martes, junio 30, 2009

Niños jugando

Hoy he ido a cenar a un restaurante con una familia con cuatro niños pequeños. Hacía tiempo que no recordaba lo movidos que pueden ser los niños pequeños. Me lo he pasado de maravilla viendo como no aguantaban ni un minuto sentados a la silla, cómo las dos más pequeñas luchaban en una guerra de besos por ver quién podía dar más besos, mientras la hermana más mayor contaba el número de trocitos de patatas fritas que le habían puesto en el plato.

En otro momento, durante una jocosa discusión, dos hermanas iban acercando sus caras hasta que las frentes se tocaban y se empujaban para hacer prevalecer sus argumentos entre sonrisas. Especialmente memorable el momento en que la más pequeña ha insisto en darle un beso en la mejilla al hermano, circunstancia que ha aprovechado para darle un cariñoso mordisco.

Yo me lo he pasado muy bien. Siempre me gusta ver los juegos de los infantes. No así el señor de la mesa de al lado que nos daba la espalda. Yo veía cómo se cocía en su salsa. No quería ruidos, no quería niños riendo, quería silencio, calma. Varias veces les ha echado una mirada asesina a las criaturitas. Seguro que tampoco le gustan los gatos. Seguro que no pone la X a la Iglesia en la declaración de la renta. Este tipo de personas que no ponen la X, que no les gustan los niños, ni los gatos, después dicen cosas como que los obispos no saben cuál es su lugar en la sociedad.

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