jueves, junio 11, 2009

El curioso caso de Benjamin Button

Escuchando una vez más un precioso momento de la banda sonora de El curioso caso de Benjamin Button, me he percatado de que las únicas películas que tratan, de una forma seria, sobre el paso del tiempo son ésta y Titanic.

Curiosamente, ambas películas al hablar del tiempo lo entretejen con el amor. O mejor dicho con la pérdida del amor.

El tiempo del sacerdote es distinto del tiempo de las personas casadas con niños. Nuestro tiempo es más estático, más sereno, más apacible. Es el tiempo del orden, el imperio del horario bajo el amable tic-tac de las horas canónicas, que ciertamente imprimen un aire a toda la jornada. Un tiempo al borde de la eternidad, es un tiempo distinto al del resto de los mortales.

A partir de mis treinta años, para mí el gran reloj ha sido el espejo. La esfera que ha marcado las horas ha sido mi rostro.

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