sábado, octubre 17, 2009

Roma, un sábado cualquiera


Día de hoy: El ordenador tiene el complemento de sonido deshabilitado. Quién sabe por qué. Yo no he tocado nada. Afortunadamente, un buen samaritano polaco que pasaba por el camino ha atendido a mi pobre ordenador.

Después de arreglar el complemento deshabilitado ha insistido en invitarme a un café. Le he explicado unas cien veces que no me gusta el café. ¿Pero eres español? Sí, soy español, pero no me gusta el café. ¿Entonces el té? He dudado si decirle que el té me parece que tiene un sabor insulso. Al final, me he tenido que tomar un café ni que quiera ni que no. Menos mal que también me ha ofrecido chocolate. Algunos residentes tienen habitaciones que están muy bien provistas de todo.

Después he ido a ver con una visita de España, el Ara Pacis. El altar que Augusto levantó para agradecer la paz universal que reinó durante esos años. Había un grupo de unos setenta estudiantes de primaria, alemanes. Os puedo asegurar que un cura con sotana tenía mucho más interés para ellos que las piedras del siglo I.

Por la noche, al salir de cenar, me he encontrado con tres profesores de noruega que me habían invitado a un seminario sobre liturgia. He paseado un rato con ellos.
Cuando paseo por las calles de Roma, observo a los lados, sentados en mesitas de restaurantes, a centenares y centenares de japoneses, peruanos, neoyorkinos y bávaros comiendo kilos y kilos de espaguetis, miles de pizzas. Es como una tradición, todo el año, siempre con apetito, siempre pizza.

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