sábado, septiembre 05, 2009

Post ab Urbe

Qué formidable es acabar de comer y decirme voy a dar un paseo. Salir y poder pasear por las mismas calles de la antigua Roma, entrar al Panteón, pasar al lado de obeliscos, columnatas, y todo al lado de la puerta de casa, todo a cinco minutos de mi habitación. A mí que siempre me ha gustado pasear, creo que el Señor me ha traído al Cielo de los Paseos.

Y así hoy, tras la pasta de rigor (siempre es el primer plato) he bajado a la calle y he deambulado por este laberinto que es la Urbe. Al entrar en el Panteón, he pensado: qué inculturación tan conseguida fue la del cristianismo en el mundo clásico. Y lo pensé en el centro justo de un templo en el que los altares a los dioses, fueron sustituidos por los altares a los santos. Pensé justamente eso en el centro del Panteón, bajo su gran apertura en la bóveda. No era un lugar cualquiera. Para mí el edificio del Panteón es el centro de la Antigua Roma, la que sustituyó a los dioses por los santos. Mientras que el Vaticano es el centro de la Nueva Roma.

La inculturación de Occidente, tanto con los griegos, como con los celtas, tanto con los germanos, como con los íberos, fue perfecta. Un logro del que nos hemos estado beneficiando durante más de mil años. En el caso del Imperio, se hizo tan bien que es que parece que toda la cultura clásica naciera y se desarrollara para ser culminada por el cristianismo. Como si el mismo fin de su ser, fuera servir de pedestal a la fe de Jesús. En esta ciudad especialmente, ésta no es una idea intelectual, sino que hasta las mismas piedras parecen expresar visualmente esta visión providencialista de la Historia.

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