lunes, junio 29, 2009

El monstruo de las galletas

Creo que al llegar a los cuarenta años, los seres humanos tendemos a engordar para que así aprendamos a moderar nuestros apetitos. Es como si la naturaleza nos dijera que es hora de hacer penitencia. Hay que tomarse las cosas con sentido del humor y luchar.

La lucha por perder peso es una lucha en la que nadie sale herido. Puedes luchar y no odiar a nadie. Yo he luchado, me he esforzado. Gracias al blog, anglicanos y católicos se han unido en la tarea común de animarme en este buen propósito mío de perder esos cinco kilos que me sobraban. (Desgraciadamente, ningún lefevriano me ha animado.) Con los anglicanos no estábamos de acuerdo en muchos temas. Pero en que me sobraban esos cinco kilos sí que estábamos de acuerdo.

Hoy estoy feliz.

He ganado la apuesta. No cinco, sino seis. Seis kilos he perdido en dos meses. Por eso hoy he disfrutado comiéndome una buena comida en el piso 30 del hotel Eurostar en compañía del perdedor.

El perdedor, en la tristeza de su derrota, me ha pedido que al menos dé una imagen buena de él en el blog. Lo siento, le he dicho, sabes que mi blog es inmisericorde.

Lo cierto es que ahora hay seis kilos menos de Fortea. Soy yo, sí, pero menos.

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