaba de ellas, de lo bonitas que eran.


Ahora, mientras escribo este post, las tengo delante de mí, monedas grandes, pesadas, de plata.
En el anverso, la más antigua, tiene a España personificada en una mujer recostada y coronada, en el reverso el escudo de España coronado con una corona de torres. La otra moneda, acuñada cinco años después, tiene en el anverso el escudo de España coronado con una corona monárquica, en el reverso el joven rostro de Alfonso XII.


Lo bonito de estas monedas, lo que no puedo comprar en ninguna tienda de numismática, es que han pasado de generación en generación, unas cinco, hasta llegar a mis manos. Las cojo en mi palma sonrosada, suenan bien.

sábado, octubre 13, 2007

Oktober 12


He escrito muchas cosas sobre el mal en mis libros. He leído libros y visto muchos reportajes sobre el III Reich, eso me ha enseñado mucho. Pero uno de las cosas con la que también he aprendido mucho es viendo reportajes sobre las serpientes. Para mí la serpiente simboliza el mal, es un viviente símbolo.


Su aspecto me inspira maldad, astucia, traición, frialdad, carencia de emociones, sus ojos son un mundo sin compasión. Su ataque es verdaderamente especial, no es un ataque más en la naturaleza. La mordedura de la serpiente, sea ésta venenosa o no, es siempre una mordedura en la que el testigo siente la infinidad de sus dientes penetrar en la piel de su víctima. Es fácil ponerse en la piel de un mamífero que está siendo asfixiado por la fuerza de una anaconda. Es fácil imaginar lo terrible que tiene ser oír como ella rompe los huesos de aquél al que ha atrapado.


Toda una pesadilla imaginar lo que uno podría sufrir atrapado por una de ellas. Hay personas que son como serpientes.

viernes, octubre 12, 2007

39º cumpleaños: en ese dulce medio camino entre la euforia y la quietud.


Aquí se ve al padre Fortea escribiendo su post. Las figuras de debajo son los comentaristas.
He releído de nuevo en un libro una página que me llamó la atención. Una obra encargada en el siglo XV por el emperador Chengzu, con el propósito de reunir toda la literatura china en una sola publicación. Esta enciclopedia, la mayor manuscrita del mundo, se llamó Compendio Monumental de la Era de la Eterna Felicidad. Había habido otra obra compilada entre 1005 y 1013 que se llamó Archivos de la Tortuga Adivinatoria. La primera de las enciclopedias chinas fue acabada en el 982, y se llamó Lecturas Imperiales de la Era de la Gran Paz. De estas obras, sólo nos quedan fragmentos y unos títulos sugestivos. Nada más permanente que la letra, nada más volátil. Quizá éste era el pensamiento más adecuado en este momento de la noche en el día que cumplo años. Mientras escribo esto ha sido el instante de transición entre la Suite de Pleasantville y Rome is the light (Hans Zimer, Gladiator). Mi pequeño escrito ha atravesado ambas músicas. Para los que las conozcan, dos músicas insuperables. Mientras escuchaba las dos músicas, también pensaba que estoy en ese momento de la vida equidistante entre la alegre vitalidad esperanzada de la juventud y la sosegada felicidad de la vejez. Entre la euforia y la embriaguez, y la apacible percepción del día que pasa desde una mecedora. Justo en medio, alejándome de un punto, acercándome a otro; a ritmo constante.

jueves, octubre 11, 2007

Fortea 1968-2007


Mientras escribo estas líneas, faltan unas horas para que cumpla mi 39 cumpleaños. Un año para acercarme a lo que comúnmente se considera la mitad de la vida. La mitad de la vida... magnífica situación para hacer balance, contabilidad, números, para dar un banquete con los amigos, para compartir un largo paseo charlando, para ir entre los árboles de un bosque cercano recordando casi cuatro décadas.

Muchos han sido mis defectos en este lapso de tiempo que se me ha dado en la Historia. Pero, desde luego, no ha sido uno de ellos el no hacerme continuamente consciente del don del tiempo. En la columna de mis haberes está el haber percibido día a día la grandeza y limitación del más primordial de todos los tesoros, del más puro de todos ellos, el más barato, aunque en vano busquéis dónde comprarlo. Mi homenaje a esos años pretéritos y a este esperanzado presente fue una densa autobiografía llena de ilusiones.

En las inmediaciones de los cuarenta años, uno ya no puede preguntarse qué será de la vida de uno. La vida será lo que es. El futuro del niño y el adolescente, es el presente que me rodea al escribir estas líneas: mi biblioteca, mis papeles, la bicicleta estática, mi sillón, mis proyectos, mi agenda para el día de mañana.

Este año ha sido y va a ser un año que, humanamente hablando, podría calificar como el año de mis mayores éxitos. Conferencias a sacerdotes de Estados Unidos venidos de costa a costa, obispos entre mis oyentes, viajes a Paraguay, Panamá y Colombia, invitaciones a otros países, y dos cosas más, que no diré aquí, pero que todavía son más impactantes que las anteriores. Y sin embargo, os soy sincero, creo que he llegado a ser un gran hombre, pero no un gran ángel.

Mi vida como hombre no tiene nada que envidiar. Estoy rodeado de cosas bellas, hago tareas que me llenan totalmente, mi día es apasionante, sereno y siempre lleno de novedades. Vivo en una bellísima ciudad, en un país floreciente, en una de las más privilegiadas zonas del mundo donde tener una casa. No puedo pedir más. Pero casi a los cuarenta años, me sigo dando cuenta de que estoy lejos del heroísmo espiritual de Historia de un alma, o del ideal de La Subida al Monte Carmelo.

Lo peor de todo, es que la constatación de este desnivel entre el ideal y la realidad apacible que soy, no me altera mucho. Un poco más de agobio sería deseable, aunque siempre he sido persona poco dada a los pensamientos tortuosos. Confiemos en que este año sea el comienzo de un camino como el que vi en la película Becket cuando tenía dieciocho años.

Ah, qué tiempos aquellos...

miércoles, octubre 10, 2007

Una ovejita del rebaño


Hoy he visto la catedral de Orvieto (Italia), desde el salón de mi casa, en un magnífico libro que me ha dejado el bromista párroco de Torres. Se ha convertido, al momento, en una de mis diez catedrales favoritas. Qué soberana elegancia, qué primavera de colores en los mosaicos de su fachada, qué armonía en su perfección. A partir de ahora si me preguntan ¿por qué cree usted en Dios, padre Fortea? Responderé: por la catedral de Orvieto.

Llevo ya casi un año de post, faltan dos posts para ello. Durante este año, os he abierto las puertas de mi pensamiento. Habéis conocido mi “yo”, os habéis paseado por mí, hemos paseado juntos, nos hemos conocido, a unos cuantos personalmente. Ha sido una experiencia tan gratificante para mí. La escritura como contacto, como conocimiento del otro, del lector. El blog como un punto de encuentro entre autor y escritores. Curiosamente hasta me ha unido más a alguno de mis primos.
Ha sido bello escuchar de Sergio que en este blog se ve "la ironía puesta al servicio de la alegría". Sí, Sergio, sí. Y no sólo de la alegría, sino también de la repoblación forestal.

Hoy he leído unos párrafos de Memorias de Adriano. Al llegar a esta línea:“pensaba en las gotas de sangre celta, ibera, quizá púnica, que habían debido de infiltrarse en las venas de los colonos romanos del municipio de Itálica..”he pensado que ninguno de los grandes espíritus han sido nacionalistas. Un pensador de gran talla sólo puede ser cosmopolita. Después de esa línea sencilla puesta en boca del emperador Adriano, qué limitado se me hace el discurso de la mentalidad nacionalista.

martes, octubre 09, 2007

Este es el padre Fortea antes de cambiar su vida y entrar en el seminario.


Sí, observad lo desatinada que era la moda en los años 80. La peluca, ya entonces. Y esa mirada, aplicada desde entonces a los cánones y la dogmática.

Esta es la lectora del blog, la de los jueves. Mirad que mirada tan fría. No me extrañan algunos comentarios a los posts.


Esta noche he soñado que iba a casa de un amigo mío para salir a dar un paseo, ya que la luna iba a mostrar un efecto lumínico, algo así como un anillo alrededor de ella, que ocurría una vez cada mucho tiempo. Pero al entrar en su piso, el amigo pasa a ser una persona que conocí una sola vez hace bastantes años, y del que ya ni me acordaba. El cual me dice que todavía tiene que vestirse. ¿Lo haces en poco tiempo? Pues no, me responde, necesito bastante tiempo.


Incomodado, pero sin otra opción, espero en su habitación mirando libros y cosas de los estantes, aunque poco había allí que pudiera hacer más pasable mi espera. Mientras esperaba, tenía miedo de que se hiciera tan tarde que ya no pudiéramos ver el efecto astronómico.


El caso es que encuentro en los estantes un libro de unas mil páginas. La encuadernación era de los años sesenta. El Libro de los Sueños, se titulaba. Libro científico, rezaba la trasnochada portada. Una segunda lectura cambió el encabezado por el de Gran Enciclopedia Científica. A veces, en los sueños, mirar por segunda vez hace que las cosas cambien.


Me puse a hojear el grueso volumen a ver si encontraba algo sobre sueños lúcidos. Qué cosa tan curiosa leer un libro sobre los sueños durante el sueño. Y más sobre buscando algún apartado que hablara de qué hacer para tener sueños lúcidos. El libro era tan grueso y su índice tan poco clarificador que no encontré lo que buscaba. Pero sí que leí un par de títulos muy poéticos. De uno de los dos títulos ya no me acuerdo, el otro decía refiriéndose a las pesadillas: cuando el ángel se transforma en bestia.

Hoy he pasado la jornada enclaustrado en casa, acabando la revisión de mi novela sobre los templarios. El día y sus horas han girado alrededor de esa historia que escribí hace años y que ahora redescubría yo, su autor. Gracias a mi mala memoria, tengo el gozo de leer mis historias con la alegría del descubrimiento.


Hollhoper me acusa, con razón, de ser un escritor perezoso. A propósito, ella me ha enviado un e-mail sobre el post anterior. Como en todos sus e-mails, en éste se muestra como siempre brillante, incisiva. No me resisto a ponéroslo aquí. Tengo su consentimiento tácito o, al menos, su callada resignación:


(…) Si acaso he lamentado, profundamente, que pertenezcas a un club netamente machista y eventualmente misógino.

(…) Lo tuyo es algo circunstancial, cultural, social y casi político; no puedes evitar que tu masculino punto de vista quede anclado en formas sociales clásicas... y tampoco puedes evitar creer que has dejado a alguna damita triste por dedicarte en cuerpo y alma al sacerdocio, un pensamiento de lo más vanidoso por cierto.... los ecos del eterno lamento callado sacerdotal expresados a través no de sí mismo sino de la tristeza de la parte contraria..... ES EL COLMO.

Y, además, te encanta querer situarme en el papel de mujer histérica.... Es muy poco deportivo por tu parte no haberme avisado de lo que ibas a escribir en tu blog, tenía derecho a la réplica.

domingo, octubre 07, 2007

No hay nada como comenzar con un buen desayuno


Y después del desayuno, un pequeño descanso a la hora del almuerzo


Correspondencia ordinaria.

Hollhoper me escribió esta mañana: "El post del reverendo era bonito, agradable, correcto, amable.... y de repente los últimos párrafos comparando a solteras con moras pasadas y resecas..... es algo tan vil, tan humillante.... sólo puedo decir, en justa venganza: Voy a salir al huerto, a ver, por encima del muro de linde las granadas del huerto de mi vecino, pendiendo de los árboles, pasadas, abiertas, ya casi negras y con esa "fragancia" dulzuna de la fruta que se pudre en el árbol... meditaré profundamente para encontrarles un parecido a algo.... O A ALGUIEN...... "

Ya estoy acostumbrado a este tipo de salidas feministas furibundas. Mi primer movimiento fue responderle con vehemencia: ¡pues sí, sal por el campo a ver si encuentras algún tubérculo, matorral o bellotero que te recuerde a los descendientes de Adán!

Pero después me di cuenta de que las feministas lo interpretan todo en clave feminista, y que por tanto debo ser condescendiente, magnánimo. Ella siempre me acusa de ser un machista fascista. Yo le respondo que sinceramente considero que ella es una intelectual llena de sensibilidad.

Abro otro e-mail, me pide que le ingrese todos mis ahorros a un banco en África porque en la República Denosedonde hay no sé quien que tiene una fortuna, pero que no puede sacar por no sé qué razón. No sé, no sé, no acabo de ver claro el tema. Al menos, si hubiera una foto. Aunque mucho más interesante que este largo e-mail, es el breve siguiente que me vuelve a a ofrecer unas pastillas que, en mi estado, no necesito absolutamente para nada.

Hemos encontrado pruebas irrefutables que resuelven el misterio de por qué faltaba siempre vino del famoso tonel del monasterio de Beuron del s.XII


En mi día, hay costumbres que son de lo más bucólicas. Una de ellas es que más o menos desde principios de septiembre, iba todos los días a un montecillo cercano a Anchuelo a comer moras. Lo hacía siempre al atardecer. Cerraba la iglesia y me iba leyendo vísperas por una ladera hacia la zona donde están las zarzas más hermosas. Allí había más moras de las que me podía comer. Verdaderos racimos de frutitos muy negros y jugosos. Cada día dedicaba unos cinco minutos a esta grata merienda tan cercana a la cena. Operación que realizaba sin que mi izquierda soltara el breviario, procurando no enganchar mi manga en las espinas y teniendo cuidado de no mancharme la ropa con un jugo tan difícil de sacar como es el de la mora. Algunas hojas blancas de mi breviario quedaron marcadas de forma indeleble, felizmente, en recuerdo perpetuo de esos momentos casi infantiles.

Alguna vez me topaba con algunos del pueblo, como mi sacristana, que venían a hacer lo mismo que yo. En esos casos, comíamos y charlábamos mirando al frente, muy atentos cada uno a nuestra búsqueda.

Hoy 6 de octubre, ha sido el primer día en que ya no había moras. Quedaban muchos racimos con las moras sin recoger, pero secas. Eran moras marchitas, recuerdo triste del fruto jugoso de piel tensa y brillante. Las que quedaban ya no eran brillantes, sino opacas, ya no eran apetitosas, eran una parábola perfecta del paso de la juventud a la vejez. La vida resumida en unas moras. Hasta me he puesto un poco triste, mirando las moras. Otros días llenaba mi estómago, hoy me he llenado de melancolía.

Mirad, voy a decirlo claramente, pensaba en tantas decenas de miles de chicas en el mundo que se quedan solteras y envejecen sin encontrar un marido con el que fundar una feliz familia llena de niños.

¿Y los chicos? ¿No le recordaban las moras a los chicos solteros? Pues no, las moras sólo me recordaban a las chicas. Supongo que por el campo quizá halle algún tipo de vegetal, flor o árbol que me recuerde a la otra cara de la moneda. Pero las moras sólo me recordaban al sexo femenino, lo siento.

sábado, octubre 06, 2007

Las almas de los niños antes de nacer, descansando en el seno de Dios


Ayer fue el día del descubrimiento de mi prima Mónica. Una persona puede ser de la familia y no por ello ser muy conocida para un primo. Pero las horas de conversación y cena de ayer supusieron un zambullirme en sus ideas, ilusiones y forma de ser, en su vital alegría y sus explosiones de risa.

Con ella me vienen a la memoria muchas cenas en una finca de Barbastro, muchos juegos al pilla-pilla por el campo, un soleado verano en La Manga dándonos interminables chapuzones en el agua, los bocadillos de pimientos asados y un piso atestado de primos juguetones.

Su hermano mayor, Aitor, es la energía. Se nota la energía en su carácter, su vitalidad y seriedad en el hacer las cosas. Su hermano pequeño, Iker, es la bondad, la nobleza de sus sentimientos. Éste es mi lector. En él tengo esperanzas de que anide la pasión por la lectura.

Curiosamente, vivíamos lejos, a muchas horas de distancia, yo en el Norte, ellos en el Sur. Pero la lotería de la vida ha hecho que ahora vivamos a 25 minutos de distancia.

viernes, octubre 05, 2007

Llueve y llueve en Madrid, una lluvia otoñal, melancólica, continua, fina.


He soñado cómo hacía la maleta antes de un viaje en avión. Ha sido un sueño, largo, realista, en que valoraba qué era lo esencial que debía llevarme. No ha sido una pesadilla, ni un sueño alegre, ni imaginativo, ha sido un sueño funcional, aunque francamente no ha servido para nada.

Más interesante ha sido que también he soñado que el arzobispo de Sevilla se acercaba a mí a saludarme y me manifestaba con una sonrisa que deseaba leer mi libro. Se lo mandaré por correo ha sido mi amable y dormida respuesta.
En otro orden de cosas:

Llevamos ya casi un año de blog. En este año, hemos intentado día a día responder a la pregunta “qué es un blog”. Ciertamente, las grandes respuestas a la aventura de la vida han sido desentrañadas a lo largo de 365 posts. Si las preguntas esenciales de algún lector no han sido resueltas satisfactoriamente con este blog educativo, puede releer el post 38-R y el 342-H-bis.

Quiero agradecer una vez más al Ministerio de Educación y Ciencia la subvención que me concedió para fundar este blog. No puedo elogiar tanto la generosidad en las dietas, que han sido pocas. Y como he repetido muchas veces a la ministra: ¡al blog hay que mantenerlo!, tiene gastos y todo eso.

Menos mal que la CIA me da una pequeña comisión por decir algo, de vez en cuando, sobre el demócrata de Caracas, el Amigo de la Gente. Lo que no recuerdo es quién me paga por decir algo sobre el enanito de Corea del Norte.

jueves, octubre 04, 2007

Padre Fortea, la vicepresidenta me da miedo. También a mí, hijo mío, también a mí.


Os confieso que, desde hace unos días, cuando voy en coche o ando de un lugar a otro, mentalmente deambulo un poquito por mi proyecto arquitectónico. Aunque curiosamente nunca deambulo, siempre imagino la ciudad sobre el papel, como plano en tres dimensiones, mirando el aspecto que tendrá desde un ángulo o añadiendo una nueva avenida lateral a la parte central.

Añadir, por ejemplo, una avenida lateral supone una serie de problemas en el trazado de la red viaria que estimulan mi mente en busca de soluciones. Esa Avenida Central, de la que ya os hablé, está encajonada entre dos muros de cincuenta pisos de altura, de ahí que todos los desvíos de la Avenida son subterráneos. No quiero seguir explicando este asunto de los desvíos subterráneos, porque se trata de una fantasía que sólo me entusiasma a mí.

Pero la idea de crear una gran e impresionante nueva capital para una nación grande, es todo un placer para mi imaginación: poder partir de cero, poder hacer las cosas del mejor modo posible sin ataduras a trazados pasados, poder hacer las cosas de la manera más racional, de la manera más bella, la ciudad como obra de arte, como obra unitaria y no como mera acumulación de edificios.

Quizá mis proyectos parten de ese anhelo subconsciente que todos los europeos (y los hijos de los europeos) hemos tenido de volver a levantar una Nueva Roma, un Nuevo Foro. Se trata no de una ciudad, se trata de un arquetipo, de un símbolo, de una cima, de un modelo repetido mil veces sin ser superado nunca. Todos los nuevos visionarios de la arquitectura, con muy buen sentido, siempre supieron que ya no valía volver a repetir lo anterior. Había que recrear creando. Paris y Londres lograron fueron intentos supremos y, al mismo tiempo, con su propio acento. No fueron intentos fallidos, sino intentos exitosos, aunque no pasaron a nuestro subconsciente. La única ciudad que lo intentó y sí que logró pasar al subconsciente de nuestra civilización, fue Nueva York. Ella no sólo fue la Nueva Roma del siglo XX, sino que creó una copia que no tenía nada que envidiar a la versión original. También ésta, como la mítica Urbe, será imitada una y otra vez en nuevas versiones que no la reproducirán fielmente, sino que tratarán de mejorarla.

Será imposible reproducir su vida, la vitalidad de sus calles, los mil detalles colosales que la hacen grandiosa. Se trata de una ciudad imperial. Nueva York no es una ciudad, es ya un género, como alguien dijo. Lo único que le otorga un aire de melancolía a la ciudad es saber que su tiempo de esplendor ya pasó, que desde los años 70 su crecimiento se detuvo. La nieve cae sobre su magnífica 5ª Avenida y la ciudad sabe que son otras las urbes que ya se están gestando. La fuerza de la Historia ya ha pasado a otras latitudes. Eso le confiere un halo de melancolía, no puedo dejar de pensar en ello cuando camino por sus pétreas calles réplica en sus frontones y columnas y estatuas de otra ciudad, para la que también el tiempo pasó y la fuerza de la Historia también plantó sus reales en otros lares.

miércoles, octubre 03, 2007

Sería maravilloso que los bebés, en vez de llorar, se pasaran todo el rato riendo.Pero lo cierto es que lloran.


Hoy he visitado una casa de mi diócesis. Llevaban escuchando todo tipo de cosas muy raras en la casa, más que raras, inexplicables. Y había tres testigos. Después de una semana orando lo que les dije, hoy por la noche fui a la casa.

La situación era tan real como propicia para una película de terror: una casa en el campo, noche, oscuridad, lluvia.
Estuvimos rezando una media hora todos juntos. Es cierto que, al principio, yo también escuché en el espacio entre el techo y el tejado unos golpes. Golpes claros y que no parecían de ningún animal. Pero después desaparecieron.

No mucho después sentí un roce en la piel de mi cabeza. No volvió a suceder nada extraño. No volvió a haber golpes esa noche, y eso que me dijeron que siempre, cada noche, los había, muy claros, cada poco rato.

Mi opinión es que se trataba de un alma. Hay almas del purgatorio a las que Dios permite manifestarse, para que oremos por ellas. No es el primer caso que tengo de “presencias” que simplemente orando, desaparecen.

No suelo contar cosas de mi trabajo como sacerdote, cosas serias. Pero es que son muchas las almas que se manifiestan a los vivos para recordarnos la existencia de la otra vida.

martes, octubre 02, 2007

Más sueños del p. Fortea no, pliiizz


Hoy he soñado con un grabado en blanco y negro. Todo el sueño ha sido la contemplación de ese bello grabado de tamaño grande. Tenía un estilo decimonónico. Representaba a gran tamaño a Jesús en la pose enérgica y poco realista de Sansón derribando el templo de los filisteos. El templo era neoclásico y los personajes que por allí pululaban estaban vestidos como ilustrados franceses de la época de la Revolución. En un momento de mi sueño, insisto en que todo el sueño fue contemplación de este bello grabado, me fijé en la tranquilidad de un personaje que tenía una parte de una columna casi tocándole la cabeza en su caída. Claro que la mala composición del dibujante hacía que ese trocito del dibujo resultara irreal: el hombre andando como si tal cosa y una formidable columna a punto de golpear su cabeza.

Día libre en reclusión domiciliaria dedicado a la corrección de un libro mío, el de los templarios, que se va a publicar en octubre en México. La vida del escritor tiene muchos días de libertad muy condicional.
Hoy me ha sacado de la cama una llamada de Canadá, a esa hora justa en la que te planteas si vale la pena regresar a la cama o dar por concluido ese magnífico tiempo de inconsciencia. Si te llaman en mitad de la noche te duermes y ya está. Si te llaman a otras horas, puedes retomar el sueño. Pero cuando te llaman un rato antes de la hora de despertar, entonces… te han fastidiado. Se lo he dejado muy claro al sujeto: ¡¡sabes la hora que es aquí!! Estaba tan enfadado que el inglés me ha salido fluido.

La hora no la digo. Si es muy pronto, dirán “aquí está dándoselas de madrugador”. Si es algo tarde, dirán “vaya, que aburguesado”. Así que sólo digo que me levanto cada día a una hora decente, digna de mis hábitos honorables.

lunes, octubre 01, 2007

¡Deje de poner niños llorando! No, dije.


Aficiones para momentos perdidos.

Ver vídeos de gatos en youtube.

Llamar a la señorita Hollhoper para preguntarle qué está leyendo.

Hacer una sustracción de 200 calorías a mi cuerpo sobre mi bicicleta estática, mientras veo un trozo de Cuarto Milenio.

Escuchar la música de una banda sonora, mientras hago algo.

Es curioso, en mi modesta opinión, pocas músicas como las de las bandas sonoras expresan la grandeza, lo épico, de un modo tan perfecto. Es como si la música te hablara de una historia, la de la película que no has visto, pero cuyo espíritu está apresado en esa música. Como si el resumen, el epílogo, la conclusión de toda esa gran historia estuviera encerrado en esas notas que te hacen soñar, imaginar, desear conocer la historia que no has visto. Por ejemplo, nunca he visto Gods and Generals, pero he oído admirado la grandeza de su música y sé que ver la película sólo serviría para defraudarme. Lo mismo me pasó con Glory, aquí sí que tuve la oportunidad después de defraudarme. Escuché durante semanas un tema de una película, cuyo título no recuerdo, una música que me retrotraía a tiempos medievales, a historias de reyes en pequeños reinos. Después me enteré que la película estaba ambientada en el Vietnam del siglo XX.

Otras músicas me recuerdan toda la película entera, y traen a mi mente las emociones que sentí al verla, como La Misión. Otras músicas me recuerdan la edad y el cine en el que la vi, como Cocoon.
Ahora escucho una música insinuante, lenta, en la que las trompetas avanzan con precisión y parsimonia sin dejarnos atisbar si el tema será triste o alegre. Alguna cuerda aparece, pero finalmente lo que amanece entre los acordes son los sones de un piano melancólico. El piano y un instrumento de viento se entremezclan sabiamente.