domingo, septiembre 06, 2009

Roma, capital de la Nueva Alianza

Hoy paseaba por Roma y un frasciscano andaluz me comentó: es que da sensación de que te arropa.

Esa frase para mí estuvo cargada de sabiduría. Sí, el barroco te da sensación de que te arropa. Una Roma gótica tendría un aire más mistérico, más impresionante, más sobrehumano. Mientras que el barroco italiano, así como el estilo renacentista, son más humanos. Dan una impresión más amable.

Pienso que no es casualidad que el centro del Cuerpo de la Iglesia tenga una estética amable, humana, acogedora, luminosa, sonriente bajo el claro cielo mediterráneo. Ese centro podría haber sido situado en otros climas, bajo otra estética, pero creo que podemos estar contentos de lo que tenemos. El Dios de la Historia, nuestro Padre, ha cuidado hasta de los detalles.

Nuestra fe ha sido colocada en un arca bonita.

Alguien podría pensar que me fijo demasiado en lo humano. Pero si algo me ha enseñado la lectura de la Palabra de Dios, es que el Altísimo no desdeña lo humano. Dios estuvo presente cuando se levantó el Partenón, allí estaba Él cuando se erigieron las pirámides mayas. Dios inspiró el pincel de Rafael y Miguel Ángel, también a los que fueron perfilando los jeroglíficos egipcios. Allí donde alguien se consagró a crear belleza, allí estaba el Creador, pendiente de las obras de sus hijos.

Desde esta perspectiva optimista, desde esta perspectiva de la belleza, hay que entender a Roma. La Urbe es la fe hecha historia. Hechos de los Apóstoles, continuados, conducen a Roma. Nuestra fe no es una idea, ni un mero ideal, es vida, es Historia. La historia de los siete sacramentos, la historia de los Papas, es la historia de la Biblia después que se concluyó de escribir el último de sus libros sagrados, es la historia del heroismo y del pecado, de lo sublime y de lo miserable, y de lo mediocre, todo eso y mucho más es la Historia del Pueblo de la Nueva Alianza.

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