viernes, junio 12, 2009

Los gatos gordos

Os preguntareis qué ha sido de mi apuesta. La única que he hecho en los últimos veinticinco años. Esa apuesta a que perdía cinco kilos en dos meses.

La verdad es que mi travesía por la dieta ha atravesado muchas tormentas. La peor fue la visita de mi madre. Algunas invitaciones a cenar han sido aguaceros que también han llenado traicioneramente de agua mis bodegas.

Por otra parte, mis mejores intenciones se encontraron con la labor obstruccionista de un saboteador inesperado: el chocolate.

¿Os preguntaréis cuánto he perdido o ganado en lo que va de tiempo? Me gustaría poder decir que mis sacrificios no se pueden cuantificar mezquinamente en unos números. Pero desgraciadamente me temo que mis victorias y mis derrotas sí que se pueden cuantificar con la frialdad de un número.

Y así, a diez días de ganar o perder la apuesta, mi honor y mi dinero, puedo afirmar que peso 84.5 kilos. Dado que partí de mis felices 87.5 kilos hace algo más de mes y medio, la cosa está muy emocionante. Mido 1.80m, no soy un gnomo.

Dicho de otro modo: en diez días tengo que perder dos kilos y medio. Tampoco es que perder la apuesta vaya a ser un gran quebranto económico: una comida en un restaurante. Tampoco mi honor se quebrantará mucho: dije que si perdía, pagaba, eso es todo. No fue una apuesta tipo el final de Lo que el viento se llevó, poniendo, como Scarlett O´Hara, al cielo y a la tierra por testigo de que no volvería a pasar hambre.

Bueno, a ver si me pongo las pilas y me pongo manos a la obra.

PD. Al blog pongo por testigo, de que voy a volver a pasar hambre.

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