viernes, junio 05, 2009

Tiranos

Ayer escribí sobre los tiranos, pero en mente tenía sólo a uno. No diré su nombre, porque tiene a toda la sociedad como rehén, y los obispos están, los primeros, en su punto de mira. Es fácil escribir desde mi casa en España. Lo difícil es sufrir a ese Nerón del canto allí.

En cualquier sociedad, siempre hay muchos sujetos con alma de tirano. No se convierten en dictadores, porque la sociedad no les deja. Pero muchos sienten esa vocación, esa llamada, ese impulso a someter al otro. En el tirano, siempre se da la incomprensión del otro.

El dictador se siente como una palmera. Los otros son monos que vienen a llevársele los cocos. Me pregunto si algunos dictadores tienen raptos de lucidez. Pero es evidente que, al final, se aferran a sí mismos.

Hay que aferrarse, ser dictador no es fácil. No vale cualquiera. Se precisa de mucha perseverancia y mucha dedicación: no se puede ser dictador a ratos. Nadie es tirano de nueve de la mañana a cinco de la tarde.
Insisto, en que lo peor que puede pasar es que un tirano cante. Si bailase, yo me arrojaría por un acantilado.

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