lunes, junio 08, 2009

La política o el continuo triunfo de los mediocres.

¿Creen los ciudadanos que a sus gobiernos no les sería posible acabar con el paro, con la indigencia, con la carencia de vivienda? Por supuesto que sí. Incluso en el último país de África. Pero eso requeriría de una política a largo plazo, de planes que darían fruto sólo más allá de los cuatro años que se les han entregado.

Esos planes a largo plazo requerirían algo más que una lucha por la propia imagen personal, requerirían de honestidad, requerirían prescindir de los egoísmos a corto plazo del partido, para empezar a trabajar, en serio, por la nación. Eso sólo es posible con grandes estadistas. Los grandes estadistas siempre han levantado a sus pueblos. Pero estamos en manos de gente dedicada a la imagen a la que se le entregan paquetes de cuatro años. Los grandes problemas se quedan siempre para después.

Al final, no nos engañemos, todos los problemas son problemas morales. La raíz de los grandes problemas estructurales de nuestra sociedad, en el fondo, tienen su causa en la avaricia, la ambición, la falta de responsabilidad, la ausencia de una visión de altas miras. Entre los políticos abunda la mentira, la codicia, la trapacería, la doblez, la falta de integridad. Es lógico que los grandes problemas perduren. Pero no perduran porque tienen que perdurar, sino porque los que los tienen que resolver no son las personas adecuadas.



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