martes, abril 21, 2009

Hoy comienza mi particular cuaresma perpetua

Hoy me he puesto manos a la obra en la santa tarea de bajar mi colesterol. O mejor dicho, hoy ha sido el día en que he diseñado el plan de ataque. Y cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que todo tiene colesterol.

Por curiosidad he mirado hasta en la un lata de aceitunas, y hasta las olivas tenían grasas. ¿Quién se podía imaginar que el calamar con que hago mis paellas, ¡tiene colesterol!? Hasta las inofensivas bolsas de gambas congeladas, todo. Todo lo tiene.
Me he preguntado seriamente si había algo en la naturaleza que no lo tuviera. La respuesta es sí. Si me alimento como un conejo, mi colesterol puede que descienda.

He llegado a la conclusión de que el final del ser humano acaba en una larga cuaresma. O mejor dicho, la cuaresma alimenticia comienza a mitad de la vida.

Bueno, no importa. A partir de ahora, como Tanhausser me alimentaré de raíces. Los domingos quizá coma un tomate.

Pero es que la médico después de ver mi análisis de sangre, me dio un ultimátum como Wellington se lo debió dar a Napoleón. Pero yo voy a luchar en mi Waterloo del colesterol con todas las armas de las que dispongo.

Os aseguro que voy a vender cara mi vida. Y tú que me lees, seas laico o cura, monja o cardenal, que sepas que también a ti te llegará tu San Martín.

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