domingo, noviembre 30, 2008

Audiencia con el Santo Padre


Como ya dije en el blog, la semana pasada estuve en Roma. Allí tuve la posibilidad de asistir a una audiencia general con el Santo Padre.

Aunque el acto comienza a las 13:00, hay que estar dos horas y media antes en la Plaza de San Pedro. El resultado es que sentado en el sector que me correspondió (color amarillo) me aburría esperando. Tanto me aburrí que me dediqué a contar cosas.

Por ejemplo, descubrí que en la fachada de la basílica hay diecinueve ventanas y siete puertas. Desde la plaza son visibles seis pararrayos. En la fachada del Vaticano hay dos águilas y seis metopas bajo los apóstoles. Otras cuatro metopas permanecen vacías bajo la fila de balcones.

Dos hornacinas permanecen vacías. En la fachada se pueden contar tres tiaras. Cuando conté las tiaras, el nivel de mi aburrimiento era tan grande como la fachada que tenía delante de mis ojos.

En esa fachada hay dos relojes. Cada reloj marca una hora distinta. No recuerdo si funcionaban. Pero uno marcaba las 2:42, el de mi derecha, y 9:50 el de mi izquierda. Por lo menos así era en el momento en que me fijé en este detalle.

Sobre esta nimiedad de detalle horario, Dan Brown ya tendría para media novela.
En un momento dado, dos bandas visitantes tocaron. Una tocó la banda sonora de la Vida es bella, la otra música tirolesa.
El aburrimiento puede llegar a ser una de las fuerzas más poderosas del universo.

sábado, noviembre 29, 2008

Lectura teológica del nazismo


En la foto, Elisabeth Gersch y su hija, gaseadas en 1944 en Auschwitz.
Ojalá que nunca hubiera existido el nazismo. Pero dado que ha existido, se puede hacer una lectura teológica de los hechos que provocaron su ascenso, consolidación y caída.

Ojalá que nunca hubiera existido, pero con su existencia hemos aprendido hasta qué punto un abismo del mal puede crear otros abismos más profundos y más tenebrosos.

Hemos conocido la mejor, la más perfecta, prefiguración del Anticristo, hemos conocido cómo podría ser la sociedad de la que nos habla el Apocalipsis. Vimos con nuestros ojos la degradación de toda una población de cientos de millones de habitantes en muy pocos años.

Contemplamos cómo puede ser bello el mal. Cómo su belleza puede seducir incluso varias generaciones después. Vimos cómo la irracionalidad se puede erigir en regla suprema de un Estado de Derecho. Contemplamos el suicidio de la democracia.

El III Reich cayó, pero no podía ser de otra manera. El mal cuanto más extremado, más tiende a su propia autodestrucción. La autodestrucción, único final posible de la irracionalidad a la que ya ningún freno sujeta.

La esvástica se convirtió en la marca de la Bestia. El mal en grado supremo movió a muchos seres humanos a resistir y por tanto a hacer el bien en grado heroico. Fue una época de villanos y de héroes. Los héroes fueron pocos, pero estuvieron a la altura de los villanos.
Si grandes fueron las tinieblas, más esplendorosa fue la luz con la que brillaron aquellos hombres que supieron decir NO. Su luz todavía brilla a través de la Historia.

viernes, noviembre 28, 2008

Lecturas de viaje


Durante mi viaje a Roma seguí leyendo el libro El pecado de los dioses, sobre la alta sociedad y el nazismo. De la lectura de ese magnífico estudio histórico, entresaco estos pensamientos:

En el proyecto ideológico nazi la mujer debía ser modesta y discreta.

Su belleza es tanto más loable si es natural.

Aprender a ocuparse de la casa y aclimatarse a la disciplina y el orden.

Relegadas a las tareas del hogar y a la reproducción.


Este libro de Fabrice d´Almeida está resultando una inagotable fuente de datos. Leo mucho sobre el nazismo, porque para mí el nazismo tiene la posibilidad de una lectura completamente teológica. Me alegro mucho de no haber vivido en esa época. Si hubiera vivido esa tremenda época, quizá hubiera pensado que Hitler era el Anticristo. Y en cierto modo lo fue. Fue una prefiguración del auténtico que vendrá algún día. Hitler, como el Anticristo, predicó el odio, extendió la guerra, persiguió a la Iglesia. Alemania vivió una especie de gran apostasía. Sin embargo, Hitler no era el anunciado. El resto de profecías no se cumplían en él.

jueves, noviembre 27, 2008

Dia anodino pero frío

Por la noche:
Hoy soñé que iba a visitar el colegio del parvulario de las Monjas de Paul. Para ello tenía que bajar desde la calle unas escaleras, pasando a través de algo que parecía más una trampilla que una puerta. Pero antes tenía que terminar una conversación en los escolapios. Cuando por fin pude salir, el portero de las paules ya no estaba y la puerta estaba cerrada.
Durante la comida:
He visto por segunda vez American Beauty, sus primeros trece minutos. La primera vez que vi la película, la vi pensando que estaba muy lejos de la edad del protagonista. Ahora la veo desde una nueva perspectiva: ya no me importa la trama, lo que importa es verlo todo con los ojos de un cuarentón. Es decir, la gran historia de la película es la entrada en los cuarenta.

Tras la cena:

Mamá, ya me he acabado las frutas de Aragón.
(Frutas de Aragón: fruta escarchada cubierta de chocolate)

Antes de irme a la cama:
Detrás de los cristales de mis ventanas, hace un grado de temperatura. Esta noche hará -3º. Acabo el día leyendo estas citas de Woody Allen:
Si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías.
Tendía a poner a mi mujer bajo un pedestal
No puedo escuchar mucho a Wagner porque enseguida me entran ganas de invadir Polonia.

martes, noviembre 25, 2008

Una noche, dos sueños

Hoy he soñado que conducía a gran velocidad por las curvas de una autopista. Y aunque finalmente no me pasaba nada reconocía el riesgo en el que me había puesto.

Después he soñado que atravesaba una selva y que tenía que cruzar un profundo barranco a través de un tronco caído cuyo extremo ocultaba la espesa vegetación. Al final no me atreví a hacerlo y poco después otro integrante del sueño me mostraba una fotografía en la que se veía todo mejor y me alegraba de no haber pasado por ese lugar tan peligroso.

Lo mejor de caerte en un sueño es que siempre caes en blando. Si fuéramos conscientes, seríamos más audaces en nuestros sueños. Lo triste es no ser valientes ni siquiera en ese mundo onírico.

Obsérvese el buen color de cara que tengo


Cena de los compañeros de curso de secundaria, todos con cuarenta años cumplidos en este año.

Hoy lo pensaba por la tarde: aquel pequeño mundo que era el curso al que yo pertenecí, qué lejos quedaba.

Bien claro tenía que ya no existía, pero en aquella noche me di cuenta hasta qué punto había quedado atrás.

Aquel curso era un pequeño mundo, cada uno con sus ilusiones, cada uno con su psicología, cada uno con sus pequeñas virtudes y sus juveniles defectos. Cuántas risas entre nosotros, cuántas bromas, cuántas horas pasadas juntos.
Al día siguiente de la cena me dediqué a pasear de arriba abajo por todo Barbastro. Regresé a los escolapios, otra vez recorrí sus pasillos, entré en sus aulas, en su iglesia, en su salón de actos. Todo parecía más pequeño. De niño todo era más grande. También llamé a la puerta de las Monjas del Amparo, donde pasé los años del parvulario.

Cuanta nostalgia, cuanto ejercicio del recuerdo.

domingo, noviembre 23, 2008

Qué será, será

Bueno, ya nos hemos encontrado. Allí estábamos cenando los ciento veinte barbastrenses que este año habíamos cumplido los cuarenta años.

Allí, en la cena, descubrí que dos compañeras mías de la secundaría habían estado conmigo también en el parvulario.

Hace veintidós años los dejé, a mis compañeros, frescos como una rosa. Ahora, al reencontrarnos, pensé que les había caído encima una bomba atómica. Lo mínimo que se podía decir de los chicos es que habían engordado, ellas iban estucadas.

Los dejé para irme a Pamplona, ellos también se dispersaron por toda la geografía. En esa época nos preguntábamos qué iba a ser de nuestra vida, ahora ya no nos preguntamos eso: nuestra vida es lo que somos.

El futuro imaginado, ansiado, anhelado, ahora es nuestro presente. Hace veintidos años nos alejamos cada uno en dirección a nuestro futuro. ¿Qué iba a ser de nuestra vida? Toda la vida por delante. Todo era posible.

sábado, noviembre 22, 2008

Regreso al futuro


Hoy pongo rumbo a Barbastro. A las ocho de la noche nos encontraremos todos los barbastrenses que nacimos en el 68. Es decir, unas ciento veinte personas que justamente en el 2008 hemos cumplido cuarenta años.

Hoy no pongo rumbo a Barbastro, sino a un tiempo pretérito. Tantos compañeros de pupitre cuyos rostros se refrescarán en lo más profundo de mis recuerdos provocando una sonrisa de alegría.

La última vez que nos vimos nos preguntamos qué sería de nuestra vida. Hoy comprobaremos qué ha sido de ella. De lugares muy diversos vendrán a ese punto norteño aquellos con los que jugamos.

El niño con el que jugábamos al pilla-pilla o al caballito o a la cadeneta o a la sueleta, ahora es un gordo abogado, una coqueta catedrática o un camionero. El niño con el que cambiaba cromos puede que llegara a ser un bróker de la bolsa. El niño que jugaba a abrir ranas en canal puede que sea un cardiólogo.

Allá voy, primero en el AVE, después en coche, hacia un futuro que imaginamos y que es ya hoy presente.
Nunca me imaginé que llegar a cuarentón me transformara en un ser tan sentimental.

viernes, noviembre 21, 2008

El poder de las palabras salidas de la boca de Dios



Llega el final del día. Me queda media hora antes de acostarme. En unos momentos, me sentaré a leer la Biblia. Acabar el día leyendo la Sagrada Escritura es acabar el día escuchando a Dios.

La lectura orante de la Biblia, leer para escuchar. No se me ocurre mejor forma para un clérigo de acabar la jornada.

Tomar algún versículo de la lectura y repetirlo durante el día que mañana el Señor me dará. De forma que la lectura de hoy continuará de algún modo mañana prolongándose a través de las horas.

Beber de las aguas puras y cristalinas de la Revelación de Dios. Alimentarme de su Palabra.

Me gustaría poder decir que vivo de la Sagrada Escritura, pero todavía no lo he logrado.

miércoles, noviembre 19, 2008

Roma y Sewell


Para mí, Italia estará siempre empapada de los comentarios irónicos, sarcásticos, maliciosos de Brian Sewell. Tres veces he visto entera la serie antológica de reportajes que hizo la BBC.

Sewell tiene el don de la inteligencia. Su serie de documentales sobre el Gran Tour de los jóvenes británicos en el siglo XIX por Italia, era todo un despliegue de erudición, de maestría. Realmente más que caminar por las ciudades italianas lo que hacíamos era recorrer la mente de Sewell.

Sin duda, nadie como los ingleses han sabido mirar Italia. Ellos la han apreciado como ningún otro sus ciudades y campiñas, sus iglesias y pinturas. Nadie como ellos la han mirado por encima del hombro, pero lo han hecho con clase.

Italia y los ingleses victorianos y postvictorianos, dos elementos que combinados forman una mezcla sumamente agradable. Mientras que la mezcla germano-italiana puede resultar sencillamente explosiva.

martes, noviembre 18, 2008

Esas calles, tan romanas


De Roma lo que más me gustan no son sus grandes basílicas, ni sus cuatro columnas viejas a las que llaman foros, ni sus artificiosas fuentes que me recuerdan a las fallas de Valencia. No, no, nada de todo eso. A mí lo que me gusta de verdad de Roma son sus callejuelas.
Callejuelas estrechas, sucias, marcadas con las mil cicatrices del tiempo, encantadoras, evocadoras. Callejuelas que se retuercen, que suben, que se bifurcan, que nos sorprenden en sus paredes desconchadas, en sus piedras milenarias mal encajadas entre el yeso pintado de amarillo de una tienda pequeña de moda. Eso es lo que las hace únicas a esas calles, su caos, su desidia, una magistral desorganización estética que las hace formidablemente espontáneas.

En las viejas iglesias del centro, ese monumental talento para la desorganización es lo que hace que me gusten también. Uno entra en esos templos oscuros, barrocos, viejos, y descubres el encanto de la no racionalización, el encanto de dejar que se acumulen las cosas durante siglos, unas cosas encima de las otras, así hasta que se cubren todas las paredes. Nada más entrar en cualquiera de esos espacios, te das de bruces con un cosmos que no es nada germánico, nada anglosajón, sino la expresión del más puro carácter romano.

Ya está hecha la maleta, mañana Roma.


Roma, la Nueva Jerusalén. Parece que la ciudad también tuvo algo de historia antes de la llegada de Pablo y Pedro al lugar. Tuviera la historia que tuviera, tampoco fue tanta como para no caber en unas cuantas salas de los Museos Vaticanos.

Ciudad de espantoso trazado de avenidas, casi nulas por otra parte. Y es que a la masonería lo que se le da bien es el negocio de la expropiación. Después cuando llega la hora de trazar grandes vías, les pilla cansados.

Roma es una ciudad muy expropiada. Si hubiera seguido siendo una teocracia hubiera sido un emporio. Pero Verdi y Garibaldi tenían otros proyectos, proyectos de gran ópera nacional, con lo bonitos que son los estados pequeños.

Bueno, yo ya he hecho la maleta. Con la práctica de años, la hago en un santiamén. Equipaje de mano, un buen libro para el avión y un amigo del bachillerato a mi lado. El viaje se debe a razones editoriales, se acaba de publicar la versión italiana de Summa Daemoniaca.

Hubiera sido bonito llegar a un aeropuerto en que la maleta, en la aduana, te la revisara un guardia suizo. La idea de una Italia formada por pequeños cantones, por encantadoras suizas, hubiera sido mucho más poética. Probablemente hasta económicamente les hubiera sido más ventajoso. Hubiera sido uno de los rincones más deliciosamente irregulares del Viejo Continente. Lo grande no es mejor por ser grande.

Una península formada por una constelación de andorras no hubiera sido el Gran Estado Mussoliniano que tenía en la mente ese mediocre actor que fue Benito. Pero por otra parte las fronteras las ponemos los humanos, no existen en el campo. Resulta preferible estar unidos que separados. Así que mejor las cosas mejor como están. Sé que esto puede parecer contradictorio con el texto del post, pero no renuncio a ser contradictorio.

lunes, noviembre 17, 2008

Lista de cosas para hacer mañana


Tengo que llamar a Alastuey para decirle que nos vamos a reunir todos los barbastrenses que nacimos en el 68 y que cumplimos cuarenta años. Menuda colección de barrigas, calvas y patas de gallo. Soy de lo que mejor se conserva de esa quinta. Pero aparentaré humildad.

Quién me iba a decir que la chica del pupitre de atrás, tan comedida, iba a acabar de catedrática de criminalista.

Tengo que llamar a L.P., profesor en Roma, para pedirle un favor. También tengo que llamar a un obispo auxiliar de Estados Unidos para pedirle otro favor. O mejor dicho, el mismo favor pero intentado por otro camino.

Tengo que ir a pagar el hotel de Roma en mi agencia de viajes. El martes y el miércoles iré a Roma por asuntos literarios. Se ha traducido mi Summa Daemoniaca al italiano. Horrible portada, buena traducción.

Dedicaré parte de la mañana a poner orden en los armarios de mi habitación. Me gustaba pensar que eran un caos controlado, pero últimamente han descendido al escalón inferior.

Como le comentaba a cierta persona, hace dos días tuve una prueba más de lo mala que es la envidia, de lo mala que es la ingratitud y de la poca valía de una persona con la que no hablaba desde hacía meses. No importa: el libro que estoy leyendo estos días es fantástico, la cena de hoy ha sido exquisita, la correspondencia de mis lectores muy animadora.

domingo, noviembre 16, 2008

Consejos para predicadores de un domingo típico


Ya que este blog es leído por no pocos sacerdotes, me gustaría dar algunos consejos para la predicación, para ese gran trabajo que es la predicación:

Lo primero de todo, a la predicación hay que considerarla un trabajo. Es decir, el sacerdote no debe pensar al ir a decir la homilía: voy a decirles unas palabras. ¡No!, unas palabras cualquiera las pueden escuchar de cualquiera. El ministro de Dios debe ejercer el ministerio de la predicación, es un oficio sagrado. Eso supone preparar lo que se va a decir.

Los fieles deberían sentir al escuchar la homilía que están escuchando a Jesús, o a Pedro o a San Pablo o a un Isaías.

No se trata por tanto de ser gracioso, no se trata de dar un sermón entretenido, no se trata de sorprender por sorprender: se trata de que escuchen a Dios a través del hombre, de que Dios les hable a través de su enviado. Todo sacerdote debería recordar que es un enviado de Jesús. Jesús le llamó y él ha aceptado la misión de ir a predicar.

Después no hay que olvidar que es tan bonito predicar de lo positivo. Somos predicadores del bien. Ciertamente a veces tendremos que advertir acerca del mal. Pero esencialmente debemos hablar de aquello que llena nuestro corazón.
Yo reconozco que tengo un defecto que no he logrado vencer. Siempre predico diez minutos, y cuando noto (no llevo reloj) que he alcanzado ese tiempo, corto la predicación como quien agarra una cimitarra y corta algo de un modo abrupto, sin previo aviso.

Pero, claro, siempre mejor eso que los sermones que son como aviones que cuando parece que van a aterrizar, remontan el vuelo. He conocido predicaciones que han estado a punto de tomar suelo tres o cuatro veces, pero que en el último momento el cura retomaba el hilo de otro asunto, se entusiasmaba, y el sermón se volvía a alejar de su final.

viernes, noviembre 14, 2008

La noche de antes no era como la de ahora


En una sociedad en la que hay luces por todas partes, a los jóvenes les resultará difícil imaginarse lo que era la llegada de la noche en invierno en mi niñez.

Incluso en Barbastro la inmensa mayoría de las calles estaban iluminadas por algún que otro farol clavado a la pared. Eran faroles dentro de una cajita de cristal con tejado, daban bastante menos luz que una farola. Me acuerdo, yo que vivía a las afueras, que había calles fuera del centro sin ni un solo farol.

La noche llegaba cada día con todo su peso, sobre todo en invierno en que no llegaba ni la débil, pálida, luz de las estrellas.

Y en el campo, teníamos una finca a dos kilómetros de Barbastro, no había luz eléctrica. La noche no ofrecía tregua alguna miraras a donde miraras, sólo oscuridad. Entonces nos parecía normal, siempre había sido así.

Durante años, sólo las azules bombonas del camping gas suponían un ligero oasis de luz en medio de aquella naturaleza con ruiditos y seres pequeños que se movían. De vez en cuando oíamos a alguien contar como una raposa había matado a todas las gallinas. Los canarios debían ser cubiertos con un trapo, sino incluso dentro de las jaulas eran atacados por las lechuzas. En medio de esta oscuridad, una liebre saltando a la vera del camino, era para darte un infarto.

Sí, hoy día los jóvenes no se hacen una idea de lo que era la oscuridad total de la noche en el campo. La gente de campo no es miedosa. Las colinas, senderos y olivares son parte de su casa. Pero ir a pie solo por mitad del campo en una noche cerrada, era algo que se evitaba. La noche, la oscuridad, como región de todos nuestros miedos ancestrales, como la morada de temores instintivos.

jueves, noviembre 13, 2008

Luna llena

Hoy había luna llena. Una luna rotunda, grande como un misterio. Si hay algo lleno de poesía son los rayos de luna. En las ciudades la gente se muere sin conocer qué sea eso. Pero en el campo la luna brilla con todo su poder. Yo soy de Barbastro y, en cierto modo, puedo decir que soy campestre.

La luna pinta todo con unos tonos irreales. Me acuerdo de aquellas noches en el campo en las que se oía el ulular del mochuelo. No es de extrañar que fuera considerada un ave de mal agüero. Su canto era lúgubre, muy lúgubre. Nunca faltaba. No sólo esas aves rapaces, en la noche había más ruidos: aleteos en el aire, cosas que se movían entre la hierba, los sustos de muerte que daban las raposas. Entre los árboles, se oían luchas nocturnas, animalitos que se cazaban unos a otros. Y todo ello con el coro interminable de los incansables grillos. Alguna luciérnaga iluminaba la oscuridad por un momento.

Es posible caminar sin ninguna luz por el campo en una noche sin luna y con nubes. No me preguntéis de donde sale la luz, pero se ve. Aunque hay noches y noches. Hay noches cerradas como la boca de un lobo. Son pocas, pero las hay. Noches en las que no se ve absolutamente nada.

Ir a pie por el campo en una noche completamente cerrada es algo que pocos hacían aunque conocieran aquellos andurriales como la palma de la mano. ¿Por qué? Por el miedo. Incluso los labriegos tienen sus miedos. En los pueblos había sus mitos, sus leyendas, su folclore de los seres de la oscuridad.

miércoles, noviembre 12, 2008

Amanece que no es poco


Al amanecer
Siempre me levanto al amanecer, todos los días, haga frío o calor, sea día de diario o de fiesta. No hay nada como levantarse pronto. Eso sí, después que he hecho lo que tengo que hacer en el aseo, regreso a la cama.

Por la mañana
Hoy he ido a la presentación de mi último libro al programa de Ana Rosa en Tele5. Durante el intermedio, cuando todos se han ido a estirar las piernas, me dice el Conde Lequio: venga, venga, aquí. Me acerco. Me lleva hacia un lugar apartado de la vista del público ¿y a quién me presenta? ¡A Javier Sardá!

Hemos hablado afectuosamente. Poco tiempo, muy poco porque me han venido a buscar en seguida, el intermedio acababa y había que sentarse. Pero me ha hecho ilusión, mucha, conocerle.

Por la tarde
Durante la comida he acabado de ver Apocalipto.

Por la noche
Me llama una violinista para invitarme a ir a un concierto. No voy nunca a conciertos. Ella ya sabe esta postura mía. Me ofrece el Concierto para violín de Brahms (Opus 77), una de mis debilidades. Pero rehuso: la música clásica donde se escucha bien es en el salón de casa.
De hecho otra particularidad mía es que cuando voy a ciudades del extranjero y me preguntan qué quiero ver, suelo decir: cualquier cosa menos museos.

Más allá de la noche
Dormir, tal vez soñar.

martes, noviembre 11, 2008

No hay que ser muy inteligentes


No hay que ser muy inteligentes, ni hay que haber estudiado en Harvard o en Cambridge, para darse cuenta de que caudalosos ríos de oro siguen llegando año tras año, mes tras mes, día tras día, a las arcas de regímenes totalitarios uno de los cuales es un verdadero fascismo religioso que ha apoyado a todos los terroristas del mundo, y el otro es un régimen mussoliniano de playas caribeñas.

Urge que los grandes estadistas busquen cómo reducir la dependencia del petróleo cuanto antes. Aunque eso tendrían que haberlo hecho hace veinte años. Ésta tendría que haber sido una gran decisión estratégica, una política a largo plazo a la que habría que haber dedicado recursos y mentes.
Ahora sólo nos queda resignarnos y ver cómo el populismo se extiende apagando libertades en regiones enteras de Latinoamérica, o esperar algún bombazo talibán en alguna gran ciudad de las que he dicho. Las seis ciudades que he dicho no desaparecerán, pero ya veréis como al menos una ciudad de la lista sí que cae.

lunes, noviembre 10, 2008

Al menos una de la lista sí que cae.


Continuación del post anterior titulado Un post hipotético.

El post de ayer mostraba como todo nuestro mundo puede ser puesto boca arriba en un solo día. La sociedad occidental, tal como lo conocemos, puede entrar en una nueva era de forma abrupta.
Nos podemos levantar de la cama una mañana para ir al trabajo, y descubrir que ese mundo ya ha cambiado en una noche.

Estoy firmemente en contra de toda guerra preventiva. El concepto de guerra preventiva es ilegal, inmoral, detestable e injustificable. El día que admitamos una sola guerra preventiva, podremos admitir cien.
Si admitiéramos la guerra preventiva, deberíamos admitir la prisión preventiva, el asesinato preventivo y otras muchas irracionalidades con la excusa de la prevención.
Esto de la prevención da mucho de sí. Estoy seguro de que en el asesinato de Abel, Caín consideró seriamente algún aspecto preventivo.

domingo, noviembre 09, 2008

Un post hipotético


Si yo fuera el Presidente de Irán y quisiera destruir Israel, tendría muy claro que no puedo bombardearlo sin esperar una respuesta de Estados Unidos, una respuesta arrasadora.

Así que antes de atacar a Israel, haría explotar a la misma hora el mismo día varias bombas atómicas en las principales ciudades de Occidente. Haría las cosas de forma que un buen día, al levantarse los europeos pusieran la radio y se enteraran de que ya no existen Berlín, París, Londres, Nueva York, Washington y Los Ángeles.

Las bombas podrían ser enviadas por aviones de líneas regulares iraníes el mismo día a la misma hora. Ni los pasajeros, ni los pilotos, tendrían por qué enterarse de qué es lo que hay en la bodega.

La destrucción de esas seis ciudades sólo le costarían al estado iraní el precio de producir seis bombas, pero la economía a nivel planetario se desplomaría de forma que la Gran Depresión parecería un juego de niños.

En una situación de hambruna inminente a dos meses vista, los Estados no podrían lanzarse a una cruzada contra nadie. La única prioridad sería dar de comer a sus propios ciudadanos. La destrucción simultánea de esas seis ciudades supondría la desaparición de los documentos y archivos que prueban a quien pertenecen millones de euros o terrenos o cualquier cosa. Sería el total y perfecto colapso de la economía mundial.

Si yo quisiera borrar al Estado de Israel del mapa, tendría muy claro que primero hay que golpear a Occidente. Y que sólo podría dar un solo golpe, pues no habría una segunda oportunidad.

Pero todo este post es una mera divagación acerca de hipótesis imposibles e infundadas. Porque todos sabemos que ese benefactor de la Humanidad llamado Ahmadineyad sólo busca con su programa nuclear no contribuir al calentamiento global porque se le estaban muriendo las plantas en el desierto.

sábado, noviembre 08, 2008

Lo que queda del día, y el día de mañana

Aunque sé que todos estabais esperando la segunda parte de Historia de una calvicie, hoy debo hablaros de otra cosa, algo que ya es oficial: me voy a hacer el doctorado.

Probablemente muchos de vosotros os preguntaríais que adonde me iban a destinar. Yo lo sabía por conversaciones previas con mi obispo, pero como es lógico no he querido decir nada hasta que ya fuera segura la decisión.

Cuando lo sepa os diré adonde voy.

viernes, noviembre 07, 2008

Historia de una calvicie

Cuando era un adolescente me imaginaba mi vejez coronada por una cabellera blanca de venerable senador romano.

La primera vez que observé signos de alarma, fue alrededor de los quince años. Las entradas de la frente eran muy profundas. Completamente ocultas por el flequillo, pero ya entonces me di cuenta de que algo no iba bien.

Cuando fui párroco de mi primera parroquia, la densidad del pelo había decrecido tanto que opté por no seguir peinándome con raya a la izquierda. Me peiné hacia delante. Aun entonces seguí pensando que mi vejez seguiría estando coronada por una venerable mata de pelo cano.

Un día en una ferretería, tenía 28 años, me vi en la pantalla de una cámara de seguridad. Le pregunté a Saturnino: ¿esa calva de la coronilla es mía? Asintió muy serio, aunque trató de sonreír. Nunca me había visto a mí mismo por detrás y menos desde ese ángulo. Entonces comprendí que la calvicie no era una posibilidad, era my future.

En mi segunda parroquia, estuve siete años. Siete años en los que vi como mi escaso flequillo se convirtió en un desierto.

Bueno, estoy cansado, mañana seguiré contando la triste historia de mi pelo, la segunda parte con su inevitable conclusión. Ay, qué verde era mi valle.


Post Data: hay nuevos dibujos en mi blog de caligrafía artística

http://scriptoriumfortenianum.blogspot.com/

jueves, noviembre 06, 2008

Enhorabuena McBama


Me siento muy feliz de que los afroamericanos estadounidenses por fin tengan un presidente de color. Pienso que sólo ellos pueden sentir el orgullo del que ayer disfrutaron. Los demás nos lo podemos imaginar, pero sólo ellos pueden gozar íntimamente de esa justificada sensación de orgullo, de esa sensación de satisfacción frente a tantas situaciones amargas de desprecio. Su victoria fue, en cierto modo, un momento de justicia. Se lo merecían, se lo debían y, por fin, lo tienen.

Deseo que lo haga muy bien Obama para que todos los afroamericanos se sigan sintiendo orgullosos. Si bien no puedo dejar de advertir que en su mirada noto una ambición sin límites. Es una mirada dura, oscura, que no me gusta nada. Pero nada de nada.

Eso sí, el contrincante tenía la mirada del palurdo perfecto. Al lado de McCain, Bush parecía un catedrático de la Sorbona. Si hubiera ganado el republicano McCain, no descarto que su vicepresidenta le hubiera agarrado alguna vez por el cuello como a un pollo y él hubiera movido aterrado sus piececitos en el aire.
Pero bueno, ahora el espectáculo ha acabado y nos dejarán en paz durante unos meses. El negocio de la política como tantos otros negocios va por temporadas. Todos tenemos la nada equivocada impresión de que los partidos nos han secuestrado la democracia. De que el Poder del Pueblo, en casi todos los países, está bajo las férreas garras de un águila bicéfala bipartidista. Casi nadie se siente representado, pero el sistema no permite en la práctica más que la continuación de esta alternancia.

Pero yo no me quejo, pago mis impuestos, escribo un post de vez en cuando y me callo.

miércoles, noviembre 05, 2008

El padre Fortea de pequeño saliendo de paseo con sus amigos


Ya he vuelto de Jaén. Una conferencia en el Foro de Opinión y Debate. El título era La Evolución de la Iglesia en el último siglo. Por la mañana he salido del hotel y he paseado por el casco histórico. Ya la tarde en la que llegué me dio tiempo a hacer footing durante una hora por sus calles.

Lo más bonito ha sido la vista de la ciudad y sus fotográficos campos de olivares, desde los riscos del Castillo de Santa Catalina. La ciudad tan blanca, con las moles de la catedral y El Corte Inglés surgiendo en medio de ese laberinto de callejuelas. Los campos le hubieran encantado a Orson Welles. Todo bajo un cielo encapotado y un viento frío que para nada encajaba con la idea que tenemos de Andalucía.

Después autovía y autovía, kilómetros y kilómetros. Menos mal que me he llevado para escucharla a Hildegarda Von Bingen y a William Bird. Para la noche en el hotel me traje El pecado de los dioses, un documentadísimo libro sobre la alta sociedad y el nazismo.

Después de regresar de la iglesia, ya en Alcalá, el paseo de los martes de después de la cena. Qué frío hacía. Guantes, gorra, anorak grueso, vaho saliendo de la boca.

lunes, noviembre 03, 2008

El cura que acabó de peluquero.


Leía yo hace poco en el Blog de la Cigüeña el siguiente comentario de su autor respecto a don Marino Ayerra:

Un sacerdote que terminó sus días de peluquero, casado y con dos hijas sólo es símbolo de un cura que no comulgó con su sacerdocio.

Me gustaría hacer algunas reflexiones acerca del tema.

Nunca me ha sorprendido el que un sacerdote se secularizara, lo que siempre me admira es que perseveren. El que alguien por amor del Reino de los Cielos sacrifique algo tan profundo, personal e trascendental como el amor a una mujer o incluso el ejercicio de la mera sexualidad sin amor, eso sí que me parece admirable y sobrehumano.

Por eso nunca, ni una sola vez en todos estos años, he hecho ni el más mínimo juicio interno negativo respecto a los compañeros míos que se han secularizado. No hace falta decir que no han sido los peores los que se han secularizado. Tampoco es necesario recordar que a veces los peores no se secularizan.

Pero hay una cosa que siempre me ha parecido un drama, y es que alguien que ha entregado su vida durante veinte años, por ejemplo, se encuentre un día en la calle sin nada más que con lo puesto. Que alguien que ha trabajado en cuerpo y alma durante diez, quince o veinte años, un bien día se encuentre con una maleta, sin carrera (la teología no le servirá para nada), sin un simple piso, sin ahorros, solo. Eso sí que me parece estremecedor. La sensación de tristeza, de abandono, tiene que ser terrible.

Si yo fuera obispo, hablaría con empresarios amigos (todos los obispos tienen estos amigos) para buscar y ofrecerles un puesto de acuerdo a sus talentos. Esto sería lógico, porque también estos son hijos.

No hace falta pedir comprensión para los ministros de Dios que han pasado por este trance. Negar comprensión, apoyo, calidez humana para una situación así sólo se le ocurriría a un desalmado. Aunque sí, he conocido a algunos que por Dios son capaces de machacar a los seres humanos concretos todo lo que haga falta.

Pero al final si la religión no nos hace más humanos, más buenos, ¿para qué está la religión? ¿Para el triunfo del rito? ¿Para el triunfo de los pontificales? ¿Para el triunfo del dogma? Sí, en mi vida ciertamente he conocido a algunos que se han preocupado de mimar la ortodoxia mientras daban bastante mala vida a los de alrededor.

Decía la periodista respecto a este sacerdote que sus memorias rezuman dramatismo, desconcierto, soledad, desesperanza. Haréis muy mal en leerlas. Debéis leer, por el contrario, memorias que rezumen autosatisfacción, convicción en que uno es lo que es gracias a su esfuerzo y que se lo merece. Las autobiografías creadas para loor del propio ego me han hecho comprender qué vastos, qué inacabables son los páramos del propio YO.

domingo, noviembre 02, 2008

Las tres partes de un sábado entre los sábados



El día se ha dividido como tantas veces en tres partes.

La primera dedicada a los libros. Es curioso lo mucho que mi vida, mis horas, giran alrededor de este elemento del universo, alrededor de una imaginaria biblioteca universal, cuyas obras repartidas acaban cayendo en mis manos por razones azarosas, porque las busco, porque me las dan, por que sí. Hoy le ha tocado el turno al final de una obra de García Márquez y a un extenso estudio sobre El Bosco. También he hojeado un poco a Moix, el gran Terenci. Como sigo lamentando su muerte.

La segunda parte dedicada al espíritu. Si la primera parte ocupaba hasta la mitad del día, la segunda parte ha ocupado hasta la cena. La misa privada, recordad que no tengo parroquia, estoy a la espera de destino. La misa ha sido larga, sentida, un íntimo contacto con la intimidad. Dicha/celebrada/orada en un convento, en un templo vacío. Después he hecho mi oración personal en otra iglesia con un grupo de gente, ante la custodia. Tras ello he atendido los casos que me han venido a ver. Como siempre he salido de la iglesia lleno, con ganas de vivir, pletórico de alegría.

La tercera parte dedicada al ocio. Con ese grupo de gente con el que he orado, hemos cenado juntos. Hemos ido a encargar kebabs para todos y nos hemos ido a mi piso. Como éramos diez, nos hemos tenido que sentar sobre el cálido parqué de mi casa. Bromas, preguntas teológicas, magdalenas, risas. La cena como conclusión natural de un día. La comida entre amigos como colofón natural de la oración. En esta parte debería incluir dos partidas de ajedrez, un paseo con un lector que ha venido desde Pozuelo, un reportaje sobre el destino de los restos carbonizados de Hitler en manos de los rusos y un rato escuchando la nostálgica banda sonora de la nueva versión de Galáctica.

sábado, noviembre 01, 2008

Apuntes para una reforma de la Iglesia


Algunas breves y sencillas consideraciones. Y digo que son sencillas porque realmente no voy a descubrirle a nadie el Mediterráneo.

Debemos volver siempre a Cristo. Debemos volver a preguntarle qué Iglesia es la que quería Él.

Debemos preguntarnos, de vez en cuando, el para qué de la Iglesia.

Los predicadores debemos recordar que no nos hemos hecho mensajeros de ese Dios invisible para estar siempre hablando de lo que es pecado.

Debemos recordar que en nuestra lucha contra el Mal, no debemos estar siempre predicando contra el Mal. Nuestro mensaje es el Bien.

Los sacerdotes debemos preguntarnos de vez en cuando: ¿para qué me hice sacerdote?, ¿para qué entregué mi vida?

Aquí no se trata de mantener nada, se trata de revivir la experiencia arrolladora de unos hombres que cambiaron el mundo sin tener nada, o más bien teniéndolo todo en contra.

Todas las cuestiones intraeclesiales son muy bonitas, para una novela resultan preciosas. Pero lo que importa es la verdadera esencia, el núcleo, de todo eso que es externo.