sábado, junio 20, 2009

Esos gatos gordos

En todas las grandes historias, hay un gran final. Y así va a ser con la apuesta que hice de que perdería cinco kilos en dos meses. El lunes por la mañana, al levantarme, sabré si he ganado y tengo que pagar una buena comida en un buen restaurante, o me la pagarán.

Lo terrible es que escribo este post el sábado por la noche después de la cena (si a esto se le puede llamar cena) y el asunto de quién va a ganar la apuesta va a estar justo-justo. Aún puede que gane sólo por 100 gramos de peso.

Hoy por la mañana estaba sólo a 400 gramos de mi victoria. Y hoy me he esforzado. Pero he aquí que mañana tengo una comida en un restaurante con un profesor de universidad que viene desde Madrid para esa comida. ¿Me limitaré a pedir un caldo? ¿Diré: garcón, tráigame un tomate?

Todo depende de lo que haya perdido hoy, y todo depende de cómo resulte mañana la batalla del mediodía. Aunque no cene, la cosa va a estar raspando. Podía haberme imaginado un final emocionante, pero no tanto.

Mañana lucharé con las botas puestas. Me he dedicado antes de la cena a ver fotos de gatos gordos, a ver si así me mentalizaba. Pero ni viendo a esos gatos rollizos se me ha pasado el hambre. Después de dos meses, debo reconocer que he subestimado el lado oscuro del chocolate.

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