miércoles, agosto 12, 2009

De nuevo haciendo maletas


Mañana empiezo un nuevo viaje apostólico. Los que me escuchen en las conferencias difícilmente se imaginarán lo duro que es el trastorno del sueño que cada uno de estos viajes trasatlánticos produce. Uno solo de estos viajes al año se sobrelleva muy bien. Pero cuando se hace un viaje de estos cada mes o cada dos meses, el efecto es acumulativo.

La única razón por la que los hago es por Dios. Él nos pidió que predicáramos, que impusiéramos las manos sobre los enfermos, que extendiéramos su semilla por todas partes. Muchas veces tengo la tentación de preguntarme para qué voy tan lejos, siendo que allí también hay sacerdotes. Pero después veo los frutos, frutos indudables, y ya no tengo ninguna duda.

Bueno, ya he acabado de hacer la maleta. En este viaje no me llevo el ordenador. Pesa mucho y al final las horas que trabajo son siempre muy pocas. El cansancio del vuelo no me permite trabajar con mente despejada. En este vuelo y en sus esperas me dedicaré a leer y rezar.

Me llevo Si una noche de invierno un viajero (será la tercera lectura que hago del libro) y Serás mi luz (la vida de la madre Teresa de Calcuta). También a Valtorta, pero ella por descontado siempre va en mi maleta.

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