domingo, abril 12, 2009

CRISTO HA RESUCITADO

Reconozco que cuando hace unas semanas me comunicaron que me necesitaban para celebrar la Semana Santa en un pueblecito pequeño, me dio un poco de pena. Tenía la ilusión de que todos los pueblos estuvieran suplidos, y yo pudiera celebrar la semana más santa en la catedral o en algún monasterio.

Un pueblo de trescientos habitantes, con una asistencia de veinte fieles, ciertamente no era el Vaticano.

Pero hoy, desde el momento en que hemos encendido la fogata delante de la iglesia, estaba lleno de felicidad espiritual. No he echado de menos nada. No he envidiado ningún lugar. Estoy seguro de que no hubiera logrado más frutos espirituales, ni más concentración en los ritos, en ningún otro sitio del mundo; en ninguno.

Por alguna razón he sentido durante toda la ceremonia la alegría de la Resurrección de Jesús.
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