miércoles, julio 29, 2009

Athanasius Kircher o la ciencia hecha belleza


A lo largo de los últimos años uno de los personajes sobre los que he leído con delectación es sobre Athanasius Kircher, un jesuita del siglo XVII. Recuerdo cuando tenía dieciséis años cómo miraba en el escaparate de la Librería Ibor, las portadas de aquellos misteriosos inmensos volúmenes del citado autor. Lo que me atraía de esos volúmenes eran sus ilustraciones.

Veinte años después pude hojear sin prisa esos volúmenes y descubrí que el interior era mucho más fascinante de lo que prometían sus cubiertas. Todavía hoy me admiro ante una persona cuya mente era una biblioteca, y que logró erigir página a página una especie de enciclopedia subjetiva, llena de parcialidades, desorganizada, pero salpicada de profundidades y dotada de una belleza sin igual.

Escribió sobre obeliscos, sobre el arte de la luz y de la sombra, sobre los astros e infinidad de mecanismos de su época, sobre los números y los volcanes, sobre historia y sobre el mundo subterráneo, sobre el Arca de Noé y sobre el lenguaje copto.

Las láminas que iluminan sus libros son formidables, un verdadero laberinto donde perderse con fascinación. Una obra tan grandiosa, tan amplia como fascinante, seguro que tuvo detrás a un hombre igual de fascinante.

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