miércoles, junio 17, 2009

Misa sacrificial y Ültima Cena

Leyendo ayer a Picaza, que citaba a Messner, estoy de acuerdo en que el paso de una sencilla liturgia como Última Cena, a una gran liturgia sacrificial, supone una transformación impresionante. En eso estamos de acuerdo.

Muchos consideran tal cambio como una traición, como una traición al espíritu del comienzo. ¿Dónde se ha visto que una cena sea una liturgia sacrificial?

Sin embargo, si observamos las cosas en detalle, veremos que esa cena sí que tenía un carácter sacrificial en su misma esencia: se tenía que matar un cordero en honor a Yahveh, para poder celebrar la cena. Y digo celebrar, porque esa cena tenía un carácter ritual por los ritos, preguntas que se hacían y otra infinidad de detalles que no es el momento de exponer.

Si a eso añadimos, que lo que se ofrece en la Última Cena es el Cuerpo y la Sangre de Jesús, entonces las cosas todavía quedan más claras. Donde hay derramamiento de sangre hay sacrificio. Sobre la mesa de la Última Cena, se está recordando, celebrando, simbolizando el sacrificio de un nuevo cordero pascual.

Es cierto que ese cordero se come, pero el aspecto sacrificial es tan inseparable de ese momento como el banquete. Por eso, reducir la Última Cena a un banquete, supone dividir artificialmente lo que en la mente de Jesús no fue así.

Es curioso que las iglesias separadas entre sí por el espacio y la incomunicación (véase la iglesia copta, por ejemplo, y por supuesto el resto de iglesias ortodoxas) entenderán todas ellas que la Última Cena tenía un carácter sacrificial, y que por tanto había que rodear de culto y boato al Misterio.

Entender bien la misa, supone entender bien por qué la Iglesia entera ha evolucionado como lo ha hecho. Comprender bien la Última Cena nos ayuda a comprender por qué las iglesias apostólicas han evolucionado cómo lo han hecho.

No, no ha sido ninguna traición, ha sido el desarrollo lógico de la primera semilla. Todo está en las palabras de Jesús en las de la Cena y las de después de la Cena, antes del prendimiento.

En definitiva, todo este asunto nos lleva a la pregunta: ¿Jesús fue prendido muy a su pesar, o Él se entregó como cordero inmaculado para ser ofrecido por los pecados el Pueblo en oblación de suave olor?

La respuesta es evidente a la luz de la Palabra de Dios: todo estaba profetizado. Su prendimiento no fue el quebrantamiento de los planes humanos de Jesús el profeta, sino que había nacido para eso.

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