miércoles, agosto 26, 2009

Maletas, facturación, pase por aquí, sáquese algo metálico del bolsillo, no, todavía le queda algo.


He logrado reducir cuarenta años de vida a tres maletas de diez kilos cada una. Cualquier exegeta bíblico aseguraría que tanto el 3 como el 10 son números simbólicos, pero que en realidad ni eran tres maletas, ni diez kilos en cada maleta. Pero lo cierto es que sí, son tres. Ni dos, ni cuatro: tres. Y diez kilos: uno por cada Mandamiento de la Ley de Dios. Suena a irreal, pero a veces la realidad parece irreal. Yo mismo he quedado sorprendido al ver la pericia con que mi mano había dividido el equipaje.

En el equipaje de mano, para ser exactos, había exactamente trece kilos. Es decir, que si sumamos el peso de las tres maletas salía una cifra de 33 kilos. Número extraordinariamente simbólico. Pero si hubiera dicho la realidad, entonces ya sí que nadie me hubiera creído. Aun así os aseguro que eran 33 kilos. A los exegetas siempre les desorienta esto de que la realidad pise sus teorías, pero no creo que la báscula se hubiera confabulado con ellos para darme un resultado metafórico.

Esto es gracioso, porque mi viaje a Roma y mis estudios parten del hecho de que el demonio es real. Por tanto mi viaje trata de demostrar que esas teorías que redujeron al demonio a sólo un símbolo son falsas. Pero no debo cantar victoria con rapidez, ellos podrían decir que mi viaje a Roma fue un mero símbolo.

La tesis de que todo es símbolo comienza a ser refutada incluso por el peso de mi equipaje. Aun así no canto victoria, necesitaré algo más que esta coincidencia en la facturación de mi equipaje para que ellos dejen sus teorías holandesas.
Todo esto me recuerda a un chiste muy gracioso que me acabo de inventar de un exegeta en una granja. Al final el campesino le corta y le dice: sí, todo es simbólico, pero la vaca se me ha muerto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario