domingo, septiembre 20, 2009

El obelisco vaticano y la cúpula de San Pedro


(Continuación del post de ayer)
Frente al obelisco, la cúpula de la basílica de San Pedro, que también apunta al Cielo. Pero ya no sólo apunta, también contiene. Yo diría que es achatada, redondeada, porque ya no se limita a apuntar, a señalar a Dios, sino que ya contiene, posee en su interior al Dios que se ha revelado.
La basílica es montaña, montaña sagrada sobre la antigua montaña llamada Vaticano. Sobre la cúpula ya no está sólo la cruz, sino también una esfera que representa al mundo. Ahora no es sólo la Antigüedad la que está coronada por la cruz, sino el mundo entero.
Visto tanto desde lejos como desde cerca, el Vaticano parece una montaña. Mucho más alta que el monte Sión.
A este monte afluyen de todos los pueblos del mundo todos los días del años, como un río incesante. Y todos pasan por ese atrio del Templo, al lado de ese monolito, junto a esa columnata (la Iglesia ha tenido tantas personas que han sido y son columnas).
Una muchedumbre de santos les miran desde lo alto de del atrio. Los Apóstoles desde la fachada. Los dos relojes nos recuerdan que el tiempo pasa, que queda menos hasta el Día.

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