sábado, octubre 03, 2009

La vida es bella y la Guerra de las galaxias


Hoy he concelebrado con un sacerdote de Ruanda en la basílica de Santa María del Trastévere. Qué bonita es la iglesia, pero qué bonita. Celebrar misa allí era como participar en una eucaristía del siglo V. Era tan fácil imaginarse allí cómo debían ser las misas en esa época. El entorno me llevaba una y otra vez a imaginarme aquella época.

Los suelos con sus mosaicos geométricos, las columnas monolíticas, el altar pequeñito bajo un baldaquino también pequeño, todo me retrotraía a una época en que la Iglesia comenzaba, en la que la Iglesia era joven.

Lo único que no me gustaba era el sagrario en una capilla lateral y que tenía forma de barca o arca de Noé. De hecho, antes de hacer mi oración mental de la tarde me he acercado para estar seguro de que era, de verdad, el sagrario. Sólo cuando he visto que tenía (muy disimulada) una puerta y una llave me he sentado a hacer mi oración.

Al salir de la basílica, una banda de la marina tocaba La Guerra de las Galaxias en la plaza, porque mañana es San Francisco. Los norteamericanos aplaudieron como locos, como posesos. Después la banda ha tocado La vida es bella.

Yo he atravesado el centro de Roma camino de la cena. Aunque hoy me ha llegado un paquetito y de postre tengo dulces. Qué bonito es recibir un paquetito de vez en cuando.

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