martes, septiembre 15, 2009

Reflexionemos sobre la televisión, por centésima vez.


En este caso, el de la televisión, la multiplicación de canales lleva a multiplicar lo mismo hasta el infinito. La televisión está evolucionando a peor, eso es evidente, todas las mentes preclaras se han dado cuenta de ello hace mucho tiempo. De hecho es uno de los grandes temas de discusión de nuestra generación. Y es lógico: del uso que demos de ella, de su mejora o de su envilecimiento, dependerán hechos que sucederán en el futuro. Hemos puesto en marcha causas cuyos efectos los vamos a recoger en el futuro.

Nos quedan las opiniones de varios romanos, la de Séneca la más famosa, sobre el circo romano. Para el futuro quedarán los clamores de muchos contra una situación que se agrava año tras año. En este caso no es pan y circo. Sino que la televisión es el pan diario de una sociedad entera, de una sociedad planetaria.

Algunos lo resuelven de un modo muy sencillo: hay que darle a la audiencia lo que pide. Pero esa misma regla no vale para infinidad de aspectos de la sociedad en la que la misma sociedad se ha autoimpuesto límites. ¿Hasta dónde ha de llegar el fango para que entendamos que hay que hacer algo?

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