lunes, julio 27, 2009

Hoy no ha pasado nada. Por lo tanto no debería escribir nada.

Me informan que al Papa le han hecho gracia mis posts titulados La Ducha Pontificia. Bien es cierto que mis informantes carecen de cualquier tipo de fiabilidad.

Esos mismos informantes me han avisado que esos posts le han gustado tanto que me van a pedir que escriba una Historia Alternativa del Sacro Colegio Cardenalicio. Eso se debe a que los consultores de imagen vaticanos han llegado a la siguiente conclusión: Hasta ahora hemos intervenido para intentar mejorar la realidad eclesial y que así las obras de ficción nos trataran mejor. A partir de ahora, lo que vamos a intentar es intentar actuar directamente en la ficción.

Si no puedes cambiar la realidad, cambia la imagen de la realidad.

Claro que mis informantes no sólo no son fiables, sino que son ficticios. Pero bueno, quizá unos informantes ficticios sean los más adecuados para cambiar la ficción. Dejando, como es lógico, a los personajes reales la noble tarea de cambiar la realidad. No obstante, yo he preferido el camino más directo y mi consejo a sus eminencias ha sido intervenir directamente sobre Matrix.
Ay, como añoro las películas de Paco Martínez Soria en que todo era más sencillo.

Y es que la Iglesia puede ser muy grande, muy amplia, pero al final todos los escándalos, todas las cosas malas que se le achacan a ella, aunque lo leamos en periódicos, aunque lo veamos en televisión, nos llega al cerebro a través de los cuatro nervios del oído y la vista. Quien controle esos cuatro cables, controla lo que pensamos después en el cerebro. Qué curioso, esto ya lo descubrió el Grupo Prisa hace muchos años.

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