miércoles, octubre 21, 2009

Un amiguito en la comida


Es curioso el esfuerzo que siempre hay que hacer para que la habitación esté ordenada. Las notas teológicas, los papelitos con pensamientos espirituales, los pequeños objetos, tienden a acumularse en las repisas de los armarios. El orden ha de ser preservado frente a estos tímidos comienzos de caos.

Otra cosa distinta es cómo hacer para que una habitación vacía se vuelva un lugar personal. Cómo hacer para que ese pequeño espacio se convierta en tu hogar. De momento no se me ha ocurrido nada. La habitación sigue siendo una cama y dos armarios con libros y ropa colocados de forma no muy estética.

Ahora acaba de entrar la señora de la limpieza. Debo recogerme la sotana y no moverme del asiento. Mientras escribo en mi ordenador, ella barre y friega el suelo. Es una mujer con energía e imperio. Ay de mí si dejo impresa la huella de mi zapato sobre el suelo recién fregado.

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