jueves, agosto 06, 2009

El provincianismo II


Hay muchas ideas que con el paso del tiempo han quedado muy desacreditadas. Al nacionalismo exacerbado todavía no le ha llegado su San Martín. Y todavía se siguen dando subvenciones a asuntos que parecen sacados de la Loca, loca, loca historia del mundo de Mel Brooks.
Dinero para ayudar a las monjitas de los ancianos desamparados no hay, pero para ayudar al sujeto que tiene que publicar su plúmbeo ensayo que sostiene la teoría de que hace 2500 años Frisdigidíbil y Mandofronio en realidad fueron los abanderados del nacionalismo de la tierra y del Partido, para eso no se repara en gastos.
Sé de un sacerdote al que le quitaron la casita donde acogía a los pobres sin techo: había que ayudar al teatro. Pero no se escatima dinero del presupuesto para promover los juegos de terruño en que se tira un tronco de árbol hacia el cielo, a ver quién llega más alto. Sé de unos juegos de este tipo en el que se inventaron una larga lista de modalidades. Al cabo de dos o tres temporadas, bien pagadas, decidieron anular el asunto. Se dieron cuenta de que si eso se extendía, iban a provocar el cachondeo de toda la península y parte del extranjero. No sé en qué despacho inventaron una a una aquellas modalidades, pero desde luego aquello parecía de Mortadelo y Filemón.

Después de todo este preámbulo quiero dejar claro que no debemos se condescendientes con los nacionalismos exacerbados. Al pan, pan, y al agua, agua. Y si una cosa es una memez, pues es una memez. Porque aquí en la península muchos viven secuestrados por la imposición de lo ideológicamente correcto. Digo muchos y me refiero a laicos, porque ya sé que los clérigos no han caído en esta tentación de mezclar lo religioso con un nacionalismo exacerbado. Si algún día tales cosas se mezclaran, sería un desastre. ¿Cómo nosotros, dedicados a la eternidad, vamos a tomar partido por cuestiones pasajeras que pertenecen a la vanidad de este mundo que pasa?

Criticad el aborto, criticad los ataques a la religión desde el poder, criticad las leyes inmorales, pero no toméis partido por nadie. Criticad aquello que como hombres del espíritu, sea merecedor de crítica. Pero no os caséis con nadie.

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