domingo, agosto 02, 2009

Dios lo es todo


Hoy he meditado, durante la misa, que Dios lo es todo. Y yo no soy nada. Me resulta difícil imaginar esa nada de la que he salido. Puedo imaginar el mundo sin mí. Existirían las pirámides, las junglas, las historias de amor, las risas en las cenas, pero yo no estaría allí. Es fácil imaginar un mundo por el que nunca hemos pasado, ni pasaremos. Pero no es tan sencillo hacerse una idea de ese no-ser.

Dios lo es todo. En la medida en que alguien tiene más a Dios (se le tiene más por el amor), en esa medida se percibe que uno necesita menos del mundo. Dios al que le ama mucho, le concede todo de un modo tan evidente que la criatura se da cuenta de que necesita menos del mundo. Aquel que ama a Dios sin medida, no necesita nada del mundo. Dios lo es todo.

Los servidores de Dios estamos muy preocupados por nuestro trabajo. Esa preocupación nace de la caridad del prójimo. Pero, en realidad, nuestro único trabajo es Dios. Se puede ayudar al prójimo a través de Dios, en Dios. Se logra lo mismo que si queremos hacer las cosas por nosotros mismos, pero encima de un modo más fácil. Nuestro único trabajo es Dios. Él nos concede todo.

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