jueves, octubre 01, 2009

Ocurrencias durante la misa V


El fuego que rodeaba la zarza se ha transformado en fuego en nuestros corazones. ¿No ardían nuestros corazones mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? El fuego de la zarza se ha derramado en el Cenáculo el día de Pentecostés. Fuego, he venido a traer al mundo. Sí, el fuego de la zarza se ha propagado por toda la faz de la tierra.

En verdad hay fuego sobre el altar, un fuego inmaterial. La víctima se consume en un fuego incorpóreo, el fuego del amor. El agua de la penitencia se transforma en fuego, como el granizo ardiente que cayó sobre los egipcios.

En verdad que me encantan las concelebraciones, sobre todo las más grandes, las más solemnes, las catedralicias. Mis más íntimos saben cuánto disfruto con ellas. También me gustan las misas en la parroquia, misas que son una cena pascual. Pero hay un tercer tipo de misa, la privada, la que se dice sin gente, la que permite meditar cada rito, la que permite detenerse a meditar lo que se está haciendo. Ahora, sin parroquia, puedo disfrutar de esta tercera posibilidad. Cada misa es una enseñanza, una lección, un encuentro con Jesús Maestro.

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