domingo, septiembre 13, 2009

Tarde de domingo romano

Hoy por la tarde se han marchado la mayoría a Frascati, donde el rector (ahora obispo) tomaba posesión de su diócesis. Yo que tenía trabajo y francamente no me apetecía meterme en un viaje, me he quedado.

El colegio ha quedado como uno de esos pueblos abandonados de las películas del oeste. Aunque este colegio siempre ofrece esa apariencia. Aunque parezca increíble, no hay sala de estar, ni sala de la televisión. Hay un gran salón donde hay una pantalla de televisión que nadie usa. El comedor tampoco invita a la sobremesa. Parece un comedor diseñado para que los estudiantes no se apoltronen en largas conversaciones.

Pero estoy divagando. Hoy tras la comida en este caserón, he subido a mi habitación y he escuchado un poco de música durante mi descanso de después del almuerzo, que aquí se llama pranzo. Como tantas veces, la banda sonora de Blade Runner. Aunque ya no sé si cuando escucho esa música, escucho la música o en realidad rememoro aquella primera vez que vi la película con diecinueve años, en el seminario.

A los cuarenta somos muy dados algunos a ver algunas cosas o a escucharlas, pero en realidad lo que hacemos es rememorar una época, un ambiente, las impresiones que recibimos aquella vez. Incluso vemos muchas veces una película, a trozos, como si existiera un ritual de recuerdo, como si fuera un parque que recorremos una y otra vez con una mezcla de nostalgia y gozo.

Como los replicantes, cada vez sentimos más afición a las fotos.

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