viernes, octubre 31, 2008

Una humilde propuesta de reforma del Colegio Cardenalicio.


Escribo estas líneas sabiendo que me puedo equivocar. Pero las escribo pensando que todos los miembros de la Iglesia podemos aportar a veces ideas nuevas. Y ofrezco estas ideas con ánimo constructivo, no desde la crítica.

El Colegio de Cardenales que tenemos en la actualidad me parece bueno tanto por las personas que lo integran como por el modo eficiente en que trabaja. No obstante, me gustaría aportar algunas ideas personales de cómo reformaría esta venerable institución.

El Colegio Cardenalicio actualmente está integrado por una selección de los arzobispos del mundo que ocupan las más importantes sedes del mundo católico. Se intenta que en ese Colegio estén representadas todas las iglesias del orbe católico.

Este criterio me parece bueno, razonable y, como he dicho, funciona bien. Pero me parece que el Sacro Colegio ganaría mucho si en vez de ser representativo de las principales sedes episcopales, estuviera integrado por los mejores hombres de la Iglesia. Es decir, que en vez del criterio de la representatividad, el criterio fuera escoger a las personas más cercanas a Dios, a los más santos, a aquellos que mejor manifiestan el mundo del espíritu.

En ese Colegio unos procederían del mundo de la Teología, otros del mundo de la caridad, otros del ámbito de la contemplación, entre ellos también algunos (unos pocos) provendrían del mundo de la gran jerarquía eclesiástica, curial o no. Pero las eminentes funciones eclesiales de este cuerpo estarían ejercidas por grandes hombres, hombres indiscutibles, hombres que mostraran en su faz el rostro de Cristo.

La santidad frente a cualquier otro criterio, eso sería lo definitorio de este nuevo Colegio. De este modo estos hombres que no rigen ninguna sede concreta, serían la conciencia de la Iglesia, lo mejor de la Iglesia, su parte más noble. No la parte más alta simplemente, sino también la más noble.

¿Qué pensaríamos de un Sacro Colegio en el que simultáneamente reuniéramos a hombres de la talla de un San Juan de la Cruz, de un padre Pío de Pietralcina, de un Emiliano Tardiff, de un José María de la Higuera, de un Cardenal O´Connor, de un cardenal Van Thuan, por citar sólo algunos nombres de una lista en la que encontraríamos miles?

Un Colegio así sería respetable y respetado, una voz dentro de la Iglesia, una voz que resonaría como el coro de su conciencia.

No tendría que ser muy numeroso, no debería serlo. Así se podrían conocer entre sí, se podría deliberar con facilidad familiar. Estos hombres sencillos no tendrían por qué tener tareas curiales o de gobierno de sedes concretas, quizá algunos pocos de entre ellos sí. Pero el resto podrían dedicarse a aquello que les llevó a estar donde están, cada uno en su ámbito.

Sería un Colegio sin poder eclesial, pero cargado de autoridad. Un verdadero oráculo para la Iglesia formado por cardenales algunos de los cuales no serían obispos, algunos de ellos diáconos permanentes. Sacerdotes que de trabajar en las favelas de Sao Paulo pasarían directamente al Sacro Colegio. Monjes contemplativos, profesores eruditos, misioneros a los que un buen día se les comunicaría que forman parte del senado de la Iglesia. Roma tendría que encontrar estas perlas. En su mar de mil millones de almas existen, sólo hay que buscarlas. Hay que sacarlas del fondo, para ponerlas en un lugar donde con su luz iluminen al resto de la Iglesia.

Quizá entre doce y veinticuatro cardenales sería un buen número. Hombres buenos, sencillos, sabios, místicos, caritativos. ¿Es que no lo son los obispos que ahora integran ese cuerpo? No, no he dicho eso. Sólo que con este nuevo sistema, el único criterio sería éste. Ninguna otra consideración sería tenida en cuenta.

Un obispo curial, un cardenal, puede tener esperanzas de ascender. En este nuevo sistema, los cardenales se dedicarían a ser cardenales. Esa sería su función y su trabajo. No serían hombres de agendas ocupadísimas. No serían arzobispos que continuamente tuvieran que dividir su tiempo entre muchas funciones.

Insisto, creo que el sistema tal como está ahora funciona bien. Pero creo que el mismo sistema con nuevos criterios, supondría un giro copernicano no sólo para esa institución, sino para toda la Iglesia. Doce o veinticuatro hombres buenos pululando alrededor del Gobierno Central de la Iglesia. Si la Curia es el corazón de la Iglesia, los cardenales serían el alma espiritual de la Curia.

En fin, es sólo una propuesta desde un rinconcito de la Iglesia. Pero que la hago más animado desde que he observado que todos los días entran a este humilde blog varias personas desde Roma. Seguro que no son eclesiásticos. Deben ser gondolieros o pizzeros. Aun así me hago la infantil ilusión de que quizá algún poderoso pero noble cardenal en sus ratos de bien merecido ocio se divierta leyendo mis inútiles palabras.

jueves, octubre 30, 2008

Muy bien hecho, señor cardenal.


Hoy me he encontrado esta foto en mi correo electrónico. Me la ha enviado un viejo admirador francoparlante y me ha hecho mucha gracia.

Dada la foto, iba a explicar hoy cómo reformaría el Colegio Cardenalicio, pero no me puedo aguantar y os voy a contar mi entrevista con Cristina Tárrega en Territorio Comanche de Telemadrid.

Lo primero de todo es que casi tengo que llamar para anular la entrevista, porque comí una cosa en mal estado en el almuerzo (de hecho ya dudé en el momento) y desde las cinco de la tarde me he sentido rematadamente mal.

Y así, sin cenar, con nauseas y con fuerte dolor de cabeza me he montado en el coche que me ha enviado la cadena. Sea dicho de paso, los mejores coches siempre son los de Telemadrid. Me ha hecho mucha ilusión encontrarme en la salita de los canapés (esa salita tan entrañable) con Marujita Díaz.

Lo primero que ha hecho al verme ha sido decir con una firmeza que no admitía ni duda ni contestación que era católica. Después hemos tenido una agradabilísima conversación. De su fe y de su bondad no dudo. Bondad con ciertas ligerezas, pero bondad al fin y al cabo.

Los canapés de Telemadrid son los mejores de todas las cadenas. Yo sin cenar, pero con nauseas. No he hecho gasto.

Después me he encontrado con Peñafiel. Al darnos la mano hemos hecho una bonita estampa: el altar y el trono.

Cuando ha empezado la entrevista no las tenía yo todas conmigo. Albergaba mis temores. Cristina Tárrega tiene pinta de devoradora de entrevistados. Pero no, todo lo contrario. Me he sentido cómodo, he podido sermonear, me ha respetado, he disfrutado.

Hasta me ha dado tiempo para atacar un poco al Gran Wyoming. Sí, querida Cristina, he dicho, porque yo antes de venir a aquí he visto un programa en el que se atacaba a la Iglesia. Y me he despachado a gusto. Y eso que el Gran Wyoming me parece el más inteligente de los presentadores. Me hace gracia de verdad y hasta le admiro. Pero le he atacado sin piedad, porque se lo merecía. Mira que hoy reírse del padre Loring en su programa.

La verdad es que el padre Loring también se ha pasado un poco en el vídeo que han puesto. Pero bueno, no importa. El padre Loring es el bueno del padre Loring, mientras que el Gran Wyoming es un filisteo deleznable.

miércoles, octubre 29, 2008

Perdón, cardenal Martini


Reconozco que me ha traicionado el subconsciente. Olvidé al hacer mi crítica del libro martiniano, que no por ser cardenal debía yo haber esperado más de su libro. He caído en el viejo error. Cargos y seres humanos.

¿Hace la birreta más notable, más luminosa, la cabeza sobre la que se apoya? ¿Hace el palio más fuertes los hombros sobre los que cuelga? ¿Son más amplias las espaldas sobre las que caen las ínfulas?

Había olvidado que yo está tarde oré con estas palabras: hijos de Noé, cubrid mi desnudez.

No debo olvidar que debo admitir a cada ser humano con su historia. Hacer una crítica es fácil. Aceptar y acoger es más difícil. La tela roja me obligó a ser más duro. La tela roja me confundió. ¿Por qué tenía que esperar un gran libro? ¿Por qué el cardenal tenía que ser un león? Olvidé al ser humano.

Aun así, que conste, que su Diálogos nocturnos en Jerusalén no es para tirar cohetes. A menos que siguiendo la táctica del autor de ese libro, acabemos afirmando que lo que parece un cohete y se mueve como un cohete, quizá no sea un cohete.

martes, octubre 28, 2008

El último libro del cardenal Martini: una recensión, una crítica.


Mirada de águila, mirada maliciosa, la mirada del cardenal.
El último libro del cardenal Martini: una recensión, una crítica.



Comencemos por lo bueno. El libro Coloquios nocturnos en Jerusalén tiene la sencillez de la conversación de un párroco que habla a la gente de un modo que le entiendan. Se ve un hombre bueno que habla desde la fe. Por eso a mucha gente le ayudará.

Sobre lo bueno del libro me podría alargar cuatro páginas más. Pero como éste no es el blog de Sor Patrocinio, me permitiréis que sea un poco volteriano. Además, os gusta, sé que os gusta que reparta, digamos, leña.

Comenzaré por dejar claro que cuando abrí hoy mi buzón (me lo enviaron por correo) y me senté a leerlo, deseaba con toda mi alma que me gustara. No había leído nada de este cardenal, pero el cuerpo me pedía decir que me había encantado su obra. Sabía que a los neoconservadores (llamémoslos así) no les gustaba nada este purpurado (aunque se mordieran la lengua) y que a la gente de mente abierta (llamémoslos así) les gustaba siempre mucho. Y a mí hoy me apetecía darme un poco de barniz progresista.

Pero el libro es lo que es, y eso nadie lo puede evitar. Un libro es sólo lo que está escrito, no lo que deseamos leer en él. Y yo esperaba, deseaba encontrar, un gran testamento espiritual de un hombre que pudo reinar. Yo anhelé hallar en sus páginas las insondables profundidades teológicas del que fue elevado a tan altos cargos académicos. Pero no. Nada de eso hallé. Simples respuestas a simples preguntas.

Así se las ponían a Fernando VII, es lo menos que se puede decir de algunas preguntas de su escudero-interrogador.

Las respuestas del cardenal Martini se quedan demasiado cortas para los que buscan una sincera y profunda reforma eclesial, se pasan demasiado para los que buscan mantener una visión conservadora de la Iglesia. Pero, en realidad, Martini no se pasa nunca, todas las respuestas que hubieran podido ser conflictivas se quedan en un quiero pero no puedo. En todas las preguntas donde podía haber dado el do de pecho, pasa rasante en su vuelo progresista para remontar hacia las alturas conservadoras.

Para los que leen poco y malo, este libro hará sus delicias. Pero cualquiera que haya leído por citar un sólo ejemplo El don de la Paz del cardenal Bernardin, arzobispo de Chicago, comprenderán que este segundo libro que pasó totalmente desapercibido es mucho mejor, muchísimo mejor, y éste sí que es un testamento. El libro de un cardenal enfermo de cáncer, desahuciado ya, y que por fin decide hablar con total sinceridad desde el corazón.
Nada de eso hallamos en este cardenal de mirada de águila que es Martini. Su aspecto es imponente, su fama colosal, las esperanzas que suscitó alrededor de su persona grandiosas, pero su libro lamentablemente es muy pobre.

Sí, lo confieso, por vanidad, me apetecía darme una capa de barniz progresista. Pero no hundiré mi pincel en el bote martiniano.

lunes, octubre 27, 2008

El Bosco: pasión de los Austrias


Ayer, extrañamente, me desperté a las cinco de la mañana y me desvelé. Quizá demasiado calor con el edredón en medio de este clima cambiante de noches más frías y menos frías.

Lo cierto es que me puse a leer el grueso tomo de simbolismo sobre El Bosco. Poblé mi noche en mi camastro de imágenes más oníricas que las que pueblan mis sueños.

El sueño no vino. Me levanté y pinté un poco. Para cuando los párpados se me cerraron, la noche ya estaba herida.

Pero ahora pienso que el mundo de imágenes de aquel hombre gótico que era El Bosco, suscitó otro mundo no menos enmarañado y gótico de explicaciones a su obra. La mente humana es capaz de crear bosques intelectuales. El Bosco hace más bello nuestro mundo, haciéndolo más variado. Creando oscuridad, paisajes de ríos helados y de grupos de seres inmundos que tratan de hundir y desarbolar a las almas-barco.
Poco sabemos de tu vida, Hyeronimus, pero viendo tus cuadros seguro que fue apasionante.

domingo, octubre 26, 2008

Siempre nos queda París


La fe de la gente sencilla: ése es el gran tesoro de la Iglesia, su fortaleza, sus pilares y la razón por la que trabajamos sus operarios.

Hoy me he despedido de la parroquia y hemos recibido al nuevo párroco.

Cuando en la ceremonia, en las calles, en el gran salón donde hemos tenido un ágape veía a los varios cientos allí congregados, lo que se veía era el espectáculo de la fe de la gente sencilla. Espectáculo siempre agradable, siempre reconciliador con la vida.

Desde los monaguillos pequeñitos, uno de ellos ortodoxo y vivaz, la otra pelirroja y dulce, hasta mis queridas gemelas de pelo canoso, la encantadora fe de un pueblo era una razón para haber trabajado todos los días de casa uno de esos breves tres años.

Del nuevo párroco sólo puedo decir una cosa: han venido dos autobuses enteros a acompañarle. Eso lo dice todo. El templo estaba a reventar, el sobrecoro al límite de su peso, la gente de pie, los pasillos repletos. Sí, la parroquia queda en buenas manos. El rebaño tendrá un buen pastor.

Después he recogido mis cosas de la sacristía. La nocturnidad de la hora teñía de una cierta tristeza la escena. He pasado grandes momentos entre los muros de esa iglesia del siglo XVII: alegrías, muchas alegrías.

sábado, octubre 25, 2008

Los periodistas de religión y los periodistas en general.


Hoy he pasado toda la mañana en la presentación de mi nuevo libro en la sede del Grupo Planeta. Durante esas horas así como en los días anteriores, han desfilado ante mí muchos periodistas de los dos tipos que hay.

Hay un tipo de periodista joven, becario, sin muchas ganas, sin entusiasmo, que llega sin los deberes hechos. Cosa lógica, porque ni le pagan apenas, ni le incentivan, yo haría lo mismo. El pobre jovenzuelo va a tener que hablar en su periódico de un libro que no ha leído, sobre un tema que no le interesa. No sabe nada sobre esa obra publicada, nada sobre el autor, es tan joven el interrogador que ni siquiera sabe qué es la vida, ni sabe quién es él mismo. A veces no sabe ni donde está. Mientras va desgranando preguntas desganadas, su mente está en la noche, porque es viernes y esa noche toca salir. Físicamente está allí haciendo preguntas, pero su corazón ya está en alguna discoteca al ritmo del bakalao. Cuando acaba su cuestionario desanimado, me dan ganas de preguntar: ¿algún lugar común más?

Hay otro tipo de periodista que es el que ha hecho de su profesión una pasión, que lleva toda una vida en eso, que trabaja sus noticias. Hay entrevistas que son obras de arte. Entrevistas en las que el periodista penetra en el alma del entrevistado. El periodista va mucho más allá de las respuestas porque capta la esencia del sujeto que tiene delante. No puedo dejar de citar a J.M. Vidal y a J.Martínez de Velasco. En esos casos cuando me han entrevistado no he tenido que medir milimétricamente mis palabras para no pasarme ni por un lado, ni por otro. Sólo he tenido que abrir las puertas de mi mente, dejar que cogieran lo que quisieran y que después ellos de esa amalgama, hicieran la síntesis que consideraran mejor.

Los periodistas magnos, los dos que he citado por ejemplo, no son meros escribas, no son meros transcriptores de lo que diga la grabadora (llamada en otros tiempos magnetófono). Sino que van más allá de las respuestas, trascienden la materialidad de las respuestas, penetrando en el alma de la persona, haciendo de su profesión un arte de análisis.

Siempre han existido estos dos tipos de periodistas. Los periodistas del primer tipo, los jóvenes mal pagados, siempre han sido dóciles, manejables como un coche pequeño. Los periodistas del segundo tipo, las vacas sagradas, siempre han sido incontrolables, incómodos para todos. Desgraciadamente los periódicos prefieren utilitarios manejables, de bajo consumo. Y así nos llegan. Vienen a interrogarnos, otro día más, esos jóvenes con pinta de haber dormido poco, pálidos, esqueléticos, con mala cara. Y nosotros los recibimos con caridad, porque les tenemos cariño.

viernes, octubre 24, 2008

El cuadro se titula La Dieta.


La devolución del importe de un trayecto en avión que finalmente no hice, el pago de unos impuestos municipales sobre mi piso al ayuntamiento, el ingreso de un cheque estadounidense de poca cuantía por unos derechos de autor: la mañana se me ha ido en gestiones de este tipo.

La tarde, como siempre, dedicada a cosas espirituales. La oración profunda, inclinado ante la custodia, el tiempo ha pasado sin sentirlo. Después ha venido el complemento: la atención a aquellas personas que me han venido a ver, solicitando ayuda.

La noche se me ha ido en tratar de convencer a un autor canadiense de mi postura en la conclusión del libro que estamos co-escribiendo. Él sostiene una posición distinta de la mía. Ya hemos tenido inacabables conversaciones sobre el tema, horas de conversación telefónica.
Al menos, mientras cenaba he visto un reportaje sobre Plutón. Tres cuartos de hora escuchando cosas sobre ese planeta venido a menos. ¿Sabíais que tiene el diámetro de la mitad de la anchura de Estados Unidos? ¿Sabíais que hay lunas más pequeñas que el Vaticano? Además en el Vaticano hay vida.
¿Sabíais que un cuerpo que en una diócesis normal puede pensar cinco kilos, en el Vaticano puede llegar a pesar veinte? Otro día quizá os hable de sus órbitas excéntricas y de sus satélites y de sus movimientos internos y de su atmósfera.

jueves, octubre 23, 2008

40 años y unos días


Ningún placer es comparable a la rutina. Bendita rutina que haces de los días una geografía conocida. Mi vida está salpicada de viajes, de eventos, de encuentros con personajes verdaderamente atípicos, pero todo lo resisto porque sé que después me espera la regularidad de una rutina paradisíaca, cuadriculada.

Después de los cuarenta, esperamos más de mañana que del futuro. Sobre todo yo comienzo a tener debilidad por los finales del día. Ningún momento es comparable a ése en el que sabes que ya has hecho todo lo que tenías que hacer, que ya no queda nada en lo que te tengas que ocupar más que en acabar el día.

Ése momento en el que te das cuenta de que te queda una hora y media antes de sumergirte en las oscuras aguas del sueño.

Ah, al final ayer se me olvidó poner el link prometido. Un link que bastará para alegraros el día entero. La música es un preludio de El Clave Bien Temperado.

http://www.youtube.com/watch?v=QKItJK2Y2tM&eurl=http://lamoscagao.wordpress.com/2008/05/24/inventemos-el-futuro/

miércoles, octubre 22, 2008

La teología que subyace bajo Bach


La música de Bach no habla de la alegría de vivir, la da por supuesto desde la primera nota hasta la última. La música de Joham Sebastian habla de un mundo que es armonía, de un mundo en el que el hombre está salvado y eso es lo esencial.

Un hombre triste jamás hubiera podido componer esa música. Su música es expresión de la alegría de su corazón y de toda una cosmovisión del mundo.
Sus pentagramas, sus contrapuntos, sus cantatas, son la expresión de la armonía que percibía en la existencia de su mundo, de su ciudad y de su familia de nueve hijos. Nueve sobrevivieron de los veinte que engendró. Su fertilidad en modo alguno era sólo musical.

La música de Bach no es optimista porque tenga que serlo, sus adagios respiran una tristeza y una amargura casi abismal. Pero el autor se sobrepone siempre. No es que tenga que hacerlo por requerimiento de la partitura, no lo hace porque lo pida ningún guión. Se sobrepone sinceramente y su música en conjunto es la prueba de su visión de las cosas.

Acabo este post ofreciéndoos un poco de su música en el link de abajo. Pero encima os la doy con un texto y unas imágenes que bastarán para alegraros el día entero. La música es un preludio del Clave Bien Temperado.

martes, octubre 21, 2008

Un día de mi vida. Algunas cosas.


Pongo orden en mi mesa de escritorio. La mesa parece generar el desorden sobre ella. Es como si ella generara una atracción a las cosas para que fueran apoyadas en ella, para abandonarlas, para dejarlas en busca de un después, para apilarlas según un cierto orden de cosas pequeñas, de objetos grandes, de libros que deben ser amontonados formando pequeñas pirámides escalonadas. Escalonadas según su interés, según su urgencia, según la desidia del momento.

También hubo que recoger pequeños microcosmos de desorden que se habían generado sobre la mesilla donde tengo los mandos a distancia, sobre el puf de la izquierda y sobre un sillón que no uso nunca para su función natural.

Mientras escuché un rato a Eric Satie, me sobraron ganas para hacer otro tanto en la cocina y en mi dormitorio.

A propósito, hoy he soñado que iba con más personas por un sitio amplio, extraño, amplio como una fábrica, y que en un momento dado me tumbaba en el suelo y decidía echar una cabezada. El suelo era como una cama, me arrebujé en las mantas y dejé que la expedición por aquel lugar siguiera su curso.
Era muy curioso el sueño. Porque soñé, por tanto, que me desentendía del sueño y que me echaba a dormir un rato. Allí acabó el sueño, la expedición onírica y dio comienzo un dormir dentro del sueño en el que todo se interrumpió con la dulzura con la que uno pierde la consciencia al meterse en la cama.
Le doy muchas gracias a Dios por mis sueños. Porque son como una segunda vida en la que siempre estoy haciendo excursiones, visitando lugares. Además, si mi vida real es deliciosamente predecible, la nocturna siempre me ofrece variadas sorpresas.

Los sueños son un don de Dios. Un don dado a los hombres y muy poco valorado.
Los sueños son un don de Dios. Un don dado a los hombres y muy poco valorado. Además, los hombres buenos como yo tenemos sueños muy agradables y bucólicos. No como esos de Izquierda Unida que pasan unas noches de órdago.

lunes, octubre 20, 2008

Algún pensamiento por ahí y por aquí


Llamazares.
Gaspar Llamazares (sí, Izquierda Unida todavía existe) ha lamentado que la Iglesia rechace la selección embrionaria y ponga un espermatozoide por encima de la vida de un niño.

Señor Llamazares, de verdad que yo sí que creo que usted piensa con uno de ellos.

Llamazares ha añadido: pensaba que quedaba algo de humanidad y de caridad en la jerarquía eclesiástica.

Señor Llamazares lo que le fastidia es que quede algún cura vivo después de la limpieza que hicieron esos a los que usted tanto admira. 4000 curas, religiosos y monjas mataron sus camaradas. Usted es la boca del fanatismo, es como un imán chihita de la vieja escuela, como un fascista de la solidaridad. Usted no representa ni de broma a los pobres. A los pobres los ayuda la Iglesia. Usted sólo da discursos.



Gallardón.
Casualidades de la vida, me encontré con Gallardón casi de frente en un largo pasillo del aeropuerto de México DF. Le saludé con una sonrisa sincera y amable. Él me devolvió una sonrisa fría, altanera. Es verdad, ya lo he comprobado dos veces al natural, que si no hay una cámara delante este hombre puede ser gélido como una serpiente.


Garzón.
Yo le pregunto:

¿No hay otro modo de hacerse propaganda para lograr el Nobel que levantando a los muertos?

¿No hay otro modo de aliviar el impresionante e inaceptable atasco de la Justicia que dedicarse a levantar fosas de la época en que todavía Lenin acariciaba su gato?

¿Después ordenará exhumar a los faraones de sus pirámides?

¿Ordenará investigar de qué murieron los Reyes Godos?

¿No era usted el que hizo campaña por el Felipismo (a cambio de un cargo) en la época en que ese partido puso en peligro la misma pervivencia de la democracia en este país?

domingo, octubre 19, 2008

Elizabeth, la edad dorada


Entre una cena, un rato de bicicleta estática, un desayuno y un almuerzo me he visto Elizabeth, la edad dorada. Yo pensaba que este tipo de películas ya no se hacían. Es decir, pensaba que este tipo de guiones en los que los españoles son peores que Hitler y los ingleses son la Madre Teresa de Calcuta, ya no se filmaban desde la época de El Guateque. Más que nada por decoro.

Pero me equivoqué. Aunque he de reconocer que las partes más graciosas de la película eran las protagonizadas por Felipe II. Lo menos malo que se puede decir de él viendo la película es que era un maniaco sediento de sangre. Insisto, ésa era la parte más positiva del monarca en la película. Su hija pequeña me recordaba a Chucky, el muñeco diabólico.

Pero si os digo la verdad, lo que realmente me ha impresionado, no eran las matanzas (bastante malas por cierto) de las escenas de batalla de la Armada Invencible. No, lo que me ha dejado con el tenedor con un pedazo de filete de pescado a la plancha en el aire, han sido las arrugas y deterioro de Cate Blanchett. (El filete de pescado (rosada concretamente) iba acompañado de trocitos pequeños de calamar bien cocinado con calabacín, tomate deshidratado, romero, laurel y un poco de pasta sofrita en estos elementos.)

Como decía, había visto a Cate Blanchett en Elizabeth I (la primera parte, igual de mala que la segunda) y me pareció la más bella de las mujeres. Su rostro no tenía igual. Pero al ver esta segunda parte, me di cuenta de pronto de que habían pasado diez años casi. Y el tiempo había sido muy duro con esa cara grandiosa. Es como si hubiera visto hace diez años una obra de arte y ahora me diera cuenta de que esa obra se está desmoronando sin remedio, sin restauración posible, sin esperanza. Cuando vi la primera parte yo era un jovencito. Ahora veo en su rostro el tiempo que ha transcurrido en mí.

Observar y meditar este pequeño aspecto no pretendido por el director, ha sido para mí el verdadero tema de la película, una película sobre lo inexorable del paso del tiempo. Entre la niña que ríe dando sus primeros pasitos y la anciana que está en el féretro, están esas arrugas que hoy he descubierto en su rostro. Esas marcas en la piel marcan la mitad del reloj.

No creo que haya en el mundo un blog que os advierta más del paso del tiempo que éste. Ay, mañana os hablaré de Garzón y Llamazares como os dije.

sábado, octubre 18, 2008

Hoy el Dow Jones cae un 1.41%. A este paso no nos van a quedar ni las vacas flacas.

Tercera y última entrega de post económicos o la historia de ¿quién me mandaría meterme en estos asuntos?

En mi modesta opinión, si vale de algo, la crisis tocará fondo en un año. Después, lentamente los indicadores irán mejorando. Seguiremos con varios años de crisis, pero con los marcadores en alza poco a poco. Si bien lo peor está todavía por llegar en los próximos meses.

¿Por qué creo que en un año tocaremos fondo? Por varias razones, pero especialmente por China. Ese inmenso motor generará tal demanda de productos que pondrá en marcha a los demás países industrializados. Y la demanda se generará porque el gigantesco río de divisas que incluso ahora le sigue llegando a China, tendrá que ser recolocado en forma de compras antes o después.

Lo que no me parece una buena medida es inyectar dinero al sistema financiero. Pienso que préstamos puntuales pueden ser beneficiosos para que el aterrizaje del pánico sea más suave. Pero evidentemente ya nada puede evitar ese aterrizaje.

Soy más favorable a que ese dinero se emplee, como hizo Roosevelt, en grandes obras públicas. Ése es el modo más inteligente de gastar el presupuesto en tiempo de crisis: genera empleo, mantiene vivas las empresas, crea riqueza real. Pero en la situación en la que estamos inyectemos el capital que inyectemos en el sistema, lo va a devorar todo.

La moral influye en todo. Los Grandes bien pudieron haber hecho algo cuando se veía que el ciclo se acababa. Pero no hicieron nada. En una visión cristiana de la economía los Jefes de Estado deberían haber comenzado a ponerse manos a la obra hace dos años. José no le dijo al Faraón: en cuanto comience el hambre me dedicaré en cuerpo y alma a elaborar un buen plan, o al menos un plan que sea popular.

PD. Mañana hablaré de Garzón y Gaspar Llamazares que en el fondo es de lo que os gusta que hable.

viernes, octubre 17, 2008

Siete vacas flacas subieron del Nilo y el IBEX ha caido un 4%


Lo que voy a decir puede sonar extraño, pero lo digo totalmente en serio: Dios no ha creado las leyes económicas.

Esas leyes económicas siguen las leyes de la Lógica. La Lógica no la ha creado nadie, simplemente existe. En el mundo existe la lógica. De ahí que las leyes económicas son increadas, como el álgebra o la trigonometría. Dios no creó el triángulo equilátero, ni el octógono regular.

Los hombres pueden conocer esas leyes económicas y crear reglas que se ajusten a las leyes. Los seres humanos creamos los marcos que sean más adecuados para que esas leyes económicas sigan actuando sin dañar a los seres humanos.

Las grandes masas monetarias se comportan a veces como los fluidos, a veces como las mareas, a veces como una mera fórmula matemática de carácter exponencial cargada de irregularidades.

De ahí que cuando las cosas van mal y hay crisis, no podemos encogernos de hombros y decir que la economía es así. Pues los hombres podemos encauzar la economía como encauzamos los ríos. Pero la gente suele olvidar que tanto el agua como el dinero siguen unas leyes que no las hemos puesto los hombres, y eso es así lo queramos aceptar o no.

jueves, octubre 16, 2008

La crisis económica o las vacas flacas del sueño de José


Este blog no suele prestar mucha atención al mundo exterior. De hecho muchos me echan en cara todavía que cuando el 1 de septiembre del 39 Alemania invadió Polonia, y me dediqué a escribir un precioso post sobre las burbujas de aire que subían en la cazuela de agua hirviendo.

Dejando de lado aquel post titulado Ese aire que sube y sube, y mirando un poco alrededor me doy cuenta de que una y otra vez se comenta en los medios de comunicación cuál es la causa de la crisis.

Todos los españoles que como yo tenemos cuarenta años, pudimos ver en nuestra adolescencia durante unos cuantos meses, una estupenda serie de reportajes sobre economía a hora de máxima audiencia. Eran unos documentales de una excepcional calidad. Sea dicho de paso, durante años me consideré a mí mismo un liberal gracias a Libertad de elegir de Milton Friedman. El primero de toda aquella serie de reportajes fue El dinero de John Kenneth Galbraith. Y allí se explicaba de un modo extenso y en profundidad la teoría austriaca del ciclo económico.

Aunque esa teoría ha sido completada y mejorada, siempre di como evidente la existencia de esos ciclos. Si la economía siguiera creciendo ininterrumpidamente durante treinta años la ganancia media anual por ejemplo en bolsa sería como mínimo del 30% o el 40%. Y si prosiguiera ese ciclo hasta cuarenta o cincuenta años, las ganancias medias bursátiles rozarían el 100%.

Eso está muy bien, pero el problema es que cuando el sistema tiene una fractura, el efecto dominó no hay quien lo pare. Y es peor cuanto más se haya alejado el valor real de una inversión, respecto a su valor especulativo.

El mercado tendría que devolver los precios especulativos a sus valores reales. Eso es evidente, eso ya lo descubrió hasta Marx, que sea dicho de paso era muy buen economista. Dicho de otro modo, cuanto más tarde en llegar un reajuste, es decir, una crisis, este reajuste será más duro. Si no fuera así, el dinero en circulación se multiplicaría sin límite alguno en relación a la masa monetaria, y especulando en inversiones cada vez menos realistas.

Después, como en toda crisis, le echaremos la culpa a la causa que desencadenó el dominó del pánico, en este caso las hipotecas subprime. Pero eso es lo de menos. Al final siempre hay una causa. Pero el comienzo de este ciclo era inevitable. Yo se lo dije a un amigo mío hace dos años: estoy seguro de que ya estamos al borde del ciclo de auge. Y de hecho ya les dije a parientes y amistades que vendieran sus acciones antes de que todo el mundo se pusiera a vender. No hay que empezar a vender cuando se anuncie que hay crisis, hay que hacerlo cuando las cosas están bien y se ve claramente que comienzan los signos de que el ciclo va a cambiar.

La conclusión de este post es clara: qué felices aquellos años en que crecimos escuchando a premios Nobel de economía después de la cena en vez de ver Gran Hermano.

En este caso, la culpa no es de nadie. La culpa es del dinero. El dinero es así.

miércoles, octubre 15, 2008

Regreso a España


Mi avión atravesaba las oscuras aguas nocturnas del Atlántico, mientras yo me lo pasaba muy bien viendo mientras cenaba La gata sobre el tejado de zinc.

Me lo había pasado muy bien aquella mañana atravesando en un estupendo 4x4 las laderas empinadas y embarradas de un volcán cerca de Cartago. Grande fue la emoción de preguntarle asustado al conductor si aquel vehículo podía bajar aquella cuesta en concreto, grande fue el miedo de agarrarme fuertemente al asidero de mi costado pensando que el 4x4 iba a resbalar hasta el fondo del río, pero más grande fue la impresión estética de esta obra de Tenesee Williams.

Había visto esta película alrededor de los diez años en aquel mítico Sábado Cine, no entendí nada. Un niño no puede captar la inmensidad de la historia, de las emociones, la grandiosidad de los caracteres que se relacionan en esa historia. No podemos decir que esa película haya trama alguna, sólo historia.

La obra sugiere tanto, mucho más de lo que se dice en la película. La idea de que el primogénito en realidad no fuera hijo del magnate, flota pesada sobre el ambiente como un yunque. Es una certeza que no llega nunca a explotar, pero que golpea una y otra vez los diálogos. Como ésta, tantos y tantos flecos de la historia que no llegan nunca a ser estirados del todo.

La película para mí fue grandiosa como la selva que veíamos desde la fábrica de envasado de plantas medicinales que visité esa mañana. Durante ese viaje nocturno, ni toqué mi Archipiélago Gulag. Después vino la grandiosidad de la T4, el taxi que me llevó a los estudios de 4º Milenio, la nevera vacía y el retorno al territorio de mis rutinas.

lunes, octubre 13, 2008

Primer día tras el meridiano

La cena se tornó tan borrascosa como esta lluvia que ni para ni cesa. Aquí no deja de llover ni a tiros. Empezó a eso de las cinco a llover y a las 11 de la noche sigue y sigue. El problema es que todos los días es así. Esto es como Galicia pero sin compasión.

Pero volvamos a la cena. Tras los postres se puso sobre la mesa si en el Cielo había grados. Y ese tema toca mis más profundas fibras. Esta cuestión teológica para mi vida resulta esencial. De su resultado dependen los más pequeños detalles de mi día a día.

En fin, ellos que digan lo que quieran. Yo estoy convencido de que cada cosita que haga recibirá su premio concreto. Ay, esta dichosa lluvia tan fuerte. Os aseguro que llevan callendo chuzos de punta desde hace horas y horas. Al menos, desde mi cama será agradable. Qué malos son esos comensales, sobre todo uno, mira que querer quitarme el grado de gloria.

domingo, octubre 12, 2008

40 años y tal

5.35 de la mañana, me despierta un coro de nueve personas cantándome Las Mañanitas del Rey David.

Más tarde un viaje de cuarenta minutos por unas carreteras que son una eterna curva, en medio de montañas y colinas verdes, sembradas de palmeras, vacas y un volcán en la lejanía que la sempiterna niebla, densísima, no deja ver.

LLegamos tarde, pero no importa, ellos querrían que les predicase cuatro horas seguidas. Al final sólo predico una hora por la mañana, una hora de preguntas y respuestas por la tarde, y la homilía de la misa. Homilía recortada por una lluvia gigantesca, atronadora, que se prolonga durante quince minutos.

Después viene el pastel de cumpleaños, no me lo esperaba. Sorpresa mía ante las dosmil personas que me aplauden sinceramente y me cantan el Cumpleaños Feliz.

Bendigo a la primera fila de enfermos: sillas de ruedas, cojos, personas con deficiencias. Aquí es donde más incómodo me siento, no quiero crear en ellos falsas esperanzas. Me da pena que crean que puedo darles lo que no está en mi mano.

Después oró por el resto de la gente. Aquí me siento más feliz, porque oro porque reciban algo más amplio, algo más indefinible, algo que ni siquiera sé yo qué es: la gracia. El misterio que reciben los sencillos, los humildes. Otros teorizarán sobre lo que es la gracia. Los pobres de espíritu la experimentan, la tienen, la sienten. No necesitan un tratado, la gozan con la simplicidad de los pastores hebreos de la época de Joel o Jeremías.

Noche. Vuelta a San José. Gran discusión teológica entre todos los pasajeros del 4x4 acerca del Misterio del Mal. La sencillez de Natanael vive en el señor del asiento de atrás. Al volante el banquero que como Mateo ha decidio seguir a Jesús. Detrás una mujer salvada del cáncer por el padre Emiliano Tardiff. Gran discusión, largo viaje en las entrañas de una noche oscura, lluviosa y por fin sin niebla.

Cenamos una pizza y una chocolatina con un chico joven, optometrista, gran colofón para el día. Este chico es un contemplativo, un santo y, encima, con poca hambre, menos mal, porque yo sí que tenía un apetito que me hubiera comido hasta la caja de cartón de Pizza Hut.

sábado, octubre 11, 2008

Costa Rica y el pollo cervecero

No tengo ni idea de lo que es el pollo cervecero, pero es lo que leo continuamente en los carteles de los restaurantes al lado de la carretera, y la verdad sea lo que sea me hace gracia.

Tengo un sueño terrible, el cambio horario por un lado y el no mucho descanso hace que se me caen los párpados mientras voy en coche por la noche, aunque sé que tras la cena me esperan un par de horas de viaje hasta San Ramón, católico nombre de una ciudad.

Hoy ha llovido casi todo el día, pero justo en una rueda de prensa ha caído una tormenta que parecía un bombardeo de los alemanes sobre Londres. En un momento dado he pensado que si nos alcanzaba un rayo sí que íbamos a ser noticia.

Hoy es el quinto día fuera de mi hogar. Me han tratado maravillosamente, pero hoy es el primer día en que por fin me he sentido cansado. Ya siento morriña de mi casa. Mañana es mi cumpleaños, lo celebraré en San Ramón (que es el patrono de Barbastro). 40 años. Mañana traspaso el meridiano. Adiós, primera parte de mi vida.

jueves, octubre 09, 2008

Adios, Mexico lindo

Hoy por la noche llegare a Costa Rica, Dios mediante. Y esta mencion de Dios no la hago inconscientemente, porque el trafico de esta urbe es denso. Aunque se trata de un trafico denso, amable, no crispado. Los coches, como los globulos de un torrente sanguineo evitan la linea recta.

Los guardias de trafico van vestidos como generales, pero son apodados los pitufos.

Antes de ayer vi por tercera vez el Museo Antropologico. La impresion al entrar a la gran sala central, la del famoso calendario azteca, es increible. Siempre me impresiona mas que entar en la Capilla Sixtina. Esa sala para mi es uno de los lugares que visitaria año tras año. Aunque el entero museo es increible. La acumulacion de reconstrucciones de tumbas, mascaras, guerreros de arcilla, codices colombinos, viboras, maquetas formidables. Es la tercera vez que veo el museo y espero seguir disfrutandolo mas veces a lo largo de mi vida.

Adios Mexico, de verdad que te quiero.

miércoles, octubre 08, 2008

En la tierra del águila que devora a la víbora

Ayer por la mañana di mi conferencia en la Parroquia de Chestokova, por la tarde di otra conferencia en una inmensa sala de cine de Kinépolis. Habían previsto que fuera otro el lugar, pero al no poder ser, buscaron este auditorio para alojar a tanta gente.

En la tarde, a causa del cambio horario, tenía tanto sueño que mi único esfuerzo durante toda la hora y cuarto, fue no dormirme. Dicen que hablé bien, pero yo no me acuerdo de nada, sólo del esfuerzo en que no se me cerraran los ojos, del esfuerzo para no dormirme en mitad de la conferencia. Os aseguro que hubiera sido una situación muy embarazosa. Despertarme y encontrarme con más de trescientas personas mirándome fijamente.

Al mediodía, comimos en el restaurante El Cardenal (no es broma) con el padre Daniel Gagnon, un santo varón. Nos contó como tuvo una visión en un momento de su vida sacerdotal en que se vio como un río seco, y cómo a partir de entonces su vida cambió. Yo le escuchaba con devoción, con veneración. Diciendo en mi interior: cuando crezca quiero ser como él.

Por lo demás, el día se me va repartiendo bendiciones. Me encanta bendecir a la gente. Pongo la mano sobre la cabeza y oro en silencio al Señor. En seguida una masa de cien o doscientas personas se arremolinan alrededor mío. Os aseguro que bendecir a esta gente llena de fe, de humildad y de sencillez es una de las cosas que más me gustan.

El carácter mexicano es quizá el mejor carácter del mundo. Es cierto que hay delincuencia e inseguridad. Pero eso es fruto de unos pocos, de una minoría. El resto de la población es religiosa, amable, llena de bondad, con un corazón ardientemente religioso. Como siempre, unos pocos afean la imagen de toda una nación. Pero el trato humano aquí es sustancialmente más agradable que en cualquier otro lado del mundo que es más seco, más frío, menos cordial.

martes, octubre 07, 2008

En la gran tierra Mexicana

Escribo sentado en una sala de estar de una casa de religiosos en esta impresionante ciudad de 20 millones habitantes: Mexico DF. Fuera llueve y llueve. No hace calor.

He hablado hace unos momentos ante algo mas de un centenar de chicos de catorce agnos (disculpad que en este ordenador no encuentre ni la egne, ni las tildes, ni otros signos ortograficos).

Dentro de poco rato dare una conferencia en un colegio ante algunos centenares de padres. Dar conferencias, la capacidad de influir sobre tantas almas a la vez.

Por la magnana encuentro con los trabajadores en pleno de la editorial que publica mis libros en Mexico. Firma de libros, comentarios sobre las obras. Aqui hay trabajadores que conocen mi obra mejor que yo. Profesionales del mundo editorial que recuerdan detalles, recovecos, que yo hace mucho que olvide.

De nuevo el transito en coche por una urbe que es un mar de casas. El Angel de la Independencia, el Zocalo, la Catedral barroquisima, las misas donde la gente acude con una devocion sencilla, los picantes en el guacamole, los hongos negros del maiz que siempre pruebo. 

Se que puedo parecer adulador, pero lo que mas me gusta de Mexico siempre es su gente. Su bondad, su sencillez, su amabilidad, su falta de agresividad. Bueno, dejo este post para hacer mi oracion de la tarde antes de la conferencia de las ocho.



domingo, octubre 05, 2008

Al lado de la fuente (de la vida)



Hoy he oficiado una de esas bodas que te dejan un maravilloso sabor de boca. Dos colombianos jovencitos que se amaban arrebatadoramente. Los dos con el más dulce de los caracteres. Eran muy jóvenes, sí. Pocas veces he estado en una boda en la que tuviera yo tan gran seguridad de que ese matrimonio iba a ser un éxito rotundo del amor.

Después una cena con varios de los más íntimos de mi parroquia: bromas, buen humor, una comida fantástica, una delicia de tiempo compartido.

La vida parroquial está llena de pequeños momentos deliciosos, de grandes momentos litúrgicos, de grandes celebraciones y de pequeñas cenas, de momentos de una seriedad tal en que parece que se palpa el Misterio, y de risas de la sacristana y de su nieto de ricitos dorados, bajo la complaciente mirada de su madre irlandesa. La parroquia es un microcosmos, un hogar, una casa, una cena, una Cena, niños que corren, la niña vestidita de blanco con guirnalda que me ha tirado su puñito bien lleno de confeti, todavía tengo algo de confeti entre mis canas.

Mañana México. Estaré en ese soleado y amplio país dando conferencias durante tres días. Dar conferencias me encanta, disfruto, siempre improviso, nunca las preparo. Vivo cada momento de la conferencia como un momento de inspiración o de falta de inspiración. Pero salga mejor o peor, jamás pienso presentarme ante el público a leer. Eso no sería una conferencia, sería un acto de dictado con momentos de interpretación. Sí, una de las cosas que más me gusta de la vida es dar conferencias. Lamento que la mayor parte de la Humanidad no haya dado nunca ninguna conferencia, es un gran placer.

sábado, octubre 04, 2008

Limitaciones gnoseológicas


El que tiene una bella cabellera rubia que le llega hasta la espalda, se enorgullece de sus rizos. El que es listo, se vanagloria de su inteligencia, pensando que tenerla es su mérito. Hasta el que ha llegado a centenario suele achacarlo a alguna virtud o costumbre. Recuerdo, y no es broma, a un centenario que dijo que había vivido tantos años por una razón, que desayunaba mucho. He vivido tantos años, porque siempre he desayunado mucho, dijo.

Todos creemos entender el por qué de las cosas, como ese centenario. Todos, como el protagonista de El Nombre de la Rosa, creemos tener la razón del por qué de las cosas. Fray Guillermo de Basquerville en el último capítulo descubre inteligentemente que no sabe nada. Yo en esto he llegado a una cierta humildad. Acepto el poco conocimiento que tenemos y que podemos tener del otro. Creo que fue hace años cuando me enfadé por última vez por defender tercamente algo en una conversación de amigos.

Pero soy benigno con los tercos. Hace tiempo que aprendí el arte de la comprensión con aquellos que todavía se creen poseedores de una alta consideración de sí mismos.

En otro orden de cosas, hemos despedido quince personas a Amelia que se a Lerma para ser una buena clarisa. Jamás entenderé por qué ha elegido un Mc Donalds para esta despedida. Esas dos hamburguesas que me he comido eran malas como unas Krusty Burgers.

viernes, octubre 03, 2008

Rien ne va plus


Los que nos dedicamos a las cosas de Dios muchas veces nos hacemos la reflexión de dónde acaba el Azar y dónde comienza Dios. O dicho de otro modo, dónde acaba el Azar y dónde comienza el No-Azar. ¿Qué Voluntad maliciosa o bienhechora hay detrás de la secuencia de números, de par e impar, de rojos y negros en los que cae la bola?

¿Por qué él es Becham y tú Rodríguez? ¿Por qué él es Pitt y tú el repartidor de pizzas? ¿Por qué él tiene los ojos azules bajo esos rizos rubios, y tú tienes diabetes? ¿Por qué yo soy el inquisidor y tú el interrogado? ¿Por qué yo mando y tú eres el subordinado?

En medio de este mundo, de esta inmensa ruleta cósmica, de esta tómbola planetaria, un comentarista, JB, hizo una interpretación a mi sueño en el que bajaba de un ascensor que ha dado en la diana. Lo que pasa es que no conté todas las cosas en el post, y no sabe hasta qué punto ha dado en la diana con su interpretación que no me tomé en serio en su día.

¿Casualidad, azar, un don? No es sencillo interpretar el mundo. No es sencillo interpretar hasta qué punto hay una voluntad o no detrás de la tómbola.
Y, sin embargo, esa Omnisciencia que interviene, existe en el mundo. Dos veces (una en 1995 y en 2001) me han profetizado algo muy concreto y se ha cumplido. Lo impensable se hizo realidad con todo detalle para mi asombro, para reforzar mi fe en que somos algo más que huesos y carne. Sí, existe esa Voluntad.

jueves, octubre 02, 2008

El tiempo entre dos tiempos



El tiempo que transcurre entre que comunicas que vas a dejar una parroquia y toma posesión el nuevo párroco, es el más plácido de los tiempos.

Es un tiempo en el que ya no tienes que demostrar nada, ya llevas varios años. Ya no tienes que hacerte amable con nadie, ya no tienes que ganarte a nadie. Dejas de pensar en nuevas reformas o en la posibilidad de nuevas adquisiciones. De pronto es como si cayeras en un tiempo entre dos periodos. Es como si fueras consciente de que vives un par de meses de no-destino entre dos destinos.

Cuando te nombran para una nueva parroquia, vives el cambio con gran ilusión. Después siempre sobreviene con los años una cierta rutina, es algo humano. Saber que te quedan dos meses antes de abandonar tu parroquia, es como una suspensión de la rutina, para entrar en una continua despedida; de las personas, de las cosas, de los entornos, de las costumbres.

Esa despedida prolongada se presta a una continua meditación sobre la fugacidad de todo, también de las ilusiones.

Entre los feligreses, un cambio de pastor supone para algunos una novedad. Para otros, supone una tristeza. Para los párrocos, cada parroquia es una parte de su vida e ilusiones. Sí, para nosotros siempre es mucho más que para los parroquianos.

miércoles, octubre 01, 2008

Qué verde era mi valle


En la foto de al lado aparece la parroquia de la que soy párroco.

Bueno, no lo había dicho hasta ahora pero me cambian de destino. Un nuevo párroco será enviado a Anchuelo a finales de octubre. De los muchos aspectos en que podría enfocar este cambio, me gustaría hacerlo hablando del párroco que me va a sustituir.

No conocía mucho a mi sucesor en el cargo, Luis Moreno, párroco de San Isidro. Le conocía de cara, habíamos charlado algo, poco, en las reuniones. No tenía una idea definida acerca de él.

Ahora hemos tenido que hablar largo y tendido de la parroquia de la que se va a hacer cargo. Y con cada conversación que hemos tenido me he ido dando cuenta de que es un hombre de juicio sereno, de opinión prudente, con muchos años de pastoreo a sus espaldas. Nada que ver con el recién ordenado lleno de entusiasmo, sí, pero sin idea de lo que es una parroquia.

Francamente, hubiera deseado que me sustituyera alguien menos adecuado. Así me hubieran recordado con más devoción. Pero mucho me temo que él va a encajar como anillo al dedo en el pueblo. Con un buen párroco se olvidarán de mí en un par de años.

Siempre he pensado que buena parte del mérito de que uno siga siendo recordado con afecto, consiste en que te sustituya alguien que lo haga peor que tú. Si lo hace bastante peor, te recordarán con mucha más nostalgia.

Lo cierto, a pesar de todo, es que me alegra de que sea él mi sucesor. Tengo la seguridad de que será un magnífico párroco.

Tras tres años de plácida y agradable permanencia en mi pequeño paraíso parroquial, otro se sentará en la preciosa sede de manera que hay en el centro de la base del retablo barroco del siglo XVIII, otro les aconsejará, otro les consolará. Me alegro de que sea él el que venga tras de mí, el pueblo algún día le querrá mucho. Eso me consuela.