martes, agosto 25, 2009

Haciendo maletas, recordando y tirando cosas


Me acuerdo cuando me fui a Pamplona, al seminario. Tenía diecisiete años. A esa edad, el equipaje de la vida cabía en una sola maleta. Una mudanza de años para hacer el doctorado supone bastante más que una maleta. Sólo los libros imprescindibles ya implican un peso considerable.
Una mudanza a los cuarenta años tiene un algo de interrupción, de línea que marca un antes y un después. Han sido muchos años de vivir en un mismo sitio, de vivir en un mismo sitio y amarlo por encima de cualquier otro emplazamiento en la Tierra. Sólo había un lugar en el mundo donde deseaba vivir, y ése era mi ciudad: Alcalá.
Pero he sido yo el que pidió este tiempo en Roma. Así lo vi en la oración. Lo vi con seguridad. Y para mí este nuevo tiempo que se abre dentro del Tiempo, supone como un nuevo tiempo de seminario, como un volver a empezar, como regresar a aquellos maravillosos años donde comenzó todo. Mis intereses espirituales en este viaje van mucho más allá de mis intereses intelectuales. Un regreso al principio.

Las maletas que preparo están llenas. También lo están las maletas de mi vida. Y es que con el tiempo el peso de nuestros prejuicios, arteriosclerosis mentales, y muchas cosas simplemente inútiles se acumulan. Por eso esta estancia es para mí una estancia espiritual, no un cambio de lugar.

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