lunes, septiembre 29, 2008

La gripe


El sábado por la mañana tuve los primeros síntomas de la gripe. Por la tarde en la misa, me sentía con fiebre pero cumplí con mis deberes parroquiales sin mayor novedad.
Por la noche, sin embargo, no me podía dormir de malestar. El malestar me impedía centrarme en la lectura, remedio para toda noche de insomnio.
Me pasé las horas muertas deambulando por la librería en busca de cosas raras. Encontré mi colección de sellos, los miré uno a uno. Encontré unos comics de Superlópez, también los hojeé sin muchas ganas. Hallé un atlas bíblico que no sabía donde estaba, tres libros ilustrados sobre los ejércitos de la Antigüedad, y hasta el catecismo de mi primera comunión. Me dormí a las seis de la mañana.

En la misa del domingo por la mañana tuve que excusarme por la voz muy tomada y por las toses que jalonaron mis palabras. La tarde no la pude aprovechar en nada, no me sentía con ánimos para ninguna labor intelectual o espiritual.

Pero hoy por la mañana ha sido horrible al levantarme. Me he sentido muy mal. Además me dolía una parte de la cabeza, hasta tal punto que me provocaba nauseas. Eso sin contar con la tos seca, que siempre es muy desagradable.

Me he sentido tan mal, que tras anular una cita, me he metido de nuevo en la cama y me he dormido hasta las 14.30. A esa hora me he levantado, sin apetito, con nauseas, sin ganas ni fuerzas ni para hojear algún libro, ni siquiera para sentarme delante del televisor y ver algún reportaje.

A eso de las 18.00 ya he sentido una cierta mejoría. Y a las 21.00 ya estaba totalmente bien.

En estas últimas sesenta horas, los virus malignos y las defensas benignas han luchado en el campo de batalla de mi cuerpo. Y el Bien ha vencido

Hay gente que cuando estás enfermo te preguntan si quieres que vayan a hacerte compañía. Yo, cuando estoy enfermo, no quiero visitas. Quiero que me dejen tranquilo. Siempre que estoy en cama con gripe, pienso: menos mal que estoy solo.
Esta vez no, pero normalmente la fiebre me produce una sensación de placidez muy agradable.

domingo, septiembre 28, 2008

10 consejos sobre la vestimenta de los obispos


Siempre me he preocupado por el bien de la Iglesia, y con ese espíritu constructivo me gustaría dar algunos consejos a los obispos acerca del modo de vestir.

Hay que partir del hecho de que los obispos visten bien. Así como el cura siempre viste mal, salvo que éste sea del Opus Dei o Legionario de Cristo, los obispos podrán tener muchos defectos, pero no éste. Los obispos visten de forma adecuada, sin estridencias, ni excesos por un lado o por otro.

No voy a seguir analizando este hecho episcopal, ni este defecto presbiteral, sino que pasaré directamente a la pequeña lista de diez sencillos consejos sobre la vestimenta episcopal.

1. La cruz pectoral nunca se coloca en el bolsillo del clériman. Después uno se acostumbra y se dan hasta las entrevistas por televisión con la cruz de ese extraño modo colocada.

2. Los grises combinan muy mal con los negros. Mezclar en el clériman una variedad de jerseys grises con pantalones negros, americanas negras con camisas grises, es algo que siempre resulta mal. Claro que el cura normal no percibe esa disfunción ya que él mismo va mil veces peor.

3. De cada cien encuestados, 99 afirman que el cuello romano siempre es más elegante que la tirilla. Y hay que advertir que esta encuesta tiene un margen de error del 1%.

4. Si a pesar de todo uno desea llevar tirilla por razones sentimentales, por favor, nunca, jamás, se debe llevar mal colocada. Resulta horrible llevarla colgando o medio metida en la tela. Además, eso acaba creando costumbre y el sujeto la lleva así sin darse cuenta. Si uno decide que tiene que abrirse el botón del cuello, se extrae la tirilla y se guarda en un bolsillo.

5. La cruz pectoral nunca se lleva sobre la casulla, sino sobre el alba. Y cuando se usa casulla, ésta cubre la cruz. La razón es que uno se recubre entero con esa prenda, incluidos otros ornamentos como la estola. Por otra parte no tiene sentido multiplicar las cruces, cuando en la misa la cruz central y única pasa a ser la del altar.

6. La cruz pectoral debe ser reconocible de lejos como lo que es: una cruz. Evítese el uso de cruces abstractas.

7. La mitra de telas estampadas queda bien. Pero la mitra realizada con muy buena voluntad por la monja bordadora siempre queda mal. La mitra no es el mejor lugar para poner la palabra María, florecitas y demás diseños tan al gusto de las poéticas manos monjiles. Insisto, telas estampadas, bien. La monja bordadora, mal.

8. El uso de pins sobre la americana del clériman no es de buen gusto. Sobre el clériman no queda bien ni siquiera una crucecita en pequeño. Un clériman despejado, limpio y bien negro es el signo por excelencia, no hace falta nada más. Es elegante y correcto.

9. Evítese que en el jersey negro del clériman aparezca una marca aunque sea el cococrilo de Lacoste.

10. No sería lógico que un prelado disponiendo de magníficos báculos de plata repujada del siglo XVII bien guardados en el museo diocesano, se empeñara en seguir usando novedosos báculos ultramodernos de dudosa estética.

Picoteando por aquí y por ahí



Ian Gibson: Pondría una bomba en la cruz del Valle de los Caídos, me ofende como cristiano.
Comentario forteniano: Vosotros todo lo arregláis a bombazo limpio. Estas ganas de arreglar la Historia a base de dinamita siempre ha sido muy de izquierdas.

La secretaria de Relaciones Institucionales del PSOE:
Un niño puede llevar en la mochila el catecismo y la Constitución.
Comentario forteniano: Lo mejor es llevar el catecismo, la Constitución, dos tarros de mermelada y un blandiblup. Ya nadie se acuerda del Blandi Bloop, pero yo sí.

Stephen Hawking: La ciencia no deja mucho espacio ni parea los milagros, ni para Dios.
Comentario forteniano: Ya sabía yo que el padre Pío de Pietralcina era fruto de mi subconsciente. Mírame a los ojos y repite: este blog es fruto de mi subconsciente, este blog es fruto de mis traumas reprimidos.

Qué triste panorama, qué yermo intelectual (frase hecha, pero que queda bien), para animarme mañana escribiré algunas normas de buen vestir para los obispos.

sábado, septiembre 27, 2008

La misa tridentina y la misa del Vaticano II


En los últimos años ha ido ganando terreno, sobre todo entre la gente joven, la idea de que el Misal del Vaticano II supone un gran atentado contra la tradición litúrgica.

Para todos aquellos a los que se les ha inculcado una cierta manía contra la misa no tridentina, me gustaría decirles que la Misa del Vaticano II fue el resultado de los estudios realizados por los mejores liturgistas del tiempo preconciliar.

Un conocimiento meticuloso de la evolución de la misa desde los tiempos apostólicos, llevó a la creación de un misal que nos retrotrajera al espíritu litúrgico de los primeros siglos. Se eliminaron repeticiones acumuladas por la Historia, se enriqueció la liturgia de la Palabra, se buscaron las más antiguas liturgias de las que hay constancia para ver qué nos podían aportar a nuestras celebraciones. Y todo esto se hizo con la clara voluntad de tratar de preservar cuanto de bello y positivo habían decantado los siglos en el misal tridentino.

Honestamente, todos los que critican nuestro actual misal no sé cuál es su nivel de conocimiento de los cánones sirios, o de las diversas tradiciones occidentales como la ambrosiana o la visigótica. Cualquiera que conozca de verdad el conjunto de la liturgia, reconocerá que lo que tenemos ahora es un verdadero monumento litúrgico que conjuga a la perfección lo antiguo, la tradición y la sencillez en una magnífica evolución que nos ha llevado a lo que tenemos.

El Misal de Pablo VI es un tipo de misa que encaja perfectamente tanto para un gran pontifical como para una misa en el campo. Pero sobre todo nos aporta algo que se había ido perdiendo con el pasar de los siglos: la misa como banquete, la misa como cena, la misa como participación de la comunidad de una misma mesa. Esos aspectos quedan mucho mejor expresados en la nueva misa, sin quitar ni un ápice de solemnidad.

Para mí la grandeza de la nueva misa es conjugar magistralmente el aspecto sacrificial con el recuerdo de que es la Última Cena. La misa actual ordinaria está mucho más cerca de las liturgias primitivas que la misa del siglo XVII.

Por supuesto que este escrito mío no pretende desmerecer para nada a la misa tridentina. Mi única intención es remarcar los aciertos que supuso la introducción del nuevo misal y recordar que éste no puede ser tan incorrecto, tan inadecuado, como quieren hacernos creer algunos, puesto que Jesús quiso celebrar la Última Cena como la celebró.
Es decir, hubiera podido en esa Cena instaurar una Pascua cuyos ritos recalcaran más los aspectos mistéricos, los aspectos cultuales del Templo. Y, sin embargo, quiso primar la aproximación, la cercanía. La instauración de la Eucaristía es un Misterio que tiene más de aproximación que de segregación.

No sólo eso. Sino que el mismo Redentor quiso romper en ese acto con el culto del Templo, iniciando una Nueva Alianza. Se instaura una nueva liturgia. El culto del Nuevo Pueblo de Dios no es una reforma del antiguo culto levítico, sino que es una ruptura. Por eso me parece muy bien todo lo que en la actualidad se haga para dejar claro la solemnidad de nuestros misterios, pero hay que recordar que son misterios del acercamiento de Dios a los hombres. Éste es el espíritu que movió a los sucesores de los Apóstoles autores de la constitución Sacrosanctum Concilium. De ningún modo digo que los predecesores tridentinos hubieran traicionado esta verdad. Pero ciertamente los Padres Conciliares del Vaticano II quisieron resaltar estos aspectos, que con el pasar de los siglos habían quedado menos claros al Pueblo de Dios.

Por eso le deseo toda la suerte del mundo a la misa tridentina actualmente resucitada. Pero afirmar que el actual rito ordinario de la misa es menos espiritual, menos bello y menos acorde a la tradición, es no conocer la historia de la liturgia.

Sin duda los integristas se preguntan una y otra vez porque Nuestro Señor no hizo una Última Cena más tradicional.

viernes, septiembre 26, 2008

Apologia pro Vaticano II


En mi opinión el más grande, revolucionario y renovador concilio que ha tenido la Iglesia Católica desde su fundación ha sido el Concilio Vaticano II. Y digo esto no tanto por sus documentos, sino por el espíritu que logró imbuir en la Iglesia. Otros concilios definieron mejor aspectos concretos de la fe, pero éste supo infundir un nuevo espíritu.

Y por supuesto ningún mérito más grande que la gran y formidable reforma litúrgica. Los que denuestan a ese gran concilio lo hacen por los excesos que después muchos curas cometieron en su nombre.

Y ciertamente los excesos fueron muchos y terribles, porque no se puede hacer daño a la gente sencilla en algo tan sagrado como la fe o la liturgia. Hirieron a muchas almas sin ninguna piedad. El ánimo de no pocos sacerdotes recién ordenados no fue el de hacer las cosas con tacto, sino el de escandalizar lo máximo posible. Podría contar infinitas anécdotas e historias de esos años sólo de las parroquias por las que he pasado. Ahí está el verdadero origen de la reacción conservadora posterior que ha estado latente durante varios decenios y que ahora parece que echa sus tallos ya fuera de la tierra.

Pero quiero recordar a esos nostálgicos de tiempos pasados, que la imagen mejorada que tienen de esa época, pasa por encima infinidad de detalles que fueron los que hicieron necesario ese concilio.

Para empezar la Iglesia no está ligada a ninguna estética, ni en sus templos, ni en sus vestimentas, ni en su liturgia. Me admira este afán por lo barroco que algunos jóvenes muestran. El barroquismo y la ampulosidad es sólo una pequeña etapa temporal de esa sucesión secular que es la liturgia.

Por otra parte, es indudable que el Vaticano II introdujo una frescura en las relaciones internas de la Iglesia. Antes, los aspectos formales habían ido creciendo hasta resultar cada vez más asfixiantes. Esas imágenes de grandes capas de varios metros, mucetas de armiño y toda esa parafernalia eran expresión de un espíritu, de un modo de ver y entender la Iglesia que, sin duda, nos acercaba más a los fariseos que a los pobres pescadores fundadores de nuestra Iglesia. Baste ver algunos libros de moral y manuales de confesores para darse cuenta de que habíamos errado el curso notablemente en algunos puntos. La moral adquirió tintes rígidos y rigoristas. El tono amoroso de Jesús de Nazareth quedaba muy oculto bajo algunos esquemas morales expresión de una época no solo moral, sino también puritana.

La nueva liturgia fue expresión de un nuevo espíritu.
Todos saben que me gusta el fasto en la liturgia, la grandiosidad de los pontificales, pero ese gusto no está reñido ni con la sencillez, ni con la simplicidad. Cuando hacemos de los aspectos accidentales de la liturgia motivo de agrio enfrentamiento, nos estamos desviando. La liturgia cuanto más bella mejor, pero no olvidemos que es un servicio, un modo de servir a los hombres a través del culto a Dios. Por lo tanto no ha de convertirse en un motivo de lucha e insatisfacción.

Quiero acabar con una conclusión. La Iglesia puede evolucionar de muchas maneras, todos los caminos están abiertos. Pero de lo que estoy seguro es que el futuro no está ni en el tradicionalismo ni en la iglesia roja de Vallecas. El futuro no está ni en machacar una sacrosanta tradición por el afán de ser modernos, ni en idolatrar la tradición. La Iglesia no sólo avanza, sino que también evoluciona. Evoluciona sin cambiar el mensaje de Jesús, evoluciona fiel a sus orígenes. Y los orígenes pueden ser mucho más revolucionarios de lo que algunos amantes de lo barroco se imaginan.

Petrificar es un bello infinitivo que también tuvo un pretérito imperfecto.
Mañana si Dios me da salud, haré una apólogía de la Misa del Vaticano II frente a los que la atacan.

jueves, septiembre 25, 2008

Viaje a México en octubre

En octubre voy a dar unas conferencias en Costa Rica y México. Por si a alguno le interesa, os paso mi programa en México.

MARTES 7 de octubre:
11 hrs. Nuestra Madre de Dios de Czestochowa
Fuente de las Cibeles no. 38 esq Fuente de Trevi Lomas de Tecamachalco.
Tel. 5589-25-61


20 hrs. Cinepolis Arcos Bosques. (Sala mayor)

MIÉRCOLES 8 de octubre:
13 hrs. Universidad Anáhuac del Sur.
Av de las Torres No.131 Col. Olivar de los Condes.
(auditorio principal).


19:30 hrs. Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza
Periférico Sur esq Zacatepetl. Tlalpan. (auditorio)
Frente al Centro Comercial Perisur.

La complejidad e indeterminación del ser humano


Cierto amigo mío me dijo hace pocos días: ¿verdad que a veces estamos tan tranquilos sin saber lo que nos espera?

Es cierto, le dije. Tan felices y tan tranquilos, sin saber que cinco minutos más tarde se va a desencadenar una tormenta contra nosotros. Tan felices sin saber que por debajo ya se están moviendo piezas contra nosotros.

En el caso de hoy ha sido una mujer que ha hecho una tragedia de un comentario que le he hecho. Un comentario muy meditado, hecho desde la tranquilidad y el deseo de ayudarle.

Resultado: una bomba. Hasta yo mismo me he asustado ante la explosión provocada.

Años de trato, infinidad de horas compartidas, tantos amables detalles de cortesía por ambas partes, arrasados ante una reacción que como una ola atómica lo ha barrido todo.

Creo que todos hemos conocido situaciones como ésta. Me he encogido de hombros y he tratado mirar más alto, más allá, por encima de la impredecible, caprichosa e injusta conducta humana.

miércoles, septiembre 24, 2008

El padre Fortea ya entonces haciendo apostolado


Todo blog, como una buena orquesta, contiene ciertos elementos indispensables. La partitura la pone el autor del blog, pero después vienen los comentaristas que la tocan a su manera. Entre ellos no puede faltar nunca un buen comisario ideológico. Este comentarista-comisario nombrado por sí mismo actúa bajo su propia autoridad y él mismo es fuente de la verdad, de la ortodoxia y a ratos libres traza, incluso, la raya de lo que es conveniente o no. Normalmente este tipo de comisarios actúan de comisarios todo el día, no sólo en el blog.

Después está la mística que va a su bola. No importa de qué trate el post del día, ella vive en el mundo de los blogs idílicos y todo en su arpa es música celestial. Como bien se sabe es imposible hacer una sinfonía sólo con arpas, por eso, para bien del blog, se hace necesaria la intervención de otro comentarista: el Polemista Loco.

Éste tipo de polemista se distingue de la mística claramente. Ella usa más bien la poesía para convencernos, éste los puños verbales. El polemista a veces asegura que el autor del post es el que escribe varios de los comentarios de ese día. Candorosa ingenuidad del polemista.

Como semejante variedad podría resultar muy mala para las mentes y las buenas costumbres, siempre aparece el Repapista. Normalmente es un laico de menos de veintitrés años que te enseña cómo hacer apostolado, cómo deberías ser tú, cómo deberías escribir tu blog, cómo debería ser tu vida. Y como no se cansa y tiene pila para rato, te sigue haciendo siempre nuevas e insulsas indicaciones absolutamente convencido de que él es tu luz y tu guía. En las parroquias siempre hay alguien así. A uno le pregunté una vez: oye, ¿no has pensado alguna vez en hacerte testigo de Jehová?

También siempre hay alguna aparición estelar de un cometa autopublicitario, que es un comentarista que aparece unos pocos días con el único interés de repetirnos que acaba de abrir un blog muy interesante. Siempre acaba sus comentarios con esta frase: bueno, ya sabéis que si queréis podéis entrar en mi blog.

Después, por supuesto, están los que no están en sus cabales. Siempre hay trolls que deben levantarse de la cama preguntándose: ¿qué puedo hacer hoy para fastidiar al autor del blog? Su perseverancia es sólo comparable a lo aflojado que tienen algún tornillo.

Después están los comentaristas normales. Algunos desde hace años visitan mi pequeño diario. Ellos me han proporcionado fantásticos momentos. Me he encontrado con muchos. Unos me han venido a ver a Alcalá, otros a la parroquia, con unos he cenado, con algunos hemos quedado en grupo y hemos ido al cine, a unos pocos me los he encontrado en mis viajes.

A esos comentaristas normales, a vosotros, seres humanos con los que he compartido mis penas, mis alegrías, mis miedos, mis pensamientos, mis recetas, mis opiniones, mis sueños y mis más piadosas meditaciones, a todos vosotros, os quiero decir que me alegro de haberos conocido y que es un placer diario el poderme comunicar con vosotros. La pena es no poder escuchar vuestra voz y atender a mi vez a vuestras consideraciones.

Pero, y lo digo totalmente en serio, mi blog ha sido una entrañable fuente de alegrías. Nunca pensé que me lo iba a pasar tan bien cuando lo empecé hace años. No se me ha pasado por la cabeza el dejar de escribir aquí. Hasta mañana a la misma hora. Os quiero a todos.

martes, septiembre 23, 2008

Los Otros, es decir, los que no son de los nuestros.


A Dios le gusta la verdad, no se complace en el error. Es lógico que un único Dios funde una única religión. Es razonable que la Verdad Suprema disponga que sobre la tierra exista una única fuente de la verdad plena.
Sin embargo, también Dios es loado por los otros. Es decir, por los que no son de este rebaño, de esta familia espiritual, de este Arca de la Nueva Alianza.

Y así la expresión de Dios mismo no ha quedado reducida a su Santa Iglesia. En cierto modo, cada religión, cada confesión cristiana, nos expresa el concepto de Dios bajo una espiritualidad distinta, a través de una estética diversa, con una óptica que aporta algo a todos.

Y así me gustan las pequeñas iglesias protestantes de paredes blancas de madera, en medio de una pradera.

Me gusta la sencillez de los cuáqueros y los amish reunidos para cantar y orar, rodeados de madera y simplicidad, con sus sombreros de paja colgados de las hileras de perchas de la pared.

Me gusta la suavidad y hospitalidad que desprenden las palabras salidas de la boca de los sufíes.

Me gusta ver como todo un cosmos musulmán gira alrededor de la Piedra Negra en la Meca, con un giro que sin duda honra al Padre de todos los hombres.

Me entusiasman los monasterios zen: su orden, su limpieza, su pulcritud, su búsqueda de la Verdad.

Me fascina el intrincado mundo espiritual que se construyó en el Tibet: enredado, complicado, pero sublime.

Me gustan las grandes ceremonias anglicanas con toda su ceremonia y su pompa anglosajona.

Me resultaría tan fácil orar en una pequeña iglesia ortodoxa iluminada sólo por las velas.

Disfruto viendo a los hasidim danzando con sus rarísimos trajes cuya simbología desconozco.

Se eleva mi espíritu ante la fotografía de un anciano rabino de venerable barba leyendo y reflexionando la Palabra de Dios en la que no osa mentar el nombre de su Autor.

Sin embargo, detesto los falsos ídolos hindúes, las ceremonias animistas africanas o las horribles ceremonias indias aztecas o mayas honrando unos dioses horribles, falsos y feos. La corrupción de la religión es aborrecible. Muchas de sus ceremonias no sólo no tienen nada de bello, sino que resultan repugnantes. Me gusta el culto a Dios en cualquiera de sus variantes, pero abomino la acumulación de supersticiones.
Conclusión: Bueno, la conclusión la ha dejado Él en nuestras manos.

lunes, septiembre 22, 2008

A mi edad he llegado a una visión bondadosa y flemática de la realidad eclesial que me rodea

A Dios le gusta la verdad. Y creo en un Ser Infinito que ha fundado una religión. Resultaría más moderno decir que la Iglesia la han fundado los hombres, pero, qué caramba, creo que Él ha fundado una Iglesia. A Dios le gusta hacer cosas de ese tipo. Fundar una religión y sólo una va mucho con el estilo de Él.

Puede resultar un poco raro que un Ser Puro Supremo haga surgir una religión de canónigos beneficiados, abadesas de jurisdicción exenta, botafumeiros y bendiciones apostólicas enviadas vía nunciatura. Pero si éste es un Dios que se permite pagar a los de la hora undécima lo mismo que a los viñadores de la primera hora, bien podemos admitir un cierto nivel de originalidad en su creación eclesiástica. Ya hemos observado que en el mundo zoológico Él se ha permitido algunas cosas un poco raritas.

¿Por qué no puede ser Dios original? ¿Por qué tendría que crear una religión con escuadra y cartabón? Recuerdo que tuve una vez un debate con el catedrático de la Academia de la Lengua don José Luís San Pedro por la radio. Sampedro dijo, aunque no en ese debate: Puedo llegar a creer que exista un Dios, pero desde luego no puedo creer en el Dios del Vaticano.

Querido Sampedro, qué ganas de limitar la libertad de Dios. Pero qué santas ganas de decirle a Él cómo tiene que hacer las cosas. Pero qué celo de la Casa de Dios en un no creyente. Además, sea dicho de paso, horrible apellido para un agnóstico. Se presta a muchos juegos de palabras: Sampedro poniendo límites a Dios a la hora de fundar. Pues que funde lo que quiera. Ya estoy harto de gente que venga a decirle a Dios cómo tiene que hacer las cosas.

Yo de la Iglesia lo acepto todo: sus gárgolas, sus dogmas, la Patrología Latina, los mártires de Japón, el bendito de don Ramón (eterno coadjutor de mi parroquia en Barbastro), el Libro de Kells, el canon 345 del Derecho Canónico, el niño y la niña que he bautizado hoy, la Hermandad del Santísimo Sacramento de Anchuelo que me ha invitado a comer, el padre Arrupe y el antipadre Arrupe.

Aceptar todo, no significa que me dé lo mismo todo. No significa que todo es bueno. No significa que todo estuviera en el plan primigenio de lo que debería haber sido una Iglesia óptima. Pero creo que tenemos que trascender un poco y darnos cuenta de que el Misterio de una comunidad de creyentes que atraviesa los siglos y la Historia admite un cierto nivel de fracaso.

Además, y no es por criticar, las cosas están mucho peor en el zoroastrismo o en el rastafarianismo. Y en la religión unitario-universalista ya ni os cuento.

domingo, septiembre 21, 2008

Aquel triste 11 de septiembre de un día negro de infamia



Fue pura casualidad de la agenda, coincidencia de números y meses, de lugares y tiempos, el que yo estuviera en Nueva York el pasado 11 de septiembre.

Recuerdo como aquel día del año 2001 llegué a mi casa a eso de las cuatro de la tarde y sin saber nada encendí la televisión. Me gustaban mucho los reportajes de la 2 a esas horas. Al encenderla apareció la imagen de una de las Torres herida. Pensé que alguna avioneta pequeña había chocado por accidente. Tarde un par de minutos y una llamada telefónica en darme cuenta de que no se trataba de eso. Mi amigo me repetía que una torre ya estaba en el suelo, mientras escéptico seguía viendo imágenes en diferido.

Aquel acto cainita me sumió en la más absoluta sensación de no poder creer lo que estaba viendo en las noticias. Es la única vez en mi vida en que me senté en el sillón delante del televisor con la boca abierta. Aquellas imágenes eran la evidencia de que entrábamos en una nueva época. Las viejas certidumbres, las antiguas seguridades de la época de la Guerra Fría, caían con esas torres. Los pilares de nuestra civilización eran tan colosales como derribables.
Occidente vio como un puñado de personas podían evaporar miles de millones de euros en un segundo. La economía de nuestro planeta se tambaleó al caer esas torres. Un puñado de hombres podía detener la circulación sanguínea de la ciudad más imperial de la tierra, hacer que sus calles se quedaran desiertas, que todos regresaran de sus trabajos, que el miedo reinara donde antes estuvo la seguridad.

La civilización frente al terror. La seguridad de la civilización y el orden, frente al Miedo y la Oscuridad. El deseo de unos pocos de crear el infierno sobre la tierra, para ellos ir al Cielo. ¿Qué clase de dios era el dios de esos asesinos? ¿Qué clase de divinidad aberrante y torcida podía complacerse en el asesinato de seres hechos a su imagen y semejanza? ¿Servían esos fundamentalistas a un dios asesino? ¿Qué tipo de Cielo sería adecuado como Cielo de los Asesinos? ¿Qué Dios Constructor podría galardonar adecuadamente a sus criaturas destructoras?

viernes, septiembre 19, 2008

Diario de sueños


En Estados Unidos, durante las conferencias, una noche soñé que esperaba cierta persona en su domicilio. Esperaba y daba vueltas aburrido. Entré un momento por la puerta abierta de su despacho y miré la disposición de las cosas, sin tocar nada, casi desde el umbral.

Oigo que entra la persona en cuestión, voy hacia él. Veo que ha dejado su americana sobre una mesa. La americana negra estaba extendida, mientras él se había metido en otra habitación.

Entonces pienso que qué va a pensar del hecho de que le haya esperado dentro de su domicilio. Y aunque no tengo ni idea de cómo he aparecido allí, el sueño comenzó conmigo en ese sitio, me doy cuenta de que se puede enfadar. A la gente no se le suele esperar en su propia casa sin nadie dentro.

Así que decido salir cautelosamente, sin ser notado y esperarle en la catedral, donde él tenía que ir. De camino me encuentro con dos personas paseando dos galgos. Los acaricio. Me gustan los galgos.

Entro en la catedral y allí se desvanece la historia. ¿Quién sabe qué historias continuaban en ese entorno catedralicio?


Ése era el sueño de hace una semana, hoy he soñado que estaba en una reserva de moluscos marinos con concha. Un cuidador desde la orilla me enseñaba unas conchas piramidales que había que dejar sobre el fondo de forma verticalmente clavándolos un poco en la arena. Después de enseñarme varios, le mostré mi preciosa concha. Era grande y con algunos colores en su superficie. Dentro tenía otra concha más pequeña que se sacaba con una cierta dificultad.

Nos metimos al agua y entonces se dirigió hacia nosotros un enorme pez en forma de palo con patas. Era un pez bastante irreal. Muy alargado y dividido en segmentos. Parecía más bien hecho de cartón. Pero salió fuera del agua y anduvo como un cococrilo. Al final, di unas zancadas y en tres metros me zafé de él.

Allí acabó el sueño, sin moraleja, sin simbolismo, sin mensajes ocultos. Algunos tienen un subconsciente que es una cordillera. El mío es una planicie aburrida, sin árboles, sin barrancos, llano y con un fino y agradable césped.

El escritor de la trama


A veces la vida da giros inesperados. Pero a veces es que los da de un modo novelesco. Hoy es uno de esos días en que compruebo que mi vida nada tiene que envidiar a un buen guión. Lamentablemente no os puedo contar nada hasta que todo esté consumado. Tampoco podré hacerlo hasta que el poso del tiempo haya colocado una buena pátina sobre todo el óleo del presente.

Pero a pesar de mi silencio, creedme, la vida me ha sorprendido. Hace unos días la vida me ha sorprendido con una posibilidad tan formidable, tan agradable, que no se me había pasado por la cabeza. Y hace unas horas la realidad me ha vuelto a sorprender con una posibilidad tan triste (en otro campo totalmente distinto) que tampoco se me había pasado por la imaginación.

Sea lo que sea lo que el futuro depare a los capítulos de mi vida, trataremos de atravesarla con dignidad, con un cierto grado de dignidad, con una cierta dosis de alegría moderada y tratando de que nada amargue el placer que siento en escuchar el rondó de Purcell que ahora escucho.

Lo importante es el decoro, atravesar las ciénagas con una cierta decencia. Pero si eso no es posible, Purcell tampoco está nada mal.

A todos aquellos que os sintáis solidarios conmigo, a todos aquellos que sintáis los mismos sentimientos que yo dado lo que os rodea, recordadlo: tomáoslo con tranquilidad, porque sí que hay mal que cien años dure.

jueves, septiembre 18, 2008

Cosas de la vida

Me gusta

El comienzo de la primavera

Escuchar un concierto de oboe de Telemann al comienzo de un largo y relajado viaje en coche.

Acariciar a un gato que se va durmiendo en mi regazo, mientras reclino mi cabeza en el respaldo del sillón.

Una película en la que lloro mucho, a solas, y nadie me ve y puedo seguir llorando.

Ver una película mientras me tomo una pizza con unos amigos y reírnos tanto que los pelmazos de los vecinos vengan a quejarse.

Ir a un país lejano y descubrir un lector que te habla entusiasmado de un trozo de un texto que olvidaste hace tiempo.

No me gusta

Las patatas hervidas. Con acelgas son todavía peores.

Mi cuerpo sudado en un horrible día de cuarenta grados en agosto.

Percibir desde lejos un comentario de desprecio cuando te acercas a un conocido que está en un grupo de personas.

Que me hagan una pregunta cuya respuesta desgraciadamente bien conoce el que me la hace.

Descubrir que detrás de una sonrisa se escondía todo un mundo reproches.

Tener que llamar a la grúa tirado en cualquier carretera.

Que se me haga algo después de lo cual una amistad ya nunca podrá ser igual.

martes, septiembre 16, 2008

Adiós, Nueva York, adiós.


Pasear por Nueva York. La ciudad que ha sido contada mil veces. Narrada desde todos los puntos de vista, descrita desde todos sus ángulos. Ciudad de calles míticas, de enormes policías vestidos de negro y carritos de salchichas, falaffel y pretzels.

Población vertical de piedra y gárgolas, de inscripciones rotundas y pináculos pétreos. Ciudad de desfiladeros donde el vapor surge del asfalto.

La población no sólo de los rascacielos sino también de las pequeñas casas del East Village, de los hassidim de Brooklin, de los pequeños barrios con clase del Middle Town. La ciudad también es Bronx y Yonkers. La ciudad también es sus puentes metálicos, su metro infernal y sus pequeños parques llenos de vida.

Tu reinado ya no es indisputado, tu corona ya sienta bien en las sienes de las ciudades del Oriente. Pero para nosotros, los que nacimos y vivimos en el siglo pasado, tú eres un mito. Con cierta nostalgia, no dejamos de darnos cuenta de que la marea de la Historia ahora empuja hacia costas más lejanas.

En tu ocaso, reconocemos nuestro propio crepúsculo. Apenas ya se construyen más torres en la ciudad de las torres. Y las que emergen no pueden competir con la grandeza de las del pasado. La ciudad ya está consumada. Ahora viene la vejez.

Creímos que el tiempo pasaba sólo para las personas, pero ahora vemos que también para las ciudades imperiales. Ahora vemos la fuerza arrolladora del tiempo y la nostalgia que deja en nosotros este ocaso de Occidente.

lunes, septiembre 15, 2008

Suena la campana de la parroquia mientras escribo este post neoyorkino

Ciudad de águilas, bosque de pináculos góticos, cordillera de rascacielos, ciudad de las alturas, puerto donde han fondeado todas las razas del mundo. Pináculos de oro tocando las nubes en los días de niebla. Columnas y más columnas, millares, que sostuvieron el poder económica de una urbe imperial. Todos los ciudadanos del final del siglo XX somos, un poco, ciudadanos tuyos. Sabemos que la marea de la Historia impulsa ya los barcos de la prosperidad hacia otros mares. Sabemos que en otras costas otras ciudades emergen con la fuerza y el orgullo con que tú lo hiciste. Pero para nosotros tú siempre serás nuestra Roma.

Fortea brookliniano

Estoy hospedado en una rectoría de Brooklin, redactando un minipost porque me tengo que ir a dormir. El viaje desde Catskill hasta Nueva York ha sido idílico: bosques verdísimos, colinas suaves, autopistas inmensas, hierba por todas partes, muy de vez en cuando la típica casa blanca de madera.

Tras tanto campo, la aparición de Nueva York ha sido casi abrupta. Increíble que una Urbe como ésta tenga una verdadera Selva Negra casi deshabitada a media hora de distancia. La gran ciudad por la noche estaba esplendorosa. Me han dado un envidiable paseo en el coche por Park Avenue, la Quinta y Broadway después de la cena.

Ahora estoy a las afueras, en una zona con muchos hasidim, cerca de la sede central de los Testigos de Jehová. Bueno, me voy a dormir.

domingo, septiembre 14, 2008

En la tierra de Bienvenido Mr. Marshall

El amanecer de esta mañana en Catskill ha sido neblinoso, gris, sombrío como el de una escena de Sleepy Hollow. Esta ciudad se halla en el estado de Nueva York, pero es otro mundo respecto a la ciudad. Campos y más campos, verdes, húmedos, repleto s de bosques. Entorno perfecto para un cuento de Irving.

A la noche nos han invitado a los sacerdotes que participamos a un restaurante italiano. A dos de los presentes que habían pedido un plato compartido, les han sacado una fuente monumental con mejillones y patas de cangrejo King size. También les han provisto de cascanueces para quebrar esas patas y de dos baberos con una langosta dibujada encima.

El precio de este plato compartido era moderado, pero ya se ve que el restaurante gusta de la espectacularidad, que el cliente exclame regocijado: ¡quién iba a pensarlo! A nuestro lado había un sacerdote episcopaliano acompañado por su mujer que nos ha saludado amabilísimamente y se ha quedado un rato hablando con nosotros.

Mañana regreso a Nueva York. Dormiré en una rectoría de Brooklin donde tengo un amigo. Hoy he soñado que estaba todo el rato cribando piedras en una excavación arquelógica.

sábado, septiembre 13, 2008

Josephus Antonius Neoyorkinus

Os escribo desde el Best Western Hotel de una pequegna poblacion del estado de Nueva York. El dia de hoy ha sido muy bello, caminando por esas mismas aceras que Hepurn en Desayuno con diamantes, durmiendo en la rectoria de la catedral de San Patricio, cenando con una de las lectoras neoyorkinas de este blog y probando un brownie de cacahuetes fabuloso.

Este paseo matinal de tres horas y media por la Quinta Avenida hasta el Washington Square Garden ha sido un paseo maduro, reflexivo, relajado. Ya he visitado los grandes monumentos, ya he paseado muchas veces por esa ciudad. Esta vez ya solo quedaba la reflexion y placer de fijarme cada vez mas en los pequegnos detalles.

Dormir en la rectoria de la catedral no ha sido un placer menor. Despertarte y ver los florones goticos desde dentro es algo que jamas pude imaginarme la primera vez que visite esta ciudad.

Y debo semejante distincion a una lectora de este blog. Despues ha sido pura casualidad que haya podido saludar y charlar un poco con el cardenal. Bueno, me voy a la cama que hay seis horas de diferencia. Os quiero a todos.

jueves, septiembre 11, 2008

Feliz comienzo del día, feliz conclusión del día.

La mañana ya comenzó de un modo apasionante: gracias a mi primo, me enseñaron uno de los cuatro rascacielos que se están construyendo en el final de la Castellana. Y ni más ni menos que nos lo enseñó, a los cuatro que íbamos, el jefe de obras. Lo vimos desde la azotea hasta el sótano, durante dos formidables horas.

Pudimos ver las entrañas de un monstruo de más de doscientos metros de altura: el sistema de aire acondicionado, las plantas técnicas, los cuatro restaurantes, la piscina y sus saunas, el hotel, la suite presidencial, los vestíbulos, la sala de convenciones, las desiertas salas vips, los grandes pilares de hormigón, todo. Dos horas dan para mucho.

Después, la culminación de la noche fue la teológica discusión con varios seminaristas acerca de la inerrancia de la Biblia en sus detalles históricos. Cuatro horas de interesantísima discusión en la que me emocioné más de lo que quisiera. La vehemencia me pudo. Mañana Nueva York.

PD: Algunas personas me han pedido información sobre la conferencia en Catskill (Nueva York), pero en realidad se trata de un curso de conferencias en un lugar cuyo aforo ya está lleno desde hace un mes. Aun así, pueden ponerse en contacto conmigo a través de fortea@gmail.com

miércoles, septiembre 10, 2008

Me gusta la Iglesia, sí, la Católica



Siempre me he sentido feliz con la Iglesia y en mi Iglesia. Quizá porque le he pedido muy poco. Quizá porque siempre la he aceptado como es. Tal vez esa felicidad se funda en el hecho de que en ella he encontrado siempre lo que he buscado, porque en ella hay de todo.

La Iglesia es tradición, pero no es sólo tradición. La Iglesia es Historia, pero también Futuro. La Iglesia es racionalidad y misterio. Es Jerusalén y Cuenca, Bucaramanga y Catskill.

Hoy descubro al sucesor de Bernabé y Bartolomé en un párroco descamisado de una barriada. Un cura un poco desorganizado, e incluso un poco desastre, pero cuya labor, cuyas ilusiones, son las de esos apóstoles primeros.

Sí, a esta altura de mi vida, escucho mejor que nunca el mensaje de los Primeros en boca de un imperfecto cura de pueblo.

Veo el misterio eclesial vivo, presente. Ahora, cerca de los cuarenta años de vida, he aprendido a ver más allá de las hojas, más allá de las ramas.

Pido poco a la Iglesia. Y la verdad es que encuentro mucho. La Iglesia, como realidad entera y verdadera, nunca me ha defraudado. Jamás de los jamases se me ha pasado por la cabeza el abandonarla. Ella es la seguridad, la esperanza, de que Jesús además de dejarnos un buen ejemplo, nos dejó un mensaje perdurable.

Cada año que pasa me vuelvo más comprensivo, más transigente, más flexible. Todo dentro del dogma, todo dentro del Magisterio. Pero cada vez más tolerante.
PD: El jueves viajo a Nueva York a dar conferencias. También iré a Catskill. Sí, efectivamente, ese lugar que he mencionado antes.

martes, septiembre 09, 2008

El prójimo, ese bello pedestal.



Ayer escribí unas líneas sobre el deseo de dominio sobre otros semejantes. Ese dominio no tiene por qué ser de poder puro y duro. Puede ser un deseo de dominio intelectual. Puede ser una variante que se conforme con la admiración, o con la veneración espiritual. Nunca he leído el Tratado de los tipos y subtipos del deseo de dominio sobre el prójimo, alguien debería escribirlo.

Os aseguro que no poseo tal defecto, el del deseo de dominar a mis semejantes de cualquier manera. Quizá porque varios decenios me han probado fehacientemente que no poseo ese dominio ni siquiera sobre mi propio yo. Mi propio yo es un reino con sus propias disidencias, sediciones, y feudos con una autoridad real disminuida.

Ante la contemplación de esta realidad bien probada (y ya bastante asumida) no es mi intención embarcarme campañas de conquista de yoes vecinos.

Incluso soy totalmente comprensivo con el exceso de benevolencia de Dios. Sí, ya no me incomoda su excesiva paciencia. Claro que, de vez en cuando, me encuentro con un talibán. Sí, uno de esos talibanes que militan en bando propio. Y me doy cuenta de que aun rezando el mismo credo, a veces él lo reza bajo un sentido completamente veterotestamentario. Y no sólo eso, sino que lee el Nuevo Testamento según el Antiguo. Cuando hay que leer el Antiguo, según el Nuevo.

lunes, septiembre 08, 2008

La única cosa que debemos temer es al mismo miedo


En el final del día he escuchado, hacía tiempo que no lo hacía, la Pavana para una infanta difunta y la Música para el funeral de la Reina María. Dos músicas perfectas para pensar en temas como los de los días anteriores.

Hay una frase en las líneas precedentes que quizá resuena en mí con una fuerza especial: lo hago por tu propio bien.

Todos hemos escuchado en esa frase alguna vez en la vida. Ahora, con el pasar de los años, podemos realmente enjuiciarla en toda su verdad. No hace falta que diga nada yo, no es necesario que ofrezca ningún juicio, ningún comentario, tan sólo preguntarme ¿qué hace que un yo se ponga por encima de otro yo?

¿Qué hace que una voluntad imponga su criterio, su verdad, su dominio, sobre otra voluntad libre? ¿Por qué algunos yoes sienten ese hambre?

Ésa es una sed que sólo se puede intentar saciar en otra voluntad libre. Aunque se trata de una sed insaciable, siempre se puede conseguir un dominio más perfecto.

Post Data: He colocado algunos dibujos míos nuevos en este link

http://scriptoriumfortenianum.blogspot.com/

domingo, septiembre 07, 2008

En el congelador, en el congelador, grita esta mujer.


Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser... todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

También yo he visto cosas que nunca hubiera creído: personas con un heroísmo tal en su día a día que era sobrehumano, conocidos caer en la sima de los vicios hasta hundirse completamente, la traición en aquél que jamás lo hubiera podido pensar.

Creo que de las muchas cosas que he visto en la vida, una de las que más me impresiona es esta última: la traición. ¿Por qué un ser humano al que uno consideraba un amigo, de pronto usa de la murmuración, de la mentira, del odio, del refinamiento en causar daño?

Creo que casi todos hemos conocido en la vida a alguien así. Sin duda me considero cargado de muchos defectos, pero hay una cosa que en toda mi vida me ha tranquilizado bastante: siempre he tenido sumo cuidado en no hacer daño a nadie.

Por el contrario sí que he conocido a gente que por unos ideales, por el bien de la Iglesia, por sentido del deber, o bajo la excusa de lo hago por su propio bien, sí que han hecho daño al prójimo.

El prójimo, imagen de Dios.

sábado, septiembre 06, 2008

Si nos pinchan, ¿no sangramos? Si nos golpean, ¿no nos amoratamos? Si nos envenenan, ¿no morimos?


En la augusta soledad de mi casa, he escuchado varios adagios de Bach: elegantes, siempre serenos, poderosos en la economía de instrumentos que usa.

Y pensaba en los adagios de la vida, en los momentos en que la alegría no puede obviar que el cielo ya no está azul, que hace frío y que ha anochecido.

Como ya descubrieron los músicos barrocos, el concierto de la vida es una sucesión de allegros y adagios.

Hay que tener cuidado de que la existencia no se vuelva un adagio constante, perpetuo. Yo nunca he sentido tal tendencia, por pura gracia divina. Pero por más explosivo, violento y entusiasmante que sea el allegro precedente, siempre hay un movimiento triste, un momento en que las notas no hablan de alegría sino de tristeza.

Normalmente, nuestra mayor causa de tristeza es el ser humano. El ser humano puede revelar una grandiosa capacidad para hacer sufrir a otros semejantes.

En momentos así, considero que los grandes hombres son los que saben sobreponerse a las pequeñeces y mirar hacia la fuente de aflicción con una magnanimidad tal que la tristeza se convierte en una ocasión para acrecentar esa elevación de espíritu.

Es muy difícil hacer sufrir a una de estas personas de espíritu colosal. Algunos consideran que imposible. Muchos han intentado la producción de ese sufrimiento con un celo admirable. Ante los más grandes, siempre en vano. Porque siempre la causa de la aflicción se mueve a un nivel inferior. Hasta puede ser contemplada esa causa con una cierta curiosidad, con comprensión, como un objeto de reflexión que ofrece el variado libro de la vida.

viernes, septiembre 05, 2008

Qué bello es este viernes que comienza. Soleado, fresco, sin nubes, veraniego.


Ahora que vuelvo a estar feliz, ahora que soy yo, antes era yo pero con mucho miedo, pienso en las cosas que me gustaría hacer en la vida.

-Tirarme en paracaídas. Pero me da mucha pereza todo el cursillo previo. Cuando me saqué el carnet de conducir, decidí que ése era el último cursillo previo de mi vida. Además he oído que mucha gente se ha roto huesos por saborear este placer. Y un hueso roto son muchos meses de rehabilitación y escayola.

-Hacer surf. Pero olas de esas sólo hay en Hawaii. Por lo menos en la Manga del Mar Menor no las he visto.

-Hacer submarinismo. Esto sí que veo que es más factible que algún día lo haga. Pero como haya varios días de cursillo previo, creo que lo dejaré.

-Comerme una langosta: objetivo cumplido.

-Ver Hong-Kong. A ver si me invitan a dar una conferencia allí.

-Visitar Moscú en invierno con mucho frío, bajo intensas nevadas. Ésta es bastante factible, tengo un amigo allí. Pero me da una pereza ir. Todos los años le digo que sí, que éste iré.

Ahora releo esta lista y me parece un poco patética. Además, tampoco es que me apetezca mucho hacer esas cosas. Creo que soy una persona de pequeños placeres. Tú también, lector. ¿A nosotros verdad que lo que nos va es una cena tranquila comentando la magnífica película que hemos visto, un paseo relajado, despedirnos amablemente quedando para la próxima semana, rezar las últimas oraciones, e ir a la cama? Claro que sí.

Tú y yo somos personas de placeres pequeños, factibles, que no alteran el pulso. Lo espectacular lo dejamos para los anuncios de la tele, se ganan el dinero con ello. Creo que voy a borrar varias cosas de la lista.

jueves, septiembre 04, 2008

Sigo en una nube


Estoy alegre. El sol del contento brilla en mi existencia. Me he quitado un gran peso de encima. La vida ha vuelto a emerger de nuevo.
He regresado a la comida normal después de dos días de dieta draconiana, coronada por un día más de ayuno, en el que por si fuera poco tuve que tomarme durante cuatro horas cuatro litros de agua con unos polvos malignos disueltos. La consumación de todo aquella antesala del infierno, fue aquella prueba mefistofélica creada para atormentar a la pobre gente feliz como yo.

Pero ahora ando y salto feliz. La vida ha germinado de nuevo con sus rutinas, su inercia, sus horarios habituales y con todo aquello que llamamos un día normal. Escribo esto mientras escucho a Haendel. Ah, el viejo George Friedrich, ¡qué alegría vital desprenden sus partituras!

martes, septiembre 02, 2008

¡Aleluya!


¿Qué puedo decir? Estoy embargado de alegría. No me ha dolido casi nada. Ha sido más una molestia que otra cosa. Yo esperaba retorcerme de dolor, apretar con todas mis fuerzas mis puños, resistiendo hasta el límite de mis fuerzas, pero no, nada de eso.

Hasta estoy considerando hacerme una cada año en cuaresma como penitencia.

El examen sido hasta rápido, un cuarto de hora. Resultado: unas hemorroides internas. Pero tan pequeñas que ni me han dado medicamento alguno, ni régimen alguno, ni han tenido que enviar a analizar nada. Estoy feliz.

Atrás quedaron los momentos, en que esperando en el pasillo, examinaba la cara de los que iban saliendo para ver en su rostro los gestos involuntarios del que ha sufrido mucho.
Jo, lo he pasado fatal estos días, pero ahora vuelvo a respirar, estoy eufórico y la vida me parece bella, muy bella.

Bueno, en seguida salgo ya de casa

Gracias a todos por vuestros e-mails, por vuestras llamadas, por vuestro cariño.

Pensé en ir tecleando mis sensaciones en mi ordenador portátil, mientras me la hagan, para distraerme. Finalmente, he optado por afrontar la batalla en la intimidad. Un par de enfermeras como mucho, el doctor, un escribano que levante acta.

En dos horitas

Estoy relajado. Aunque parezca una broma, me anima saber que hay tanta gente que ha rezado por mí. Mi tranquilidad la achaco a eso. Ésta ha sido la colonoscopia presbiteral más conocida de todos los tiempos. Seguro que hubiera podido haber colonoscopias episcopales más famosas, pero ellos decidieron el sufrimiento y el silencio.

Ésta mía la conocen hasta en Tirgijistán. Hasta en los despachos de la Congregación del Clero no se hablaba de otra cosa a la hora del café.

Faltan 3 horas para la Hora C del Día C


Ya sólo faltan tres horas. Estoy tranquilo. Respiro hondo. En realidad, ya no necesito ni respirar hondo. Mucha gente rezando por mí. Madera de héroe. Adelante. Tú puedes. No pasa nada.

Fortanatomy


Mañana, como Frodo, alcanzaré la Montaña del Destino con gallardía y arrojo.

He leído todo lo que he podido sobre el tema, he visto una docena de colonoscopias en youtube, conozco los distintos tipos de pólipos, me he aprendido de memoria la oscura geografía de esta sinuosa parte de mi cuerpo.

Esperaba más de la medicina y de sus premios Nobel en este campo de las colonoscopias.

Tampoco es que pretendiese que el equipo de médicos se metiera en una cápsula, como en Viaje Alucinante. Y que yo estuviera leyendo Cien años de Soledad, mientras dentro de mí el Insalus y sus alegres enfermeras hacían su trabajo primero y luchaban después por salvar su vida contra una legión glóbulos blancos. Nunca pretendí tanto.

Pero nunca he sacado nada de que fueran a la luna, ni de que emplearan tantos recursos en la factorización de los números enteros o en la búsqueda de la lista de los números que tienen dos factores primos, para que después llegue el momento y me metan un tubo por el culo. Para una vez que esperaba algo de la ciencia, me espera la enfermera con una sonrisa y un tubo en la mano.

Encima, después de mi angustiosa petición, un comentarista me ha escrito referente al título del post de hace dos días:

Estimado Sr. Fortea:Me parece muy triste que un cristiano pida, porque su pregunta está plantada como una petición, que un tratamiento médico se le aplique a alguien por tener una ideología política concreta. Y digo triste pero a la vez lamentable.

Avergonzado le contesté al tal Gonzalo:

Estimado señor. Cuánto me alegro de sus palabras. Sus razonamientos han cambiado mi vida. Cuán ciego estaba. Voy a cambiar, voy a cambiar, sí. Pero de momento le aconsejo que visite, lea y disfrute otros blogs más píos y de mayor edificación. El Blog de las madres ursulinas hará sus delicias. ¿Qué le voy a contar que no sepa acerca de las excelencias de la benemérita bitácora conocida como Pequeños murmullos del claustro? Aunque este último se está volviendo más pícaro de día en día.

Le escribí esta carta, pero en un primer momento me dieron ganas de decirle: Señor mío, lamento comunicarle que la poca inteligencia no se arregla con una colonoscopia.

En fin, agradezco todas las muestras de cariño que he recibido del Presidente del Tribunal Supremo, así como la solidaridad que ha mostrado conmigo el embajador de Italia. Inapreciable ha sido el ánimo que ha mostrado conmigo el Presidente de la Conferencia Episcopal y la Asociación de Pescadores del Norte.

Hoy estoy mucho más tranquilo. Sobre todo la llamada de dos personas me ha serenado casi totalmente. Además, Putin ha salvado la vida de un equipo de televisión. Qué bueno es este Vladimir. Me imagino a ese presidente preguntando a Groucho Marx

-¿Qué puedo hacer para mejorar mi imagen de mafioso?
-Pues no sé. Salve a un equipo de televisión de morir en las garras de un tigre siberiano.
-¿Cuál es la otra opción?
-Salvar a una viejecita de las fauces de un calamar gigante con un arpón.
-Prefiero la opción A.

Dada esta situación cualquier día podemos ver a Chávez, pistola en mano, salvando personalmente al presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela de un grupo de malvados terroristas.
Mañana a las 18.00: Sólo ante el peligro.