viernes, septiembre 25, 2009

No me digais que no es encantadora


Por las mañanas, el desayuno tiene las variantes usuales: mantequilla, nocilla o mermelada. Ah, y miel. Pero yo, que miro por la salud, me pido cada mañana un tomate. Y me lo tomo con aceite y sal.

Aquí la hora más tardía para levantarse son las 7.30, si las gaviotas no te despiertan antes. Pero a partir de las 7.30 nadie puede dormir ni un minuto más: las campanas suenan y suenan, tañen, tocan la música de El 7 de mayo la Virgen María bajó a la Cova de Iría. Y la tocan hasta la última estrofa de la canción. Sin saltarse una línea. No creo que ningún residente se quede entre las sábanas entre semejante zafarrancho de campanas.
El desayuno no es a una hora. Cada uno tiene sus obligaciones y sus clases a horas diversas. Cada uno llega y se sirve, según sus necesidades y hambre.

Los bancos de la capilla del collegio son incómodos de verdad. Pero qué incómodos son. Pero aunque los bancos son así, levantas la cabeza y hay frescos.

Después, hay una capilla en una basílica donde digo misa que ya son varios días que siempre me pica un mosquito allí. En toda Roma no se me han acercado mosquitos más que un par de veces, pero allí no sé porqué, siempre hay alguno revoloteando. Sé que lo que acabo de decir es muy del humor surrealista de Buñuel y seguidores, pero lo he dicho en serio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario