martes, julio 28, 2009

Análisis de la caída papal por tropiezo con pata de lecho.



Claro, claro, esto sí, ¡esto sí! Ahora sí que encaja todo. No había querido yo decir nada con el dichoso asunto de la ducha, pero había algo en la historia de la ducha que no encajaba. Dado mi análisis teológico y eclesial de la caída siempre me extrañó mucho que todo este enojoso asunto diese vueltas alrededor de una ducha. En la intimidad yo siempre me incliné por la pata de una cama o por la de una cómoda. Ahora sí que encajan todas las piezas del puzle.

¿Acaso no es bonita la imagen de un Papa que en la oscuridad se levanta y busca la luz? ¿Que hay caídas en ese proceso de búsqueda? ¡No pasa nada! Se volverá a levantar y retornará a su búsqueda. ¿Que cae una y otra vez? Se volverá a levantar una y cien veces.

La noticia se completa con una frase esplendorosa tantas veces repetida por los portavoces vaticanos: Lo demás ya se sabe, aseguró.

Aunque he sentido la tentación de analizar en catorce posts el tema de la pata de la cama (un lecho papal da mucho más de sí que una vulgar ducha), he resistido la tentación y mañana hablaré del rey que rabió. Dudo muchísmo que mañana tengamos una especie de La pata de la cama contraataca, y más adelante El retorno del lecho.

Eso sí, esta caída será entendida por los tradicionalistas como que esos aposentos están teológicamente a oscuras desde el Vaticano II. Mientras que nuestros caritativos hermanos anarquistas barceloneses no hubieran tenido inconveniente alguno en alumbrar el camino papal quemando alguna cosa. El anarquismo barcelonés siempre iluminando el camino de la Iglesia.

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