lunes, octubre 05, 2009

Banca Ambrosiana-Forteniana


Hoy he abierto una cuenta bancaria en Roma, para evitar el pagar transferencias. Madre mía, nunca he firmado tantas hojas. Aquello parecía una escena de una comedia. Firmaba una hoja y me presentaba otra. Firmaba otra y me decía: también aquí abajo, aquí y aquí.

En un momento dado, le he comentado: Yo sólo quería abrir una cuenta corriente. ¿Por qué estoy abriendo una cuenta corriente normal, ¿no? Sí, sí, claro, una cuenta corriente normal.
Sin duda esta tarde he echado más firmas que en los dos años pasados. Era increíble, yo ya me quería marchar, cuando el señor venía con seis papeles más y me decía: aquí y aquí.
Como es lógico, en mi vida he abierto varias cuentas corrientes. Pero lo de esta tarde era exagerado. Yo creo que esta desmesura debe ser una influencia teatral de la ópera. La escena era tan irreal que en cualquier momento me esperaba que entraran en el despacho el resto de oficinistas cantando y bailando.

Os aseguro que he seguido firmando porque he entrado en la casa central de un banco de aspecto respetable situado en el centro de esta ciudad, sino hubiera creído que había caído en manos de algún chantajista. Encima, todo era en letra pequeña y todo el contrato en la lengua de la Divina Comedia, lengua que todavía no domino más allá de un par de tiempos verbales, los números ordinales y las preposiciones no compuestas. Todo esto no facilitaba la comunicación entre il banco e il cliente.

Entre tantas hojas con letra pequeña debo haber firmado tres o cuatro sentencias de muerte. Ahora comienzo a entender como liaron a Marcinkus. El sistema es claro, ir presentando hojas que progresivamente tienen la letra más pequeña. Yo creo que en algún momento he leído: la segunda parte de la primera parte contratante.

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