miércoles, julio 15, 2009

Mao: no sabía lo que hacía, los rusos me engañaron.


Nunca hubiera escrito los anteriores posts sobre el marxismo, algo ya de tan otra época, si no fuera porque en algunos países del mundo se aburrían y han decidido volver a repetir el experimento. No sólo eso, el marxismo en su versión socialista amenaza con ser una de las fuerzas más poderosas de todo un continente. El futuro a veces es raro, raro, raro. Pero que muy raro. A este paso, no me extrañaría que dentro de veinte años el Ministerio de Justicia aprobara de nuevo las ordalías para aligerar el recargado sistema judicial.

A mis cuarenta años observo la capacidad de los seres humanos para repetir errores, una capacidad admirable, olímpica, perseverante, incansable, imaginativa. El mismo error de siempre con los mismos resultados de siempre.

Claro que hay errores pequeños (cuyo resultado es engordar 300 gramos) y errores grandes (cuyo resultado es que mañana dejan de respirar 300 personas). Sí, hoy lo pensaba por la mañana, qué diferencia tan grande media entre los pequeños pecados de debilidad (la pereza, la lujuria, el alcohol) y los grandes pecados en los que deliberadamente se hace subrir a millones de seres humanos. Hacer sufrir a una sola persona con crueldad, me parece horrible. Se me hace fácil ser comprensivo con la debilidad, se me hace muy difícil no pedir el infierno para los monstruos de crueldad. Sí, pedir. Debo esforzarme en no pedir, en no desear, una condena eterna para pecados que no es posible purificar de ninguna manera humana.

No lo pido, no lo deseo, no quiero que nadie se condene. Pero no sólo no me extraña que el infierno exista, para mí sería incomprensible que no existiese.

Yo también tengo mis enemigos, las personas que me hacen más difícil la vida, las personas cuyos malos sentimientos hacia mí capto. Pero estos son incomparables frente a los torturadores (literalmente torturadores), frente al enanito supremo-mínimo de Corea del Norte, frente a terroristas cargados de toneladas de odio.

Mis enemigos particulares reconozco que se esfuerzan, que ponen empeño, inventiva e ilusión. Según el último censo, tengo cinco sujetos marcados con la calificación de A-1. Este año no descarto enviarles una cesta de Navidad.

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