martes, junio 02, 2009

¿Vivimos de la Palabra de Dios?


En la excursión del domingo, comimos junto a un arroyo. Un arroyo ancho, de aguas abundantes, cantarinas, que corrían y saltaban entre los grandes peñascos que allí había. Se me ocurrió que un arroyo como ése, era un símbolo de la Biblia. Tantos regueros que corrían paralelos entre las rocas, simbolizaban al agua viva que desciende de la Palabra de Dios.

Sus grandes peñascos eran imagen de las palabras eternas que hay en el Libro. Pulidas e inconmovibles como esas rocas entre las cuales corría esa agua límpida y fresca.

Había vida alrededor de ese agua, mucha vida, muchos tipos de vida. El rumor del arroyo, nos recordaba el rumor constante, musical, de las palabras del Libro lleno de Vida. Sus corrientes refrescaban nuestras caras. De esas aguas se podía beber, lavarse en ellas, mirarlas con agrado, escucharlas, refrescarse.


El arroyo era agradable y constante. Siempre el mismo arroyo y siempre distinta el agua que manaba de esos versículos. La montaña de la que bajaban esas corrientes, es Dios. De Él surgía y bajaba su Palabra.

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