jueves, octubre 15, 2009

Dentro del Vaticano



(Continúa de ayer)

De todas maneras, su amabilidad fue de una genero- sidad insupe- rable. Me llamó a su oficina acabado su horario laboral, y estuvo conmigo una hora y cuarto. Nos tomamos un chocolate, charlamos de caligrafía (este tipo de conversaciones suelen ser muy técnicas), me mostró materiales y respondió a mis preguntas: que si tal tipo de letra, que si tal material para el soporte, que si tal obra de tal época, que si tal iluminación de una capital resultaría fuera de presupuesto.

En este periplo, pude ver la Plaza del Vaticano casi desde donde la ve el Papa desde su ventana. Pasando por la zona más noble de la Secretaría de Estado (camino de su despacho), me dijo: el Papa vive ahí. Y es que tras una puerta, estaban ya las dependencias papales.

Cuando salí del Vaticano, era ya de noche y hacía frío. Casualmente me encontré con el hermano del Cardenal Levada que con su esposa estaban un poco despistados.

Y así acabó un día feliz en muchos aspectos. Pues debo confesaros que lo más importante de esa visita al Vaticano no fue el entrar en ese departamento, sino otra cosa. Otra cosa mucho mejor. Ya os enterareis. Desgraciadamente este blog no puede contarlo todo.

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