lunes, septiembre 28, 2009

Ocurrencias durante la misa II


(Continúa el post anterior) Me vino la idea de que el Antiguo Testamento es la tierra de la que nace esa vid. Después pensé insatisfecho que la tierra está muy lejos de ser la vid, como si hubiera una distancia excesiva entre las dos partes de la Palabra. Pero unas horas más tarde me di cuenta de que el Antiguo Testamento, en realidad, son las raíces de la vid. Y las raíces son parte integrante de la vid, partes vivas, partes que surgieron del Mundo Antiguo, del mundo ya pasado, que no era vida.

Me gustó mucho este pensamiento y os lo he querido participar. Porque compruebo que cada año amo más la Biblia. Cada año la leo con mayor aprovechamiento para mi alma.
Hoy he acabado de leer al profeta Jeremías y os aseguro que lo leía por séptima vez (la cuenta la he perdido, pero por ahí debe ir) y me daba la sensación de no haberlo leído nunca, de que ésta era la primera. He leído unas siete veces la Biblia entera, sin contar las lecturas parciales, entre las que se hayan las lecturas litúrgicas. Pero cada vez resplandece con mayor novedad ante mis ojos. Leo la Palabra de Dios y todo me parece nuevo, como si fuera la primera vez.

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