lunes, mayo 25, 2009

Que buenos son los padres escolapios que nos sacan de excursión


Hoy, tras decir mi misa dominical, me he ido con algunas amistades a la montaña. Qué bien me lo he pasado: arroyos de agua, bosques, caballos paciendo, vacas, peñascos.

Me he propuesto ir una vez a la semana al campo de excursión, porque estoy más convencido que nunca de que la naturaleza, especialmente las montañas con bosques, son una predicación de Dios.

Voy a la montaña a escuchar a Dios predicar. Es como peregrinar por su gran templo. Es como otro tipo de oración por mi parte. Como si caminar por esos sitios supusiera ya una adoración.

Desgraciadamente, a pesar de las nubes, se me ha quemado un poco la calva. Hasta hace poco, todavía tenía un trozo de tela humedecida sobre la delicada piel de mi cabeza. Algún día debería dedicar un post al tema de lo sensible que es la piel de las calvas.

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