domingo, febrero 10, 2008


Hace tiempo busqué la preciosa lista de cosas agradables que escribió una cortesana japonesa hace siglos. No recuerdo ni el nombre, ni más datos. La escuché una vez y me fascinó. Si algún lector la conoce, le agradeceré ponga el vínculo o la lista de esa obrita.
¡¡Chavez, ríndete!! La cordura te tiene rodeado.

13 comentarios:

  1. Anónimo4:54 a. m.

    PADRE FORTEA:

    Al despetarse en su E-mail encontrara lo que buscaba, LAS COSAS AGRADABLES.....

    que tenga un lindo día,

    Sylvia

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  2. Genia de la lampara maravillosa8:36 a. m.

    su deseos son ordenes

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  3. Gracias Sylvia yo estoy deseando leerlas

    A las autoridades: thank you for your notice noticing that we notice your thanking and notices.
    It was nice to read it in the traffic jam, next one @las cosas agradables@ pleassse

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  4. Sei Shonagon7:26 p. m.

    137. Nubes

    Me encantan las blancas, purpúreas y negras nubes, y las nubes de lluvia cuando las lleva el viento. Es encantador al amanecer ver las oscuras nubes que poco a poco se vuelven blancas. Creo que esto ha sido descrito en un poema chino que dice algo sobre “los tintes que se retiran al amanecer”.

    Es conmovedor ver pasar un tenue jirón nube sobre la luna brillante.

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  5. Sei Shonagon7:28 p. m.

    16. Cosas que emocionan

    Pichones de gorrión. Pasar por un lugar donde juegan niños de pecho. Ver un espejo extranjero con su luna manchada. Una persona de alta condición detiene su carroza, y ordena a su sirviente que solicite una cita. Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola. Lavarme el cabello, maquillarme y vestir ropas perfumadas. En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe. Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento, sin motivo y de repente me sobresalto.

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  6. Sei Shonagon7:29 p. m.

    Cosas encantadoras
    El rostro de un niño dibujado en un melón.

    Un pequeño gorrión que viene saltando al imitar alguien el chillido de un ratón.

    También es delicioso cuando al atar a un gorrioncito con un hilo, sus padres le traen insectos o lombrices y se los entregan en el pico.

    Un niño de dos años que viene gateando apurado, en el camino encuentra una pequeña basura, la recoge y la muestra a los mayores. Una adorable escena.

    Una niña a la que están cortando los cabellos como a una monja, de manera que los ojos quedan cubiertos, despeja su cara sin usar las manos, inclinando su cabeza a un costado pues quiere ver algo. Realmente encantador.

    Ver los tasukigake blancos y limpios de las niñas, ¡qué agradable sensación!

    Un paje de Palacio, todavía muy joven, camina con traje de ceremonia.

    Un hermoso bebé es alzado sucesivamente por distintas personas, que se lo van pasando una a otra. Cuando cae dormido, ¡qué gracioso se lo ve!

    Los objetos que se utilizan al jugar con muñecas de papel.

    Arrancar las hojas pequeñas de un loto que flota en el estanque.

    Las hojas de la malva pequeña son también deliciosas. Culquier cosa, si es diminuta, resulta grata.

    Un niño de dos años, gordo, blanco y bonito, vestido con un kimono muy fino y largo, lleva puestos sus tasukigake, gatea y es encantador.

    Un niño de unos ocho o diez años lee un libro escrito en chino con su voz infantil.

    Pollitos blancos con largas patas caminan de una manera graciosa; parecen vestidos con kimono demasiado cortos, pían muy fuerte, y van tras las personas o rodean a la gallina. Ver esto es sumamente grato.

    Huevos de pato. También sus nidos.

    La flor de clavel silvestre.

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  7. Sei Shonagon7:29 p. m.

    Cosas que no pueden compararse
    Verano e invierno.
    Noche y día.
    Lluvia y rayos de sol.
    Juventud con vejez.
    La risa de una persona con su cólera.
    Negro y blanco.
    Amor y odio.
    La pequeña planta de añil con el gran filodendro.
    Lluvia y llovizna.
    Cuando una ha dejado de amar a alguien, siente que el otro se ha transformado en una persona distinta, aun cuando no haya cambiado.
    En un jardín muy verde hay cuervos dormidos. Más tarde, hacia la medianoche, los cuervos de uno de los árboles de pronto se despiertan con gran agitación y empiezan a batir sus alas. Su inqietud se extiende a los otros árboles, y de inmediato las aves están sobresaltadas, graznando alarmadas. ¡Cuán diferentes de los mismos cuervos durante el día!

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  8. Sei Shonagon7:30 p. m.

    Cosas sórdidas

    El revés de un bordado.

    El interior de la oreja de un gato.

    Crías de ratón, todavía sin pelo, que salen retorciéndose de su guarida.

    Las junturas de un abrigo de piel, que no han sido todavía cosidas.

    La oscuridad en un lugar que da la sensación de no estar demasiado limpio.

    Una mujer poco atractiva que cuida muchos niños.

    Una mujer que enferma y permanece doliente durante largo tiempo. En el recuerdo de su amante, no especialmente devoto de ella, debe de parecer casi sórdida.

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  9. Sei Shonagon7:31 p. m.

    Personas que parecen sufrir
    La nodriza que cuida a un bebé que llora de noche.

    Un hombre que tiene relaciones con dos mujeres, y las ve disgustadas y mutuamente celosas.

    Un exorcista, que tiene que habérselas con un espíritu obstinado, espera que sus encantamientos surtan efecto de inmediato, pero varias veces frustrado, debe perseverar, rogando que sus esfuerzos no acaben convirtiéndose en objeto de mofa.

    Una mujer locamente amada por un hombre absurdamente celoso.

    Los hombres poderosos que sirven en los primeros puestos, y cuya vida ha de ser tan placentera, nunca se ven tranquilos.

    Las personas nerviosas.

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  10. Sei Shonagon7:31 p. m.

    Sei Shonagon
    Anochece
    Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis notas por completo, haciendo un último esfuerzo.

    Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser conocidas por nadie. Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas. Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme.

    Un día, el ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz me preguntó:"¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de Historia". Entonces yo le contesté: "Si fueran míos, los usaría como almohada". La Emperatriz me dijo: "Entonces, quédatelos", y me los dio.

    Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos. Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles. Si hubiera elegido temas que las demás personas consideran interesantes o espléndidos, o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar mis escritos, tendrían derecho a afirmar "conocemos sus sentimientos". En otras palabras, la crítica sería admisible.

    Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía. Nunca esperé recibir, sobre estos escritos casuales, comentarios tan importantes como los que se dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así: conozco la mentalidad de aquéllos que hablan bien de lo que detestan, y critican lo que les gusta. Por eso todavía lamento que hayan leído mi libro.

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  11. Más en http://www.abanico.org.ar/2005/12/sato.sei.htm

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  12. Anónimo11:32 p. m.

    soy lo que tú no esperabas.

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  13. ¿La cordura le tiene rodeado?

    Jajajajajajajajaaaaa.

    Mira, que eres tan ocurrente, que no dejas de sorprenderme (a mí y a otros, con tus frescos posts).

    Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, Pater.

    Bendiciones.

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