sábado, agosto 15, 2009

Predicando al Salvador en El Salvador.

Ayer me desplace a Santa Ana. Almorce en una casa que, como muchas aqui, tiene un trozo de paraiso tropical anexo a la casa. La comida discurrio amenizada con los graciosisimos chistes de curas del esposo de uno de los invitados.

Pero lo que mas me impacto fue que tras la sobremesa, cuando ya todos se iban, el dueño de la casa me comento que tenia una coleccion de sellos. Me esperaba encontrar un album o dos con sellos de los normales. Algo se de filatelia (tuve mi coleccion a temprana edad) y se cuando una coleccion es de esas que se compra barata en cualquier tienda.

Pero he aqui mi sorpresa, cuando abre el album y me encuentro con el Black Penny. Solo lo habia visto en libros. Sigue sacando albunes, sigo pasando paginas. Aquello era increible. Entre otras cosas tenia todos los sellos alemanes de la epoca hitleriana. Pero eso solo era uno de los muchos albunes que tenia. Resulta que el abuelo de su esposa habia sido un judio aleman aficionadisimo a la filatelia.

Pase en el sofa un rato apasionante escuchando los doctos comentarios de mi anfitrion. Incluso me regalo sellos beneficos de la guerra civil española, de un bando y de otro. Le pedi de los dos bandos para no despertar sospechas ideologicas.

Por la tarde predique en el seminario de Santa Ana. Que bonito era hablar ante aquellos ojos atentos de esos polluelos. Fue un placer para mi dar esa charla. Por la noche cene con el obispo auxiliar.

Sea dicho de paso, durante la cena senti un picor en la parte superior del pie. Al principio no le di importancia, pero el picor se intensifico, se hizo mas insistente, mas fuerte. No quedaba bien que yo bajara mi mano bajo la mesa para rascarme el pie. Asi que resisti como un martir del picor. Pero llego un momento en que por mas que le prelado decia cosas muy interesantes solo pensaba: picor, picor, picor, picor.

Al acabar la cena mire la piel que dejaba descubierta mi sandalia, y vi el suelo del jardin, un jardin tropical. Llegue a la conclusion de que alguno de esos simpaticos insectos alegres que correteaban a seis patitas, habia decidido cenar en mi pie mientras yo cenaba. Sea dicho de paso, les debi gustar porque un pequeño mosquito decidio continuar la cena cuando me fui a la cama.

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