domingo, julio 26, 2009

El diario jardín de los sueños

En dos semanas, dos noches he soñado lo mismo: que estaba en la sacristía de la catedral antes de una gran concelebración, y que yo buscaba un alba con la que revestirme. En los dos sueños, un coadjutor de la catedral buscaba en los armarios para ayudarme. En las dos noches el contenido del sueño acababa en la sacristía, en los preparativos.

Hoy he tenido dos sueños. En uno reñía a una persona que conozco en la vida real, por una mala acción que otra persona me ha hecho en la vida real. Mi riña era durísima y no exenta de palabras que yo jamás usaría estando despierto.

En el otro sueño, apostaba algo con un hombre grande, de unos cincuenta y tantos años, musulmán, muy tranquilo, sentado en un sillón en su casa. He mirado su librería para ver si había algo que me interesara, libro u objeto. Pero nada me interesaba. Entonces le he propuesto que apostáramos por algo que no fuera material, sino por alguna acción que nos mejorara. El musulmán se ha sentido contento con mi proposición. Allí ha acabado el sueño.

Curiosamente hoy me he levantado de la cama dormido. He estado en mi habitación un rato de pie, a oscuras, tratando de orientarme sin lograrlo. Sólo cuando mi pie ha tropezado con un determinado objeto en el suelo, he tenido una referencia que me ha permitido en el plazo de un minuto llegar a un interruptor de luz.

Santa Teresita del Niño Jesús se preguntaba por qué si pensaba todo el día en Dios, no soñaba nunca con Él. Lo mismo me pasa a mí. Es algo que siempre me ha intrigado. Ha habido noches en que me he dormido pidiéndoles a los ángeles soñar con ellos, me encantaría. Pero nada.

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