domingo, octubre 18, 2009

Continuando con la parábola de la vid


Una persona de gran sensibilidad me envió un e-mail en el que me decía que tras llevar a la oración mi post sobre la Vid y el Nuevo Testamento, había caído en la cuenta de lo siguiente: que si Cristo es la Vid, el racimo de uvas es símbolo de la comunidad, de la Iglesia en definitiva.
La Iglesia como unión de varias comunidades (los racimos). La Iglesia unida a la Vid que es Cristo. El tronco, leñoso, símbolo de la Cruz.

Es una imagen preciosa. Debemos amar a la Iglesia. Nuestra fe, la fe de Jesús, no es yo estoy unido a Jesús y ya está. Sino que estamos unidos a Jesús a través de esa Vid. Ése es el plan de Jesús.

El Cristo que ha venido al mundo recriminará amargamente a todos aquellos que con la excusa de defender el Mensaje, atacan a la Iglesia. Jesús tendrá palabras de mucha tristeza para todos aquellos que creyéndose profetas, destruyeron y no construyeron. Creyeron construir y sólo hicieron daño. Hemos de construir a través de la caridad. La palabra puede ser medicina. La palabra que sale de la boca puede ser piedra que hiere. Muchos creen ser profetas, pero se limitan a hacer daño a la Vid.

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