En los pasados posts, he descrito cuál es el problema de las democracias occidentales, ahora me gustaría ofrecer cuál creo que debería ser la solución.El primer punto es muy sencillo: un hombre un voto. Es decir, nada de distribuciones según provincias, ley d´Hondt y demás sistemas que sirven para que los votos se redistribuyan, agrupen y reintegren a través de modos que, curiosamente, sólo sirven al águila bifronte del bipartidismo.
El segundo punto: voto al que quiero. Es decir, se acabaron las condiciones que hacen que una persona no se pueda presentar a cualquier votación. En España, como en tantos países, si alguien quiere presentarse a una elección tiene que formar una lista, un partido y por tanto toda una organización.
El problema de presentarse a una elección es que requiere crear una organización más complicada que una empresa. Después de un trabajo ímprobo y de grandes gastos, descubrirá que en este mundo empresarial de la política, sólo hay posibilidades para los grandes del voto útil que tienen de su lado a los medios y el gran capital.
El tercer punto y último: el Parlamento representa la voluntad popular. Es decir, debería acabarse que el Parlamento se represente a sí mismo. Los partidos se representan a sí mismos, y sólo defienden a los ciudadanos cuando esto conviene para desbancar al partido contrincante. Los partidos no representan a los ciudadanos, sino que son empresas especializadas en cambiar la opinión pública.
