martes, junio 23, 2009

La tierra de la libertad, de los derechos, de la dignidad del ser humano, y el burka

En Francia ha surgido un debate acerca de si se debe permitir o no el uso del burka en lugares públicos. Reconozco que éste es un tema apasionante para todos aquellos que nos preguntamos acerca de dónde acaban los poderes del Estado frente al individuo.

Cuando hace años surgió el tema del velo en las aulas francesas, mi postura fue que se debía permitir. ¿Qué es lo que debe permitir el Estado? La respuesta es que el Gobierno, el Senado, el Congreso, no están aquí para permitir lo que les apetezca. Hay que permitirlo todo, guste o no guste. El Estado sólo y únicamente puede cohibir la libertad personal en aquellas acciones que de un modo objetivo provoquen un perjuicio para otros. Evidentemente, el velo no perjudicaba a nadie. Allí el Gobierno quiso imponer su posición ideológica en un tema opinable.

La cuestión no es ¿qué debe permitir el Estado? Sino que lo que debe entender el Estado es que no puede prohibir lo que le dé la gana.

Ahora bien, el tema del burka es distinto. Todo el mundo comprende que haya quien quiera llevar un velo, pero también todos comprendemos que nadie deber querer enterrarse bajo un burka.

Aquí ya no estamos hablando de un signo religioso o de una ropa de vestir. El burka no es una prenda sin más, es una opresión, un yugo. Ningún ser humano merece que se le ponga encima eso todos los días al salir a la calle. Eso no es religión, es la deformación de la religión.

Imaginemos que mañana hay una secta que impone a sus familias cortarse el dedo meñique. Eso no podría ampararse bajo las leyes de libertad religiosa. Entre la circuncisión y la ablación hay una diferencia sustancial, entre el velo islámico y el burka hay una diferencia sustancial.

Los gobernantes deben hacer lo posible para fomentar lo bueno, y evitar que se extienda lo que es objetivamente malo. Moralmente hablando no sólo no veo ningún reparo moral en que el burka se prohíba en determinados espacios públicos, sino que además considero que el Estado debe hacerlo y no quedarse como testigo mudo ante la extensión de algo que atenta a la dignidad de la mujer.

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