viernes, mayo 29, 2009

El padre Cutie y tal


Ayer se supo con tristeza que el sacerdote Alberto Cutie ha decidió pasarse a los episcopalianos.

He leído con suma atención las declaraciones del padre Alberto cuando decía: Hoy he decidido unirme a una nueva familia espiritual dentro de la gran sombrilla del cristianismo.

Es evidente que él no ha entendido lo que es la Iglesia. La Iglesia Católica no es una familia espiritual dentro de un conjunto de familias, no es un huevo dentro de una cesta de huevos, no. La Iglesia, la única, la que fundó Cristo mientras Él estaba sobre la tierra y fue visible y se le pudo oír, es sólo una Iglesia, fue una, y será únicamente una.

La Iglesia no es un barco en medio de la gran armada de Cristo. Ni mucho menos una familia, acompañada de otras familias, bajo una sombrilla en la playa del mundo, no.

La Iglesia es un misterio visible de gracia, el cuerpo indivisible de Cristo. Un misterio paralelo al de la encarnación de la Palabra en un cuerpo. El misterio de la Palabra que habitaba junto al Padre, encarnándose en un cuerpo material, visible y con miembros.

Hubiera sido comprensivo si el padre Alberto hubiera dicho que había sido débil, que ya no podía resistir más su pasión, y que pedía la secularización porque ya no entendía su vida apartado del amor de una mujer. Pero no es comprensible que ese sacerdote haya leído el Evangelio de Cristo cada día y escuche lo que dice Jesús de su Iglesia, y ahora decida salirse y buscar en el catálogo cuál es la reunión de creyentes que más se adecua a sus necesidades e inquietudes.

La noticia del padre Alberto Cutie de pasarse a los episcopalianos, me ha llevado a dar gracias a Dios por haber estudiado en la Universidad de Navarra. Antes enterrado en cal o con la cabeza cortada que abandonar la única santa e inmaculada Iglesia.

Yo no soy del Opus Dei, pero cualquiera que haya estudiado con ellos la teología, podrá quizá tener un harén escondido en la rectoría, pero lo de abandonar la Santa Iglesia Católica nada de nada.

Insisto, no soy del Opus Dei, pero doy mil millones de gracias por haber estudiado con el Opus Dei. Es verdad que ello me ha hecho un poco reaccionario, pero aquí estoy, al pie del cañón.

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