viernes, julio 04, 2008

OBISPOS & POLÍTICA (3 parte): Jerusalén celeste y terrestre


¿Qué hacer entonces claman los lectores de este blog?

Mi opinión es que llegados a este punto, después de una larga reflexión, espiritual pero no cándida, creo que la Iglesia debe desligarse de todo partido. Debe dejar bien claro que ya no está con nadie, ni con nadie, ni contra nadie. Y al mismo tiempo, debe crear un partido político minúsculo que sea su voz en el ámbito político, público y mediático. Un partido muy pequeño que desde el principio sabrá que no va a gobernar, que puede tener uno, dos, cuatro escaños. Pero cuya misión será la defender de una forma clara, dialogante, abierta, sin complejos, el Evangelio y la Iglesia que depende de ese Evangelio.

Es decir, se trataría de reconocer que hemos fracasado en la idea de que hacer fermentar con nuestra levadura un partido, y que ese partido a su vez transmita esos valores a la sociedad entera. Ahora de lo que se trata es de ser pragmáticos y crear un instrumento, un partido cristiano, de personas de absoluta confianza, sin ambiciones, insobornables y cuya calidad personal, intelectual y moral sea impresionante. No se trata de formar un partidito de gente que siempre aparezca en las entrevistas quejándose y que nos diga lo mal que está todo, no. Se trata de crear un grupo modélico, algo que roce lo ideal. Un grupo que enseñara a toda una nación lo que es la Política con mayúsculas, que nos enseñara con obras lo que desde el principio debería haber sido la política.

Un grupo pequeño, como un comando de élite, que sea nuestra voz en los medios, en la cámara alta y baja, y que defienda el Evangelio con la cara muy alta. Los valores evangélicos en economía, en política, en la legislación, en todo. Por supuesto, este partido de vez en cuando (sería una lotería) podría ser un partido bisagra.

Podemos conseguir mil veces más con dos o tres diputados de esta pequeña formación, que con millones de votantes católicos diluidos en un partido que, al final, sólo habla de lo políticamente correcto.